Resultados III Edición Premios Enfoque

¡Estamos de enhorabuena! La III Edición de los Premios Enfoque cierra la votación abierta a la ciudadanía con un total de casi 9.000 votos (8.972 concretamente), aumentando un 50% la participación respecto a la edición anterior.

Merecen estos galardornes:

MEDIO ENFOCADO

MEDIO DESENFOCADO

PROGRAMA ENFOCADO

PROGRAMA DESENFOCADO

PERIODISTA MUJER ENFOCADA

PERIODISTA HOMBRE ENFOCADO

PERIODISTA MUJER DESENFOCADA

PERIODISTA HOMBRE DESENFOCADO

CATEGORÍA ESPECIAL: MEDIO DEL TERCER SECTOR

La gala de los Premios Enfoque será el próximo miércoles, 24 de febrero, en el Círculo de Bellas Artes (Madrid). En la gala se hará entrega de la Lupa del público al ganador/a de cada categoría que haya recibido más votos.

Las personas que formamos parte del equipo de los Premios agradecemos la participación y difusión de la votación de toda la ciudadanía. Puedes ver aquí los premiados en la I Edición (2013) y la II Edición (2014)

Para cualquier sugerencia y duda respecto a los premios, puedes escribirnos a premiosenfoque@gmail.com o en la sección contacta con nosotros.

¿Es discriminatorio tener categorías diferenciadas para hombres y mujeres?

La respuesta a esta pregunta, en principio, es sí. No tiene sentido tener una categoría diferenciada entre profesionales con iguales capacidades. Hasta aquí estamos totalmente de acuerdo. ¿Qué ocurre, sin embargo, si el sistema discrimina a las mujeres, invisibiliza su trabajo y las relega a un segundo plano? Entonces, es necesario tomar alguna medida que denuncie esta situación.

En la primera edición de los Premios Enfoque, siguiendo su metodología habitual, pedimos a profesionales de la comunicación (periodismo, academia y comunicadores de movimientos sociales) que nombraran periodistas enfocados y desenfocados, sin especificar que fueran hombres y mujeres. El resultado fue que ninguna mujer –ni enfocada, ni desenfocada– fue señalada. ¿Cómo es posible que contando con tantas profesionales, ninguna de ellas apareciera en el pensamiento colectivo a la hora de reflexionar sobre el ejercicio periodístico?

Ante tal situación, pensamos que una manera de romper con esa invisibilización era contemplar una categoría para hombres y otras para mujeres. El optar por esta medida ha supuesto múltiples discusiones en el equipo con muchos matices, propuestas, idas y venidas. Sabemos que esta opción es mejorable y por eso agradecemos las sugerencias que en este sentido están enviándonos las personas que están participando en la votación. La esencia de estos Premios es, precisamente, la participación ciudadana y su revisión constante para garantizar que alcanzamos la propuesta más adecuada posible.

Un sistema profundamente discriminatorio

Algunas mujeres periodistas nos han llamado la atención porque consideran que la diferenciación de categorías es profundamente discriminatoria; seguramente, tal como decíamos al inicio del artículo, no les falta razón. Otras, sin embargo, nos han felicitado porque, la división entre una categoría y otra, ha obligado a pensar en el trabajo de algunas mujeres que, de otra forma, habría sido muy difícil que fueran nombradas.

El sistema en el que vivimos es profundamente patriarcal como patriarcal es el mundo periodístico. El 70% de profesionales son mujeres y, sin embargo, su presencia en las direcciones de los medios es prácticamente inexistente. A eso hay que añadir la no menos importante presencia masculina en las columnas de opinión, tertulias y espacios de debate. La inexistencia de mujeres en muchos de estos espacios es absolutamente escandalosa; como escandalosa es la invisibilización de su trabajo que tal situación genera.

Tomar medidas de este tipo siempre es complejo. Optar por unas u otras conlleva matices y aristas que generan dudas e interrogantes. La duda, sin embargo, siempre es positiva porque es lo que nos obliga a seguir cuestionándonos y avanzar. Por eso, tomamos nota de todas las sugerencias que nos estáis haciendo llegar para poder llegar a propuestas cuya respuesta a la pregunta ¿son discriminatorias? sea NO.

*Escrito por el equipo de los Premios Enfoque.

redacción

Rosebell Kagumire, periodista ugandesa: “Estamos lejos de conseguir un retrato justo sobre la complejidad de los países africanos”

Quisimos que nos hablaran de África y sus imágenes en los medios occidentales desde el propio continente. Contactamos con la periodista ugandesa Rosebell Kagumire que aceptó cordialmente y nos envió este vídeo. Especializada en comunicación multimedia y estrategias digitales, cuenta con una larga experiencia en la defensa de los derechos de las mujeres, migración, paz y seguridad en África.

Para Kagumire, ahora más que nunca las narraciones sobre las realidades del continente no pertenecen a los periodistas occidentales porque la población africana tiene la capacidad  de responder cuando los medios no juegan limpio.

 

PDLI: una plataforma para defender el derecho a la información

Son periodistas, investigadores, asociaciones de consumidores, profesores, medios de comunicación… personas y organizaciones que defienden el derecho a la información como elemento esencial en cualquier sistema democrático.

La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información surgió como consecuencia de leyes aprobadas recientemente que limitan la libertad de información. Algunas de las personas que forman parte de esta iniciativa, explican sus objetivos en este vídeo.

Un periodismo desenfocado por la precariedad

Por Miguel Ángel Moreno. Los periodistas formamos parte de una profesión particularmente autocrítica, acostumbrada a los análisis demoledores sobre el oficio. Esta costumbre no es óbice para reconocer que en muchas ocasiones los problemas se inscriben en dinámicas que están más allá del deber ser de la profesión o que son mucho más prosaicas que los debates bizantinos sobre la objetividad o subjetividad de los reporteros.

Tener un periodismo enfocado, una información que ponga el acento sobre la lucha contra las desigualdades, que persiga el cambio social y ofrezca modelos alternativos de convivencia con un perfil igualitario y ecologista no es solo una cuestión de voluntad, aunque esta sea primordial. También requiere una estabilidad laboral, una cierta tranquilidad profesional y un relativo apoyo de los superiores directos para no convertirse en un ejercicio de voluntarismo o en una segunda ocupación clandestina que emerja después de que el profesional haya desempeñado las labores encomendadas.

Obviar, por lo tanto, las condiciones laborales de los periodistas –como las de los comunicadores del Tercer Sector o los promotores de los medios comunitarios– es hurtar al debate una de las aristas de la situación, ponerse una venda en los ojos que presuponga que el profesional de la comunicación está aislado de las condiciones personales y profesionales que obligan y afectan a toda persona que se dedica a un oficio.

El Informe Anual de la Profesión Periodística que edita la Asociación de la Prensa de Madrid muestra cada año cómo la profesión de periodista se ha ido degradando y añade detalles no solo cuantitativos en cuanto a despidos y descensos en las remuneraciones de los profesionales, sino también incluye algunas valoraciones cualitativas en las que los reporteros y reporteras indican cómo su ambiente de trabajo ha empeorado y cómo se han ido incrementando las presiones que reciben.

Así, en el último Informe, presentado el pasado 16 de diciembre, se muestra cómo entre 2008 y 2015 han sido despedidos de sus puestos de trabajo 12.200 periodistas. La mayoría de ellos, pertenecientes a las plantillas de las televisiones, que acumulan un total de 4.459 despidos; seguidos por los diarios, las empresas y los grupos de comunicación. Esta tendencia se ha ralentizado afortunadamente en el último año, en el que la APM contabilizó solo 246 despidos, frente a la media de unos 2.500 por año en los dos últimos (2013 y 2014).

En los últimos años la retribución del periodista ha bajado de media un 17%, y lo que es más importante dentro de las consideraciones de la APM, en los medios de nuestro país conviven dos escalas de profesionales distintas, a veces en la misma compañía: los que están sujetos a un convenio colectivo más antiguo y los que pertenecen a los más recientes, en los que entre otros asuntos se están recogiendo consideraciones como que todos los días de la semana sean idénticos a nivel laboral, lo que hace desaparecer la compensación por día festivo a aquellos profesionales que por lo específico de su sección tienen que trabajar en fin de semana.

Todo esto sin contar una tercera escala, que no aparece reflejada en el estudio pero es tan real como las dos primeras: la que forman los becarios desprotegidos que acumulan supuestos convenios de formación y a la que se agregan los periodistas autónomos que ejercen como colaboradores, un formato de trabajo cada vez más extendido.

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Atomización y presiones

El escenario a futuro que encuentra la APM en su encuesta es el de un periodista que necesariamente tendrá que ser autónomo, ya que el 65% de los encuestados están “convencidos” de que el futuro del periodismo pasa por trabajar por cuenta propia; una condición que incluye ya al 25% de los trabajadores de este oficio, según la asociación periodística madrileña. Este dato, que no tendría que dar pie a ninguna conclusión concreta por sí solo, se explica mejor si se incluyen dos matices: el 22% de estos autónomos son colaboradores de una sola empresa y otro 22% están integrados en la estructura de una organización, lo que nos ofrece un 44% de los periodistas por cuenta propia que no son otra cosa que ‘falsos autónomos’, profesionales que no son contratados por un medio pero que ‘de facto’ forman parte de él, salvo para lo tocante a la protección laboral que debería brindarles la empresa para la que trabajan.

Esta falta de apoyo de una empresa y la incertidumbre sobre su perspectiva laboral al depender solo de una organización es la que hace a los periodistas autónomos los más vulnerables a las presiones externas. Un 48,9% de los periodistas autónomos aseguran que han recibido presiones en “múltiples, varias o alguna ocasión” (en una suma agregada de las tres respuestas) y tan solo un 22,2% dice no haberlas recibido nunca. En cuanto a su reacción, un 80,1% reconoce que ceden a estas presiones, frente a un 75,7% en el caso de los profesionales por cuenta ajena. El dato es profundamente desalentador.

Las presiones que reciben los periodistas –autónomos o integrados en una empresa- provienen de poderes políticos y económicos por igual y tienen diferentes procedencias en función de la condición laboral del reportero o reportera. Para los contratados las instancias políticas son las principales fuentes de presión (44,1%), mientras que para los autónomos es más agresiva la presión de los anunciantes del medio (28,5%).

Los datos de presiones nos llevan a no hacernos trampas al solitario: los periodistas contratados tampoco están protegidos contra las influencias de los poderosos. Y ni siquiera contemplan un horizonte laboral más halagüeño, ya que un 87,5% revelan cambios en los niveles salariales y un 69,1% en sus condiciones laborales. Tan solo un 22,2% de los contratados aseguran estar exentos de situaciones como los Expedientes de Regulación de Empleo –sean estos temporales, laborales o reducciones de personal sin la figura jurídica del ERE– y el 84,7% de los periodistas asalariados aseguran que los cambios han sido negativos.

Las afirmaciones acerca de cómo han afectado estos cambios a su trabajo dibujan bien la situación del periodismo actual. Los informadores e informadoras realizan “más funciones que antes” (un 56% lo afirma) con “menos medios económicos” (54%) y “menos ayuda” (50,7%). Tienen “menos tiempo” para realizar correctamente su trabajo (42,9%) aunque trabajan “más horas que antes” (37,6%); y lo que es más importante, afirman que tienen “menos libertad” como profesionales (25,4%).

Los nuevos medios y sus dificultades

La explosión de las nuevas tecnologías y la llegada de Internet como un soporte fácil y barato para llegar a las audiencias han provocado una explosión de nuevos medios indudable. La APM ha intentado censar estas nuevas expresiones periodísticas y ha encontrado 579 nuevos medios lanzados entre 2008 y 2015, de los cuales aseguran que continúan activos 458.

La misma asociación hace un ejercicio de realismo encomiable al constatar que estos nuevos medios fueron “impulsados por esta crisis, como consecuencia de la pérdida del puesto de trabajo o por la imposibilidad de acceder a un empleo”. Y recuerda que “profesionales experimentados y recién licenciados se vieron obligados a desarrollar una labor como emprendedores en la que no tenían experiencia ni conocimientos”.

Es por esto que los resultados de los nuevos medios lanzados por periodistas son todavía muy tibios en cuanto a una mínima rentabilidad económica que los haga viables en el futuro. Un tercio de ellos (34,1%) no superaba hasta 2014 los 25.000 euros anuales de ingresos y un 15,9% reconocían no tener ingresos. En cuanto a plantillas, un 18,4% de los nuevos medios encuestados por la APM respondía estar “sin plantilla” y un 38,8% afirmaba que empleaba entre uno y tres profesionales. La clave está en los modelos de financiación, ya que el 58,8% (suma agregada) se financia con distintas variantes de la publicidad, mientras que tan solo un 11,7% ha podido utilizar microfinanciación o aportaciones de promotores.

Así las cosas, es bastante difícil consolidar propuestas alternativas que intenten enfocar hacia un periodismo responsable con los derechos humanos, que requieren esfuerzo, tiempo y cierta capacidad de resistencia a las presiones para llevar a cabo una cobertura continuada y de calidad. Sin ánimo de convertir este texto en una elegía periodística, conviene plantearse que el carácter profundamente vocacional de la comunicación tiene que estar equilibrado con la realidad palmaria de la supervivencia económica.

Un periodismo enfocado necesita de cierta profesionalización –imprescindible aunque no excluyente a otras formas de comunicación– si quiere tener vigilantes que dispongan de todo su tiempo, energía y recursos para observar el poder y retratar sus excesos. Prescindir de los reporteros y reporteras, o precarizarlos hasta el punto de convertir el reporterismo en una afición, no provoca sino el fortalecimiento de quienes quieren que las desigualdades permanezcan ocultas.

Miguel Ángel Moreno trabaja como periodista freelance.

Devreporter Network: cambiando la relación entre periodistas y ONG

Por Montse Santolino. Durante el último trimestre del 2015 se han acumulado los datos y los informes negativos sobre la independencia de los medios y la libertad de prensa en España. En septiembre el Comité de Protección de Periodistas alertaba sobre la «ley mordaza», y en noviembre el International Press Institute hablaba abiertamente de control político y económico de la información. El New York Times se hizo eco con un artículo titulado «Los medios de información españoles, bajo la opresión del gobierno y la deuda”.

Los problemas económicos de los medios han afectado muy especialmente al periodismo internacional, mucho más caro de producir que las tertulias, los reality show o todas las noticias refrito o las noticias-lista («10 cosas que») de los medios digitales. Aunque desde 2008 los periodistas han creado 579 medios para autoemplearse (de los cuales sobreviven 458), los dedicados a la información internacional han sido solo doce, prácticamente la excepción. Peligrosa paradoja que cuanto más interdependientes somos y más inmersos estamos en crisis globales, ya sea la de las migraciones, el terrorismo yihadista o el cambio climático, menos información internacional, y de menos calidad, seamos capaces de producir y consumir.

Esta situación impacta de manera directa en las organizaciones que trabajan en cooperación internacional, paz y derechos humanos en el ámbito internacional puesto que sin una buena información internacional es muy difícil que la ciudadanía entienda dónde, cómo y por qué trabajan en otros países. Durante los años de la crisis estas organizaciones han visto como, al tiempo que se reducía el espacio informativo para abordar la realidad internacional se justificaban, por ejemplo, los recortes en ayuda al desarrollo por el desinterés de la ciudadanía. Lamentablemente, sin embargo, el desinterés de la ciudadanía afecta a la política exterior en general. Como se afirmaba en 5W, una de las pocas publicaciones especializadas en periodismo internacional surgidas en estos años, la política exterior ha estado prácticamente ausente en los debates electorales. Apenas ha habido preguntas sobre la intervención en Síria, y ha pasado prácticamente desapercibido el atentado en la embajada de Kabul, o la dimisión del embajador en Índia.

Ante esta difícil realidad, desde Lafede.cat hemos intentado que el proyecto europeo transregional DevReporter Network que lideramos, nos sirviera como espacio de reflexión y debate sobre la calidad de la información internacional, y sobre cómo renovar y actualizar la relación entre ONG y medios de comunicación. Durante tres años, y en plena crisis, tanto del sector de la cooperación como de los medios, hemos realizado diferentes actividades (estudios, cursos, fórums, talleres) de intercambio entre académicos, periodistas y comunicadoras de ONG, actividades que han confirmado en muchos casos el desconocimiento y los prejuicios mutuos, pero también un malestar común por la escasez de espacio para abordar los conflictos internacionales, la realidad de los países empobrecidos, o el sistema de cooperación internacional. Por un lado medios condicionados por las lógicas del infotainment y la precarización profesional, con periodistas sin tiempo ni posibilidad de especializarse, editando dossiers enviados desde las ONG o viajando únicamente de su mano. Y, por el otro, códigos éticos de consumo interno o múltiples esfuerzos por cambiar la imagen del trabajo de cooperación y desarrollo que chocan con poderosos «frames» e ideas antiguas que, al tiempo, se reproducen a través de campañas de captación de fondos y repercuten negativamente en la credibilidad de las ONG como fuente informativa. Si algo ha quedado patente es que las «rutinas» informativas de cada actor y las dinámicas de instrumentalización mutua resultan un obstáculo a la hora de garantizar el derecho a la información de la ciudadanía.

devreporter

Home DevReporterNetwork

Dos de los frutos más importantes de este proyecto europeo han sido las Becas DevReporter y el Vademecum Devreporter. Los socios del proyecto hemos querido facilitar la colaboración entre periodistas, medios y ONG financiando 18 reportajes o proyectos periodísticos presentados de manera conjunta, y con el compromiso de responder a criterios de información y comunicación transformadores. Los trabajos becados han sido los que mejor respondieron a exigencias cómo presentar problemáticas suficientemente contextualizadas, diversidad de fuentes, protagonismo de los actores del Sur, perspectiva de género o un enfoque de interdependencia global. Hasta el 11 de enero está abierta la votación popular para escoger los mejores reportajes de Catalunya, Rhone-Alpes y Piamonte. Los trabajos producidos en Catalunya versan sobre la extracción del coltán en República democrática del Congo; la lucha de las mujeres contra la minería a cielo abierto en Perú; el derecho a la salud en Marruecos; la relación entre los fondos buitre y la burbuja inmobiliaria; la reconstrucción de Haití, y la falta de control del Gobierno catalán sobre las condiciones en que se producen los aparatos electrónicos o los productos textiles que adquiere.

Finalmente, el Vademécum, quiere ir más allá de los códigos éticos y deontológicos de cada sector, para plantear un nuevo código informativo común y compartido, que permita nuevas formas de colaboración. Este nuevo documento plantea, en primer lugar, superar el periodismo internacional de crisis y emergencias continuas y inconnexas y favorecer un periodismo contextualizado, que no eluda la complejidad, que de seguimiento a los temas y además se ocupe de dar cobertura a las soluciones y alternativas que proponen las organizaciones y sociedades civiles del Norte y el Sur. En el mismo sentido, y recuperando lo mejor de los códigos éticos de periodistas y ONG, propone presentar a todos los países y comunidades con dignidad, en toda su diversidad, y evitando el sensacionalismo y la victimización, y conceder el protagonismo que merecen a todas las fuentes del Sur, tanto directas como indirectas. El proyecto Devreporter considera inaplazables las redes y alianzas con los medios y los periodistas de los países empobrecidos para avanzar hacia un periodismo más justo y representativo de la realidad global.

El nuevo periodismo internacional que plantea DevReporter, después de múltiples debates con profesionales mayoritariamente europeos, catalanes, franceses e italianos, pero también con periodistas centroafricanos, burkinabeses, haitianos o ecuatorianos, propone favorecer la dimensión y la comprensión global de los hechos explicando las interdependencias entre el Norte global y el Sur global, y buscar fórmulas para que la realidad internacional se aborde desde los medios locales, y se exploren todas las posibilidades para generar un nuevo periodismo de proximidad con una mirada transnacional.

Finalmente, y en lo referente a la cooperación internacional, el Vademecum plantea resistir a la «oenegenización» de la información, facilitar el conocimiento de los paises empobrecidos en todas sus dimensiones, abordar la cooperación internacional desde una visión integral capaz de diferenciar los diferentes ámbitos de trabajo (emergencia, cooperación, incidencia política), y evitar la información-spot sobre la cooperación y los proyectos o campañas de los actores de la solidaridad.

El proyecto Devreporter celebrará su fórum final en Barcelona en febrero de 2016. Entonces se presentará formalmente el Vademecum y se concederán los premios a los mejores reportajes producidos. La voluntad de Lafede.cat y sus socios es conseguir financiación para una segunda fase en la cual ampliar y mejorar los espacios de encuentro entre periodistas y comunicadores de ONG, y las herramientas comunes. Una de las conclusiones más claras del proyecto Devreporter es que los espacios de representación de periodistas y ONG, ya sean coordinadoras de ONG o colegios profesionales, sindicatos o colectivos de periodistas son actores clave para facilitar el diálogo y, conseguir, finalmente, nuevos estándares y acuerdos para un periodismo internacional responsable. Los premios DevReporter siguen, en ese sentido, la estela de los Premios Enfoque, iniciativa pionera de la Congde que, en tiempos muy complicados, ha premiado a los mejores profesionales y las mejores prácticas periodísticas. Ojalá que ambos proyectos puedan converger en el futuro.

Montse Santolino es periodista (LaDirecta.cat) y Responsable de Comunicación LaFede.cat-organizaciones para la justicia global.

Información como mercancía

Por Marcial García. Es el 15 de mayo de 2012, en Barcelona, un número creciente de personas armadas con cacerolas se concentra bajo las torres de la sede de la Caixa, en Avenida Diagonal, para protestar por la estafa de las Preferentes, los desahucios, así como por su política de inversiones y créditos. La información sobre esta protesta no aparece en la mayoría de los medios de comunicación. La Caixa no quiere que se dé voz a esta lucha. De hecho, amenaza a los medios con retirar su publicidad si dan cobertura a estas protestas y la voz ciudadana tiene proyección desde periódicos, televisiones y radios. Van a ser las redes sociales las que se ocupen de conseguir una eficaz difusión de la que se conocerá como operación Occupy Mordor, que se desarrollará en 2012 con otras concentraciones y convocatorias. Todo el simbolismo y la narrativa de El Señor de los Anillos se convertirán en el eje estratégico de esta lucha.

Un caso, de tantos, que ilustra con insultante nitidez cómo la información está sometida a los intereses empresariales y muy lejos de ser el ejercicio del derecho a la libertad de expresión para la libre difusión de las ideas, esencial para el descubrimiento de la verdad y, por tanto, para la emancipación de la ciudadanía. ¿Pero a qué gran empresa periodística le puede interesar la verdad cuando su verdad está en el descubrimiento de la información como mercancía capaz de reportar cuantiosos beneficios?

La información que interesa construir y difundir, por tanto, es la que mejor se venda y la que atraiga más publicidad.La noticia, el reportaje o la entrevista están más cerca ahora, por tanto, de la parrafada de un folleto publicitario o del entretenimiento para colmar carencias emocionales que de aquel espíritu social procedente de la utopía fundacional de la prensa como vigilante del poder y en pos de la verdad.

No en vano, los empresarios llevan tiempo asaltando los medios de comunicación, ya que su control les reporta un doble beneficio: económico, al manejar la información desde una perspectiva mercantil en la búsqueda del beneficio dinerario; simbólico, al tener el control en la construcción periodística de la realidad para ponerla al servicio de sus intereses.

La información que los grandes empresarios propietarios de medios de comunicación nos fabrican no tiene por objeto que entendamos mejor qué pasa a nuestro alrededor, ni que adoptemos una mirada crítica. Más que informar, trata de conformar una mentalidad colectiva. Es una forma de ejercicio del poder que busca nuestra “adherencia” a los intereses del poder económico dominante, haciéndolos pasar por los intereses de nuestras sociedades. No es difícil comprobarlo si observamos la información sobre la crisis. Buena parte de las noticias, reportajes, análisis o entrevistas sobre el fenómeno de la crisis tienen un enfoque profundamente pragmático, crítico incluso con un análisis estructural e ideológico de la misma (“Se trata solo de problemas concretos que deben resolverse de manera concreta, por empresas y personas concretas”, podemos leer entre líneas). Toda esta información está ideada y construida para conseguir que la gente sienta que más allá de ser necesario entender las razones que provocaron la crisis (“Bueno, ya pasó, ahora habrá que hacer algo”, parecen decirnos), ante la misma, sobre todo, hay que ser fuerte, positivo y optimista (Caramba, qué parecido al eslogan de aquella campaña publicitaria de Nestlé de 2014: “A todos nos pasa algo bueno en la vida en algún momento”). El discurso que domina es el de la autosuperación y la necesidad de reforzar una voluntad individual más sólida, más “emprendedora”, que nos permita reinventarnos como marcas comerciales.

Su objetivo no puede ser más diáfano, legitimar que no somos otra cosa que mercancía y que nos resignemos a que nuestra vida no ha de ser otra cosa, por tanto, que vendernos o dejarnos comprar al albur del mercado y sin más horizonte vital que el empeño por no dejar de estar en el escaparate del bazar.

La mercantilización de la información no solo es, por tanto, el descubrimiento de la información como mercancía, es también y especialmente, su papel como legitimadora de la cultura del consumo. Sirve para definir, difundir y conformar un modelo de sociedad centrado en el valor mercantil de la compraventa como lógica de construcción del ser humano y de sus relaciones.

En palabras shakespearianas, la información, hoy en día, está hecha de la misma materia que los sueños del mercantilismo. Esto exige tomar muy en consideración la advertencia que ya nos hizo el filósofo francés Gilles Deleuze, “Si estás preso en el sueño del otro, estás jodido”. Resulta urgente, por tanto, recuperar el valor de uso social de la información para recuperar la capacidad de soñar en libertad de la ciudadanía.

Marcial García López es profesor Titular en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad de Málaga

Asia: de golpes de Estado a actos heroicos al estilo Malala

Por Frances GalacheEl 8 de noviembre debería haber viajado a Myanmar, y de haber sido por los medios de información españoles, no habría sabido que ese mismo día se estaban celebrando las primeras elecciones supuestamente libres en el país desde el «pucherazo militar» de 1990.

Si no fuese por mi propia experiencia en la región, que incluían las revoltosas consecuencias de las pasadas elecciones en Camboya y sus resultados notoriamente manipulados, no habría tomado la precaución de retrasar mi entrada en el país hasta saber si contaría con una mínima estabilidad política que lo permitiera. Y no hablo ya de hacer una escala larga en medio oriente, desde donde sólo llegan noticias cargadas de mensajes de miedo y terror.

Nuestros medios de comunicación parecen haberse olvidado de Asia respecto de todo aquello que no sean golpes de estado, terrorismo o desastres naturales.
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Inundaciones en Tailandia por la BBC | Fuente: Pensandoelterritorio.com

Y es que nuestros medios de comunicación parecen haberse olvidado de Asia respecto de todo aquello que no sean golpes de estado, terrorismo o desastres naturales. O, en el mejor de los casos, «actos heroicos» como el de Malala. Otra recurrencia habitual es contar historias sobre occidentales en Asia o sobre protestas masivas como las habidas en India tras el caso de violación en grupo y asesinato de una chica que viajaba a bordo de un autobús. La repercusión de esas protestas dio la vuelta al mundo.

Si buscamos noticias sobre Asia occidental, nos encontramos con ISIS y la crisis de refugiados sirios, entre los cuales la prensa parece buscar culpables relacionados con aquellos terroristas de los que precisamente huyen, sin recordar que hace no tantos años éramos la población española, y después también parte de la centro europea, quienes huíamos del horror de las guerras, buscando refugio en países de los que esperábamos que nos recibiesen con esa solidaridad que el periodismo bien podría fomentar ahora entre su público.

Habrá quien considere que muchas de estas noticias no son de interés general, por no hablar ya de las que ni he mencionado. Quizás tengan razón cuando reclaman un filtro mínimo que nos ahorre la saturación de información. Pero no deja de ser una lástima que cuando dichas noticias son consideradas de interés y en consecuencia acogidas por nuestro periodismo, no son sino un copia-pega sin contrastar de lo que publican las grandes agencias o las redes sociales. Y ello con el añadido de que después son redactadas de tal forma que crean graves prejuicios en el público.

Tras el escudo de lo llamado noticiable, el periodismo mayoritario se centra en lo más inmediato y cercano, y Asia no parece entrar en esa categoría salvo que lo que allí ocurra nos afecte directamente. Pero en ese caso me pregunto por qué gran parte de la prensa no analiza las causas reales y más profundas que, por poner un ejemplo, se esconden tras los graves incendios que hasta la llegada de las lluvias asolaban el bosque tropical de Indonesia, a pesar de suponer una grave amenaza para todo ser vivo, incluida la humanidad.

En cualquier caso, merecen ser aplaudidas las recientes iniciativas de periodismo responsable que, en lugar de rellenar con prejuicios e información de copia-pega, buscan reflejar hechos contrastados junto a un breve análisis de sus causas y consecuencias tanto inmediatas como más profundas. Pero incluso éstas parecen olvidarse de Asia, salvo cuando se trata de equilibrar la información ofrecida por los medios mayoritarios. Evitando echar más leña al fuego de la sobre-información actual, el periodismo considerado “serio” debería prescindir de ofrecernos noticias rosas y amarillas, y reservar estos espacios para mostrar a la ciudadanía información seria, contrastada y de calidad del fascinante y desconocido continente asiático.

*Frances Galache vive en Vietnam y especialista en cooperación

Luces y sombras de la Ley de Medios en Argentina

Por el Colectivo de comunicación La Tribu. En aulas, en foros, en publicaciones, en Congresos, en asambleas, en ámbitos más y menos formales se toma como ejemplo de construcción de una ley de medios democrática la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que se aprobó en Argentina en octubre de 2009.

Se destaca la consideración de tres actores de la comunicación: el sector público, el privado con fines de lucro y los medios de comunicación sin fines de lucro. Sobre todo se hace énfasis en la reserva del 33 % del espectro radioeléctrico para los sin fines de lucro, es decir emisoras de asociaciones civiles, cooperativas, fundaciones, etc. También permite que comunidades de pueblos originarios puedan poseer sus propios medios de comunicación.

Además, la ley también crea la Defensoría del Público y el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual (CoFeCa), un consejo consultivo que pretende incidir en las políticas de comunicación y que está compuesto por representantes de todos los sectores alcanzados por la ley. Además, el texto está fundado y argumentado en el derecho a la comunicación, atravesado por una visión de género, con varios puntos referidos a accesibilidad y con cuotas de pantalla que apuntan a fortalecer las producciones locales. Sin lugar a dudas, hay muchas razones por las que el texto de la ley se ha ganado su reconocimiento.

Hay una cosa más, que quizás sea menos conocida, pero fundamental para quienes creemos y practicamos una comunicación desde otras lógicas, distintas a las regidas por el mercado. El texto de la ley incorpora una definición de emisoras comunitarias, de ellas dice que nunca deberán ser entendidas como de alcance restringido. Esto toma más valor en las discusiones que se dan en América Latina en relación con otras leyes que si bien reconocen la existencia de medios sin fines de lucro, se les permiten potencias tan limitadas que restringen su alcance o mejor dicho con alcances tan restringidos que limitan su potencia.

¿Cómo conseguimos esto? La sociedad civil se organizó para acordar un documento en el que se destacaban veintiún puntos que debería contemplar una legislación que se pretenda democrática. Dichos puntos fueron tenidos en cuenta a la hora de redactar el proyecto de ley. El proyecto fue discutido en diversos foros a lo largo del país de los que participaron organizaciones, emisoras, sindicatos, universidades, intelectuales, trabajadoras, músicos, cineastas, etc. Y ante un contexto particular, la fuerza política en el gobierno la tomó para impulsarla.

Este tipo de relatos suelen olvidar la construcción colectiva que por debajo y antes y después de cada uno de estos logros se fue haciendo. Construcción que fue fundamental para crear las condiciones que permitieron aprovechar la ventana de posibilidad que cualquiera de estos proyectos necesita para realizarse. Esto no quiere decir que las instancias destacadas, en este caso el acuerdo de un montón de organizaciones vinculadas a distintos sectores de la comunicación para la redacción de un documento conjunto, no tengan la importancia que se les destaca. Tampoco pretende ser un ensalzamiento de las potencias de aquellas otras construcciones.

Las sombras de la Ley

Pero, sin ese andar construyendo bien por debajo nunca se hubiera llegado a lo que se llegó, una más que interesante ley que se aplica poco y mal. Entre los debes más importantes se cuentan la no realización del Plan Técnico que permita conocer cómo será la ocupación del espectro, que cantidad de frecuencias de cada categoría se albergarán. Esto, entre otras cosas, no nos permite saber en qué se traduce ese treinta y tres por ciento reservado para las emisoras sin fines de lucro. Además, no ha permitido avanzar en el otorgamiento de licencias de radio de ninguna categoría en las zonas de conflicto, es decir en los grandes conglomerados urbanos donde suele haber mayor ocupación del espectro.

Entonces, en las grandes ciudades, ninguna de las radios comunitarias, esas que son fundamento principal del acercamiento al derecho a la comunicación y la democratización del sistema de medios que propone la ley, reconocidas por el texto como integrantes del sector sin fines de lucro, pudo hacer cuerpo su derecho y obtener una licencia. Si algo hemos aprendido en este proceso es que una ley no garantiza una política pública y por ende, que las leyes son una instancia importante en la lucha por el acceso a nuevos derechos, pero nunca pueden considerarse un punto de llegada en esa búsqueda.

Ese andar construyendo por debajo siguió su trabajo sin negar lo logrado pero sin perder de vista los objetivos. Así se consiguió que cuatro redes de emisoras comunitarias después de evaluar problemáticas y prioridades de cada una, se juntaron para evaluar problemáticas y prioridades del conjunto. Esa mesa de trabajo se transformó en un pedido de una instancia intermedia, un mientras tanto para salir de la alegalidad que, ley mediante, muchos medios sostienen más allá de sus intenciones. Y ese pedido fue replicado por el CoFeCa. Y luego relanzado por la Defensoría del Público (para eso también sirven las instituciones creadas por la ley) y ante la proximidad del cambio de gobierno la Autoridad Federal se decidió a dar reconocimientos a estas emisoras.

El panorama se pone más oscuro en el contexto de asunción de un presidente que en reiteradas oportunidades habló de modificar la ley y las instituciones creadas por la misma aunque nunca ahondando demasiado en qué cambios impulsaría para lograr lo que él sostiene necesario “una ley más moderna y ligada a valores”. Vaya uno a saber qué significa eso. Lo que sí es de público conocimiento es su acuerdo con los actores hegemónicos de la comunicación que defendieron su accionar como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y propiciaron su acceso a la Casa Rosada a cambio de intervenir en las políticas del sector.

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Fuente: ADITAL. Noticias de América Latina y el Caribe

Mientras tanto las radios comunitarias intentan re-configurarse sin dejar de andar. Con su trabajo en la comunidad, codo a codo con otras organizaciones, movilizadas por hacer cuerpo derechos. Por hacer realidad su visión de la comunicación, para constituirse en espacios de libertad y experimentación, pero sobre todo como motores de empoderamiento que constituyen a la comunidad participante en sujetos políticos activos, porque  ¿qué es la comunicación comunitaria sino un proceso que activa voces y que nos enseña a organizarnos y hacer colectivamente?

Es la fuerza del nosotros y nosotras activo, movilizado, crítico, enredado lo que brinda a las organizaciones de comunicación comunitaria la legitimidad que no necesita de licencia ni reconocimiento del Estado, que se construye en su compleja y transformadora práctica cotidiana.

*La Tribu es un colectivo de comunicación y cultura que funciona en la casona de Lambaré  873, barrio de Almagro, en la Ciudad de Buenos Aires, desde 1989. Una voz se hace circuito y el brote altera el orden. Componemos en libertad como la orquesta  de las hojas con el aire. Continuar el silbido. Comenzar un recorrido. Bajo tierra somos bosque latiendo que recibe una furiosa descarga y la devuelve hecha fruto. Animarse a jugar en colectivo y a generar cortocircuitos. Web oficial

Sensacionalismo 1- rigor periodístico 0

Los problemas de género en nuestra sociedad tienen un lugar muy marcado y predominante, pero no siempre es tratado como debería por los medios de comunicación. Vanessa Sánchez y Richie Ibian, responsables del programa de radio Agua de Beber de Onda Verde, nos ofrecen su visión sobre cómo abordan los medios de comunicación las cuestiones de género y su influencia en la población.

En este sentido, Vanessa afirma que “en los medios de comunicación se tiende a muchas noticias que son de carácter sensacionalista, donde no se atiende las causas estructurales de las diferencias que sufrimos hombre y mujeres, por ejemplo en la violencia de género”, en lugar de indagar en por qué se producen esos sucesos.

Los movimientos sociales son de gran importancia en la lucha por una información más igualitaria porque “empiezan también a abordar los espacios mediáticos a pequeña escala para poder llegar a la gente”. Las informaciones enviadas por los medios de comunicación más mayoritarios, en numerosas ocasiones, está sesgada o contaminada por la percepción del propio periodista o medio. “La objetividad no existe, lo que si podemos intentar es ser un poco más neutral y no contaminar un discurso con nuestra percepción.”

La radio, como medio de comunicación, tiene mucha fuerza y las radios locales y/o comunitarias no son menos. Para Richie Ibian, llegar a que 1 ó 2 personas cambien su forma de ver el mundo u obtengan nuevas informaciones y conocimientos gracias a la emisora en la que colabora es algo importante.

Precisamente, tal y como afirma Vanessa, lo bueno de una radio comunitaria es esa capacidad de aplicar un pensamiento crítico y contar las cosas basándose en las propias realidades de cada uno.