Juan Carlos Tomasi: “El periodismo tiene que meter el dedo en el ojo del poder”

Por Samanta Rioseras. No le gusta hablar de lo que ha visto en la guerra, aunque ha estado en unas cuantas. Prefiere remitirse a sus fotografías y, más concretamente, a quienes las protagonizan: esas personas que ha capturado en su cámara fotográfica para contar historias, denunciar situaciones y, en ocasiones, “poner en jaque al sistema”; pero, lamenta, “eso pasa muy pocas veces”. Con apenas nueve años ya sabía que quería dedicarse a la cobertura de conflictos bélicos y olvidados. Lo hizo, pero antes pasó algún tiempo en terrenos de juego más ociosos. Sin la cámara en sus manos, pero con sus fotografías como apoyo, Juan Carlos Tomasi se sentó con Premios Enfoque el 7 de febrero antes de ofrecer la charla ‘Cómo explicar historias humanas desde la fotografía’ en el Museo de la Evolución Humana de Burgos.

¿Qué sucede para que deje el periodismo deportivo y comience a viajar por el mundo denunciado todo tipo de atrocidades?
Estuve en Sport y luego estuve muchos años en la televisión en Estudio 2, de TVE, con Olga Viza. Eso fue hasta 1992 que me fui a Barcelona para cubrir los Juegos Olímpicos. Luego monté una productora por mi cuenta, pero seguía haciendo cosas para la tele. En 1994, después del genocidio de Ruanda, el que era director de comunicación de Médicos Sin Fronteras me llama y me pregunta si tengo el pasaporte en regla y si me puedo ir en ese mismo momento a Ruanda. Dije que sí y así empezó todo.

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Juan Carlos Tomasi durante su intervención | Fuente: Samanta Rioseras

¿Cómo fue esa primera experiencia?
Bueno, yo desde los nueve años recuerdo ver la guerra de Vietnam en la tele y, en ese momento, yo ya pensaba “algún día me gustaría hacer eso”. Es cierto que ya no hago tanto conflicto armado en primera línea porque tengo un niño de cinco años. Sigo yendo, sigo estando, pero vas a sitios donde no corres tanto peligro de que te peguen un tiro.

¿Dónde hay más pasión: en el deporte o en la guerra?
Gran pregunta que nunca me han hecho. En la guerra lo que ves es de verdad. Y creo que la pasión en su estado positivo es en el deporte, evidentemente. En las guerras puedes ver (y es muy fácil de ver) cosas feas, feísimas.

“Nunca te acostumbras al dolor ajeno. […]Cuando vas por ahí a desastres humanitarios, creo que a veces lo más difícil es integrarte en la vida civil.”

¿Qué es lo más duro que has visto?
No lo sé. Lo que sí te puedo decir es que, desde que soy padre, lo que más me cuesta asimilar es ver sufrir a un niño. ¿Te acostumbras a eso? Bueno, yo creo que nunca te acostumbras al dolor ajeno. Creo que la condición humana no te permite superar unos límites. De ahí que te pueda producir dolor. Cuando vas por ahí a desastres humanitarios, creo que a veces lo más difícil es integrarte en la vida civil. Te cuesta. Y luego cuando vueles, comparas… Tienes un problema y lo relativizas, pero en el fondo es falso porque son dos contextos y dos realidades muy distintas. La verdad es que nunca me ha gustado hablar de lo que veo porque el protagonista debe ser la persona con la que estás trabajando, la que te permite mostrar su historia… Y, de vez en cuando, muy de vez en cuando, gracias a eso puedes poner en jaque al sistema. Cosa que pasa muy pocas veces.

Pero pasa. Como sucedió con la foto de Aylan, el niño sirio que retrató muerto en la playa de Turquía la fotógrafa Nilüfer Demir.
Sí… Pero muy pocas. Nuestra profesión genera mucha frustración. Yo, al estar en Médicos Sin Fronteras, no me cuesta nada dejar las cámaras fotográficas y ponerme a vacunar o a ayudar en cualquier cosa… Pero, aunque entres hasta la cocina y tengas una información brutal, eso no va a cambiar nada. Van a seguir muriendo niños, habiendo hambruna, la gente va a seguir matando…

Pero es necesario que el fotoperiodista esté ahí.
Sí, totalmente, pero en el fondo… Mira Siria… Israel…

¿Merece la pena seguir allí?
Sí. Yo sí. Creo que sí porque te permite excavar en la basura. El periodismo tiene que meter el dedo en el ojo del poder.

Llevas casi 22 años recorriendo el mundo para contar un sinfín de conflictos en el Congo, Haití, Yemen, Cachemira, Guatemala, Colombia, Zimbabwe, Gaza, Israel, Níger, Etiopía… ¿Habrá alguien allí dentro de otros 22 estando como está el oficio?
Esto se ha acabado ya porque entra gente que es muy mala y no tiene ni idea y porque nos guiamos por los likes que hay en Facebook.

Una de las fotografías de "Testitgos del Horror" - Tomasi | Fuente: El País Semanal

Una de las fotografías de “Testitgos del Horror” – Tomasi | Fuente: El País Semanal

Pero, ¿eso es causa o consecuencia? Los medios dicen que ya no destinan presupuesto para enviar a corresponsales y los que aún lo hace cada vez pagan peor…
Qué va. ¿Cuánto cuesta eso? No cuesta tanto. La cuestión es que ha llegado gente que ha dicho que lo ve todo en digital y a nivel de Facebook. Nos estamos quedando obsoletos por una pésima gestión de los que llevan el cotarro. ¿Qué si esto tiene futuro? El futuro está en las agencias. En España, en poquísimo tiempo, tanto El País como El Mundo como el resto de periódicos que se imprimen en papel ya no vamos a poder comprarlos en los kioscos. Y para los grandes reportajes, se los comprarán a las agencias. Pero sí, ahora les pagan una mierda… Yo he sido freelance en las buenas épocas.

Nos estamos quedando obsoletos por una pésima gestión de los que llevan el cotarro.

Ahora vas, lo pagas tú y, con mucha suerte, te compran alguna foto.
Sí, y es caro. Hablamos de viaje, habitación, coche, comida… Al final irán solo las agencias e irán solo las agencias que tengan algún tipo de interés en ese conflicto. No sé cómo será en el futuro con el tema de los iphones y demás, pero debemos diferenciar entre lo que es una imagen y lo que es una fotografía. Una imagen debe tener una tesis, sino estás muerto.

En las zonas de guerra, las balas son un peligro. Pero, para un fotoperiodista, ¿también lo es el encuadre o la edición?
El auténtico peligro de esta profesión es el ego. Si no nos dejasen firmar las fotos, ¿cuánta gente se dedicaría a esto? Lo del encuadre son bobadas….

Recordará la foto del niño y del buitre de Kevin Carter, sobre la que recientemente hemos hablado en Premios Enfoque.
Fotos como la de Kevin Carter en el Sur de Sudán yo he visto. Claro que lo ves. Ves a aves carroñeras con niños. Pero dio la casualidad de que le dieron el Pulitzer y ahí se lió todo. No hay que darle mucha importancia a eso porque, en el fondo, cuando tú haces una foto no estás manipulando conscientemente. Cuando editas, puedes cortar y recortar y entonces sí. Pero, conscientemente, yo no conozco a nadie que lo haga. Luego están las tonterías de montar. Joder, montamos todos. ¿Por qué montas? Porque esperas a que suceda alguna acción y tengas la luz delante, detrás o a un lado. Este debate le he tenido muchas veces… “Es que luego con el photoshop…”. Pero, a ver, ¿a que tú cuando haces un texto pones puntos y comas, relees, borras palabras y, al final, lo editas? Pues con las fotografías, igual. Es el debate de la instantánea, pero es que instantáneas hay cuatro.

De todos los conflictos llamados olvidados, ¿cuál cree que es el más olvidado?
Yo creo que la República Centroafricana, que ya no sé si es una guerra o un conflicto tribal porque son cristianos frente a musulmanes, pero luego hay culturas opuestas… Creo que en los últimos años es al que menos atención se ha prestado. Allí no hay nada, solo cuatro ONGs…

Y, ¿cuál es el conflicto que no olvidarás?
Si algo me queda todavía es memoria y mientras tenga memoria, daré testimonio de lo que he visto.

Ahora, como parte de la plantilla de Médicos Sin Fronteras, te dedicas a la fotografía humanitaria. ¿Qué es?
Realmente es un concepto que no existe. Se usa para definir al fotoperiodismo vinculado a las ONGs y que cuentan historias que no interesan a los medios de comunicación porque no son vendibles. [Durante su charla puso como ejemplo la serie ‘Testigos del horror’ que se publicó a finales del año pasado en El País Semanal. El gancho para ser publicada es que visitó 12 lugares diferentes con 12 escritores latinoamericanos].

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Una de las fotografías de “Testitgos del Horror” – Tomasi | Fuente: El País Semanal

¿Es más sencillo trabajar con el respaldo de una ONG como Médicos Sin Fronteras en un momento en el que a veces ni siquiera si respeta su emblema?
Es más sencillo, pero desde la Guerra de Somalia hasta ahora nos han secuestrado a bastante gente y la cosa ha cambiado, estamos más limitados. La concepción del mundo y del periodismo cambió radicalmente desde el 11 de septiembre de 2001. Yo creo que la Historia Contemporánea se tiene que estudiar antes y después de ese momento. Nuestro posicionamiento dentro de los contextos donde trabajamos no tiene nada que ver antes y ahora. Desde el 2001 hasta ahora, somos parte de los actores que están combatiendo. Por eso en las partes rebeldes de zonas como Siria e Irak no hay periodistas. No hay ninguno. Antes, con las guerrillas, había más tolerancia con la prensa porque, generalmente, estábamos al lado de los buenos. Desde Afganistán, no. Fue ese momento en el que empezó a usarse la palabra embedded (incrustado) –término empleado para definir la situación de los periodistas bélicos que cubren las guerras ‘incrustados’ en el propio ejército-. Esto ya pasaba en Vietnam, pero en Afganistán te cortaban las fotos. A los sitios a los que te dejan ir es porque les da igual, como Israel. Ahí ya les da igual que estemos o no.

La foto de Kevin Carter

Por Pablo Zareceansky. El 26 de marzo de 1993, The New York Times publicó la foto y él ganó el Pulitzer. La opinión pública entendió la foto como una alegoría de lo que sucedía en Sudán: Kong era el problema del hambre y la pobreza, el buitre era el capitalismo y Carter era la indiferencia del resto de la sociedad. La crítica se cernió contra él e intentó justificarse, alegando que el niño estaba muriendo y que la tribu se encontraba a unos 20 metros de él y que el animal esperaba su ración de comida.

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Fotograma film The Bang Bang Club | Fuente: ProjecteFAM

Nadie vio morir a aquel niño y es la propia imagen la que desmiente ese destino trágico, al menos en parte, ya que la criatura de la foto lleva en su mano derecha una pulsera de plástico de la estación de comida de la Organización para las Naciones Unidas (ONU). A Carter lo criticaron por no ayudar al niño y el mundo lo dio por muerto a pesar de que el propio Carter no lo vio morir, sólo disparó la foto y se fue. 18 años después, en el año 2011, un equipo de periodistas viajó al lugar y logró constatar que el pequeño sobrevivió a la hambruna pero que murió cuatro años antes (de «fiebre»).

Pero hay una historia alternativa sobre la fotografía.

El reportero gráfico sudafricano João Silva, quien acompañó a Carter a Sudán, dio una versión diferente de los hechos en una entrevista con el escritor y periodista Akio Fujiwara, que el japonés publicó en su libro Ehagaki ni sareta shōnenEl niño que se convirtió en postal—.

Según Silva, él y Carter viajaron a Sudán con las Naciones Unidas y aterrizaron en la zona sur de Sudán el 11 de marzo de 1993. El personal de Naciones Unidas les dijo que despegarían de nuevo en unos 30 minutos, el tiempo necesario para distribuir la comida, así que deambularon para hacer algunas fotos. Naciones Unidas comenzó a distribuir maíz y las mujeres del poblado salieron de sus chozas de madera hacia el avión. Silva fue a buscar guerrilleros, mientras que Carter no se alejó más que unos pocos metros del avión.

Según Silva, Carter estaba bastante sorprendido, puesto que era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que hizo muchas fotos de niños hambrientos. Silva comenzó también a tomar fotografías de niños en el suelo, como llorando, que no se publicaron. Los padres de los niños estaban ocupados recogiendo la comida del avión, por lo que se habían desentendido de momento de los niños. Esta era la situación del niño de la foto hecha por Carter. Un buitre se posó detrás. Para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más y el buitre se fue.

Dos fotógrafos españoles que estuvieron en la misma zona por aquellas fechas, José María Arenzana y Luis Davilla, sin conocer la fotografía de Kevin Carter, tomaron una imagen en una situación muy similar. Según narraron en varias ocasiones, era un centro de alimentación, y los buitres acudían por los desperdicios de un estercolero. Le llevaron a él y a Pepe Arenzana a Ayod, donde estuvieron casi todo el tiempo en un centro de alimentación donde acude gente de la zona. En un extremo de ese recinto, se encontraba un estercolero donde tiraban los desperdicios e iba la gente a defecar.

«Como estos niños están tan débiles y desnutridos se les va la cabeza dando la sensación de que están muertos. Como parte de la fauna hay buitres que van a por esos restos. Por eso, si tú coges un teleobjetivo, aplastas la perspectiva con el niño en primer plano y de fondo los buitres y parece que se lo van a comer, pero eso es una absoluta patraña, quizá el animal esté a 20 metros» (Extraído de wikipedia)

Así esta imagen, que forma parte de nuestro imaginario colectivo representa muy bien la idea de la sociedad que permite una realidad de hambruna atroz pero no de una situación real. Ese niño tiene familia y está en su poblado, el buitre no se lo quiere comer. A menos que el buitre, claro está, sea el capitalismo.

Texto escrito por Pablo Zareceansky, en el marco del “Projecte FAM”.
ProjecteFAM es un proyecto de comunicación transmedia sobre el hambre. Un ecosistema narrativo que desarrolla diferentes acciones de comunicación y herramientas web, audiovisuales y periodísticas, dirigidas a audiencias específicas, capaces de lograr incidencia y transformación social en el ámbito del derecho a la alimentación. Publicación original: aquí