“¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”

Por Silvia Chocarro Marcesse. Era el mes de octubre de 2016. Fui a cubrir un mitin del actual vicepresidente estadounidense Mike Pence en Bensalem (Pensilvania), un área venida a menos por el proceso de desindustrialización. Los periodistas estábamos escuchando a Pence subidos en una tarima en la parte de atrás de la sala. De repente, un grupo de gente se giró hacia atrás y empezó a gritarnos: “¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”. Acusar a los medios de comunicación de mentir se ha convertido en rutina para el presidente de Estados Unidos, su equipo y sus incondicionales. Un día sí y otro también buena parte de la prensa es tachada de “mentirosa” y “deshonesta”.

En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Donald Trump, molesto por la insistencia de un periodista de la cadena de televisión CNN en hacerle una pregunta, le espetó: “Tú no, tú no. Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas mal educado. No te voy a conceder una pregunta. Vosotros sois (divulgáis) noticias falsas”.

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The New York Post: President Trump | @Marco Verch

Cuando al mandatario no le gusta lo que los medios de comunicación dicen de él o de su gobierno, no es extraño que los acuse de difundir “noticias falsas”, de ser “el partido de la oposición” o, peor aún, de ser “el enemigo del pueblo estadounidense”.

Sin duda el último proceso electoral en Estados Unidos ha dado mucho de qué hablar y en qué pensar acerca del papel de los medios de comunicación. He aquí algunas reflexiones y preguntas (sin orden particular):

  • Donald Trump hizo un uso magistral de los medios de comunicación. Y utilizo el verbo “usar” en todo su significado. Convirtió la campaña electoral en un reality show. Especialista del espectáculo, fue capaz de generar titulares una y otra vez. Y los medios –movidos también por la rentabilidad del personaje- le siguieron el juego, conscientes o no -no lo sé- de que eran parte del mismo.
  • Como a Trump no le gusta buena parte de las informaciones que publican los medios sobre él, los ha convertido en su blanco favorito de crítica, poniendo en cuestión los fundamentos del periodismo y haciendo tambalear la credibilidad de los periodistas. Pretende, supongo, erigirse en la única fuente de verdad.
  • En ese empeño, realiza otra jugada magistral. Crea su propio canal de comunicación, sin intermediarios, en Twitter. Los medios se ven obligados a cubrirlo, pero ¿cómo se cubre una cuenta de Twitter? De nuevo, estamos en su reality show, donde no importa el rigor sino el espectáculo. Para cuando la prensa verifica el dato, éste ya ha dado la vuelta al mundo.
  • Cierto es, en mi opinión, que los medios cometieron errores durante la campaña electoral. Para empezar, tengo dudas de que utilizaran los mismos criterios periodísticos al informar de los diferentes candidatos. La tendencia era anti-Trump. Además –y aquí algunos entonaron el mea culpa- no siempre cumplieron con la función de explicar quién, y sobre todo por qué, Trump sumaba cada día más adeptos. Con frecuencia las informaciones describían a gente resentida, racista, inculta… Bien, pues fueron 63 millones de personas las que votaron por él.
  • Que un presidente cuestione la esencia misma del periodismo es más peligroso de lo que a simple vista podría parecer. No es que los medios a veces no se equivoquen, no sean tendenciosos o no respondan a determinados intereses, pero el cuestionamiento reiterado de su propia existencia por parte de la máxima autoridad del gobierno siembra un inquietante desconcierto. Llegado un momento, ya no sabemos cuál es la verdad ni quién la detenta. Ya no sabemos quién informa, quién opina o quién miente.
  • En todo este aparente caos hay también una buena noticia, si es que se puede ver desde este punto de vista. Que el periodismo –atacado y vilipendiado- se defiende con su mejor arma: buen periodismo. Más plantilla, más verificación de datos, más investigación… El Washington Post anunciaba en diciembre que contrataría a más de 60 periodistas en los próximos meses; el New York Times, que dedicaría un presupuesto adicional de 5 millones de dólares a la cobertura del presidente.

¿Y ahora qué? En este contexto me parece más revolucionaria que nunca una idea nada novedosa, la de la educación para los medios. ¿Y si aprendiéramos desde la infancia a leer los medios? ¿Y si aprendiéramos a crearlos? ¿Seriamos capaces de diferenciar entre la verdad y la mentira?

De 2013 a 2017, Silvia Chocarro Marcesse fue corresponsal en Estados Unidos para Radio Francia Internacional – servicio en español. Tras la toma de posesión de Donald Trump, se mudó a París y ahora es consultora en temas de libertad de expresión. Actualmente, entre otros proyectos, es asesora de incidencia global para IFEX, la red global por la libertad de expresión integrada por más de 100 ONGs en 65 países.

La transparencia en la información parlamentaria

Por Samanta Rioseras. “El periodismo local es una especialización en sí misma. Debemos poner en valor el periodismo próximo, de cercanía, el del territorio. Y, para ello, es imprescindible conocer las instituciones”. Así inició la presidenta de la Asociación de la Prensa de Burgos y presidenta del Colegio de Periodistas de Castilla y León, Mar González, la jornada –taller ‘Parlamento y Periodistas’ que se celebró en las Cortes de Castilla y León el pasado 1 de marzo.

Para los periodistas resulta esencial conocer las instituciones sobre las que informan a la ciudadanía, su funcionamiento y los recursos que se ponen a su disposición para acceder a la información. Sin embargo, no siempre es una tarea fácil tanto por el oscurantismo de algunos organismos como por la escasa difusión que se da a las herramientas que crean ellos mismos para permitir seguir (y, en cierto modo, controlar) su actividad. Por eso es importante que la Administración abra sus puertas como lo hicieron las Cortes de Castilla y León, aunque no es suficiente. De hecho, así lo reconoció la presidenta, Silvia Clemente, quien adelantó que la web del Parlamento regional “está en revisión para dar cabida a más información y ampliar las opciones de participación”. Concretamente, hizo alusión a la publicación de las agendas de quienes ocupan cargos públicos y a la necesidad de difundir los canales de comunicación que ya existen como “las grabaciones de los plenos y comisiones porque tienen muy pocas visualizaciones. Es una tarea pendiente”, dijo.

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Durante la sesión se impartieron tres conferencias que arrancaron con la intervención de dos letrados de las Cortes: Carlos Ortega y Edmundo Matía. Ambos respondieron a las preguntas de los asistentes sobre el trabajo interno y externo de la Cámara. Hicieron especial hincapié, por petición de los presentes, en las opciones que existen para modificar el reglamento para mejorar diversos procedimientos. Algo que, a su juicio, no es prioritario en la mayoría de los casos porque es mucho más rápido llegar a acuerdos entre los grupos parlamentarios. En este sentido citaron el caso de las comisiones de investigación. “No podían grabarse, pero se propuso y nadie se opuso”. Menos concisos se mostraron al ser cuestionados por la paralización de estas comisiones cuando se inicia el proceso jurídico. “Es un argumento político”, se limitaron a contestar. Una declaración que no les creará problemas en su trabajo, pero que deja claro su oposición a este planteamiento porque impide dirimir responsabilidades políticas.

La jornada, que llevaba sin celebrarse desde 2007 (la anterior fue en 2003), también incluyó una ponencia sobre las Instituciones Propias de Castilla y León (Procurador del Común, Consejo Consultivo, Consejo de Cuentas y Consejo Económico y Social) impartida por la secretaria general de Instituciones Propias Mª Jesús Pascual. Aunque muy didáctica, los datos ofrecidos eran muy cuestionables. Especialmente los económicos, pues se aseguró que las citadas instituciones tienen un coste de 10 millones de euros (sin especificar si se trataba únicamente del presupuesto de funcionamiento) y una plantilla de 164 personas.

Especial mención merece la última ponencia en la que Mª Victoria Juliá, jefa de Servicio; y Paloma Vaquero, jefa de sección del Archivo, enseñaron a usar correctamente diversas herramientas como el buscador del diario de sesiones, los boletines, la hemeroteca, el archivo o la Red Parlamenta.

La opinión de los procuradores sobre el tratamiento informativo de las Cortes

Los portavoces de los grupos parlamentarios (a excepción del Mixto, que no acudió a la cita) pusieron el colofón a la jornada con una mesa debate moderada por el periodista de RTVCyL Juan Manuel Pérez. Dejando a un lado los respetuosos ataques que intercambiaron a cuatro bandas Ángel Ibáñez (PP), Pablo Fernández (Podemos), Luis Fuentes (C’s) y Virginia Barcones (PSOE); sus intervenciones resultaron especialmente interesantes por sus alusiones al trabajo periodístico y su concepción de los medios de comunicación.

Mientras Fernández y Fuentes destacaron la importancia de las redes sociales para hacer llegar sus mensajes a la ciudadanía tal y como el partido quería que fuese descodificados; Ibáñez y Bracones se refirieron a los periódicos, televisiones y radios como “vehículos”. Un sustantivo que, unido a sus discursos, deja ver su concepción de los medios de comunicación: simples correas de transmisión, plataformas en las que reproducir sus declaraciones.

Nada más lejos de la realidad, pues la tarea del periodista es, precisamente, interpretar (que no opinar), contextualizar y contrastar las intervenciones de los procuradores. También sus silencios. Y, en este caso, los silencios de Fernández y Fuentes (unidos a la potenciación del uso de las redes sociales y canales de comunicación propios) desvelan su recelo ante su presencia en los medios de comunicación.

Y, aunque la jornada exigía guardar las formas (tal y como se hizo) al tratarse de una vía de acercamiento entre políticos y periodistas; lo cierto es que se pasaron de frenada y les sobraron elogios porque no fueron sinceros. Todos coincidieron en apuntar la importancia del trabajo de los periodistas, su carácter de servicio social y la magnífica cobertura que hacían de sus intervenciones. Comentarios que, en la sala, se recibieron con sorpresa porque todos, absolutamente todos, los responsables de los grupos parlamentarios han telefoneado en más de una ocasión a las cúpulas de los medios de comunicación regionales para quejarse por el tratamiento informativo.

Las instituciones deben ser más transparentes, sí, pero también la relación con los periodistas.