Medios, educación y confianza

Por María Sande. Hace poco, en un artículo sobre el rol de los medios en la llegada al poder de Trump, Silvia Chocarro hacía referencia a la importancia de la educación y la escuela a la hora de formar ciudadanía capaz de hacer una lectura crítica de los medios.

Y es que aunque es cierto que en la escuela aprendemos a leer, no lo es menos que leer “bien” la prensa va más allá  de relacionar las letras para formar palabras: implica separar lo importante de lo accesorio, aprender a buscar contexto y a relativizar, saber descifrar los intereses que pueden existir detrás de una noticia, de su relación con la actualidad, de la oportunidad de su aparición o su silenciamiento en un momento dado…

Todas estas son cosas que en nuestro país apenas nos planteamos a la hora de leer la prensa, escuchar la radio, ver la tele o buscar información en internet. Aunque la confianza en los medios de comunicación tradicionales sigue en claro retroceso en España (solo el 34% confía en la mayoría de noticias publicadas en los medios según un informe de la Universidad de Oxford para el Instituto Reuters), no tenemos el entrenamiento necesario para hacer este ejercicio de lectura crítica.

Ilustración de la Semana de la Prensa y los Medios de Comunicación en la Escuela®, Edición 2017

A una conclusión parecida han debido llegar hace 28 años en Francia, que desde 1999 celebra la Semana de la prensa y los medios de comunicación en la escuela®. Organizada por el CLEMI (que depende del ministerio de la Educación), esta Semana tiene como objetivo ayudar a estudiantes desde preescolar hasta el final del bachillerato, a entender el sistema de medios de comunicación, a entrenar a su pensamiento crítico, desarrollar su gusto por las noticias y forjar su identidad ciudadana.

Durante esta semana, cuya edición de 2017 tuvo lugar del 20 al 25 de marzo, se invita al profesorado de todos los niveles y de todas las disciplinas a participar en actividades de educación cívica que se llevan a cabo en las escuelas, institutos, o en las instalaciones de los propios medios.

Cerca de 1.850 medios de comunicación se inscriben cada año en la operación. Las empresas editoras de periódicos ofrecen más de un millón de periódicos y revistas. A través de una asociación con el Grupo La Poste (la empresa pública de gestión del correo) 43.000 paquetes de periódicos y revistas son distribuidos a las escuelas.

El CLEMI produce también un material de apoyo educativo que se envía gratuitamente a los centros inscritos, y desarrolla numerosas asociaciones con medios de comunicación para promover visitas a los medios de comunicación, debates, talleres de radio en internet, etc… Se trata de crear espacios de encuentro entre estudiantes y periodistas, y de aprender a crear periódicos, programas de radio o revistas en el ámbito escolar.

La edición 2017 tiene como hilo conductor la pregunta “¿De dónde viene la información?“. Las actividades y materiales propuestos se centran en reconocer las fuentes, en identificar la publicidad encubierta, la infoxicación y las teorías del complot, en la práctica del fact-checking y la relación entre concentración de los medios y pluralidad.

Para que la ciudadanía pueda confiar en el sistema de medios juegan factores diversos: la calidad objetiva de los medios de comunicación es principal, y su balance sale mal parado tras varios años de crisis y recortes en las redacciones.

Pero la calidad percibida subjetivamente por la ciudadanía no es menos importante. Y esta percepción depende de nuestra capacidad de hacer una lectura crítica de la información que aparece en los medios… Capacidad que puede crearse, entrenarse y aumentarse desde la escuela, si existe la voluntad.

John Müller: “La lealtad del periodismo debe estar con el ciudadano, no con las marcas ni con las empresas”

Por Samanta Rioseras. Nació y se formó en Chile, pero lleva ligado a medios de comunicación españoles desde 1987. Fue adjunto del director en El Mundo junto a Pedro J. Ramírez. Función que sigue desempeñando, también junto a él, en El Español. Es uno de los mejores periodistas económicos del país y lo suyo, claro, son los números. Pero, eso sí, envueltos en letras porque, dice, los datos no valen nada sin contexto. Así lo contó a Premios Enfoque tras su intervención en la Escuela de Periodismo Martín Ferrand el 4 de febrero.

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Fuente: El Español

Si hay alguna especialización del periodismo más susceptible de las filtraciones interesadas, es el periodismo económico, ¿cómo se gestiona eso?

Las filtraciones hay que gestionarlas desde dos perspectivas. Por un lado, el periodista debe calibrar bien el origen de esas filtraciones. Yo, por ejemplo, siempre he sospechado mucho de WikiLeaks porque creo que detrás de WikiLeaks suele haber delitos como el hackeo de una base de datos. Siempre hay que pensar si el material que recibes procede de alguien que ha entrado a robar en un despacho, una oficina o un organismo público y qué nos pasaría si la persona que nos filtra esa información es anónima; aunque esto no suele pasar porque normalmente los periodistas saben de dónde viene la información. Por otro lado, hay que valorar que es lo que persigue la gente que ha filtrado la información y si es la fuente original o una interpuesta. El asunto es que con las filtraciones hay que tener mucho cuidado porque siempre hay alguien interesado detrás.

La iniciativa Premios Enfoque reconoce los buenos enfoques periodísticos. ¿Cuál es la manera adecuada de enfocar la información económica para el público generalista?

Tienes que ponerte en la perspectiva del ciudadano; el cliente del periodista es el ciudadano. Esa es la manera de enfocar una información económica. Si hablas de la cuenta de resultados de una empresa, debes tratar de fiarte de los datos y no tanto del discurso con el que la empresa viste los datos. Hay que hacer un análisis de los datos. El periodismo económico es igual que el resto del periodismo; pero como los intereses a los que afecta son muy visibles, quizás el cuestionamiento o el feed back es mucho más rápido. Las empresas, al sentirse afectadas por un contenido, rápidamente reaccionan y tienes un feed back más rápido que en el periodismo político, por ejemplo, porque en él a veces los afectados de una información falsa ni siquiera reaccionan por no mover más el tema. En cambio, en el periodismo económico los intereses son muy visibles y son crematísticos; producen efectos directos sobre el dinero. Notas enseguida el feed back. Eso obliga a hacer un periodismo mucho más riguroso y contrastado. En el periodismo deportivo no ocurre, no se contrasta nada porque si publican una mentira, al hablar sobre una cuestión lúdica parece que no importa. Eso no ha pasado nunca en el periodismo económico.

Una de las cosas que más se ha perdido en la prensa española es ese afán de contrastación. Hay muy buenas iniciativas de fact checking en algunos programas, como en El Objetivo, que tiene una sección específica. Está muy bien, pero solo es una sección cuando debería ser parte del trámite ordinario, debería ser como el respirar.

En el periodismo económico, el dato es el rey. ¿Cómo se le pone cara?

El dato es el rey hasta cierto punto. Yo creo que el contexto es el rey, al análisis es el rey. El dato está muy bien, pero el dato lo produce el INE (Instituto Nacional de Estadística) o un organismo que lo da descontextualizado. El que tiene que poner en contexto el dato de por qué hay inflación o porque no la hay, es el periodista. La noticia no es que el IPC (Índice de Precios de Consumo) sube un 3%, sino por qué.

¿La crisis económica ha sido positiva para el periodismo económico al popularizarse y salir de su propia sección?

Creo que la crisis económica ha sido un desafío para las redacciones y para los periodistas. Hubo que encontrar gente que supiera manejar contenido económico y hubo una gran expansión de la demanda, que ya ha parado. Ha sido un desafío para las redacciones, pero el principal beneficiario ha sido el español medio que ha aprendido economía.

Pero la terminología sigue siendo muy específica…

Es una tensión permanente. Cuando vulgarizas demasiado, el experto se queja y dice que estás corrompiendo su trabajo. El periodista está en medio del experto y el ciudadano. Tiene una lealtad hacia el público para explicarse bien en términos asequibles y, por otro lado, la tensión del experto que siempre te dirá que es un término impreciso. Eso no debe enmascarar a los periodistas que se explican mal y que lo harían mal tanto en materia económica como para contar un suceso o narrar un conflicto político.

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Periodistas (de izq. a derecha) John Müller, Luis Ángel de la Viuda y Tom Burn, CEU San Pablo (Madrid) | Fuente: Samanta Rioseras

El que fuera director de The Wall Street Journal, Bernard Kilgore, dijo en 1941: “No escribáis para los banqueros, escribid para sus clientes que son más”.

Así es, por eso decía al principio que nuestra lealtad está con los ciudadanos porque la lealtad del Periodismo debe estar con el ciudadano, no con las marcas, no con las empresas… porque vivimos en democracia y la libertad de prensa se asienta en la democracia. Y porque, en definitiva, la clave es transmitir información fiable para que la gente tome sus decisiones. Si la información es mala, las decisiones serán malas. ¿Qué pasó con las cajas de ahorro? Pues que la información que se tenía era mala porque estaba mediatizada por una relación personal, de amistad o familiar, con el ejecutivo que vendía las preferentes o te colocaba una hipoteca. Bueno, hemos aprendido que esto no es así de sencillo y que no basta con la información de los periódicos, sino que hay que buscar asesoría profesional.

¿Qué opinas de la frase “el periodismo económico es complicado y aburrido”?

No. El periodismo económico es más divertido incluso que el de sucesos. Hay crímenes mucho más espantosos que en los de crónica roja de los periódicos. A mí me parece que el periodismo económico es muy divertido. Creo que es un ámbito humano muy interesante, es un foco de atracción para las pasiones de mucha gente porque no hay nada que fomente más las pasiones que el dinero. El dinero, por un lado, puede fomentar la pasión y la ambición de una manera desbocada; pero, por otro lado, obliga a una toma de posesión racional, salvo en casos patológicos. La gente tiene una actitud racional ante el dinero porque le cuesta mucho ganarlo.

La profesora Rosa del Río dice en su libro ‘Periodismo económico y financiero’ que “la economía es básica para la información, pero la información es la base de la economía”.

Sí, porque nuestro mundo está organizado en torno a mercados que, básicamente, se nutren de información. De hecho, el dinero es una señal informativa. Cuando detectas que hay un flujo de dinero es porque hay mucha gente comprando un determinado producto y descubre que el dinero fluye hacia él. Es una señal comunicativa que te está dando respecto al éxito o atractivo de ese producto o servicio. Sin duda, el mercado sin información no funciona. Los mercados bajo censura son tramposos, no son libres.

¡Vamos a por la IV Edición!

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Celia Sánchez Maria Sánchez. Llegó el otoño y con él, el momento de comenzar el camino de los Premios Enfoque. El equipo vuelve a la carga para poner en marcha la IV Edición -¡qué rápido pasa el tiempo! -. Regresamos ilusionados, llenos de energía y dispuestos a poner toda la carne en el asador.

Desde la organización queremos agradeceros todo el apoyo que nos habéis brindado durante el recorrido de esta iniciativa. Buena muestra de ello son los casi 9000 votos recibidos en la pasada edición (recordar aquí los premiados/as), que son a su vez un indicador de la necesidad de seguir impulsando iniciativas como esta de reflexión, debate y crítica mediática.

Sugerencias metodológicas para la IV Edición

Asimismo, queremos hacer balance de las sugerencias de mejora que nos hicisteis llegar a través de la votación ciudadana. Vuestras propuestas son extremadamente importantes y tienen un enorme valor para la organización, debido a que consideramos que nuestra iniciativa no está cerrada, sino que se construye diariamente a partir de vuestro feedback y a lo largo de las sucesivas ediciones.

Con vuestra opinión como punto de partida, emprendemos proponiendo alternativas solventes para mejorar la pluralidad en la elección de las distintas categorías (medios, periodistas y secciones/programas enfocados y desenfocados), así como ampliar y reconocer sectores invisibilizados, tal y como hicimos en la II Edición con la creación de galardones por género y en la III con la categoría de medios del tercer sector de comunicación.

Entre las sugerencias analizadas, muchas personas abogasteis por eliminar la distinción de género en la categoría de periodistas (enfocados/as y desenfocados/as). Este punto fue sugerido también en la I Edición e, incluso,es uno de los aspectos que más debate ha generado en el seno del propio equipo. En principio, entendemos que no debe existir una diferenciación entre profesionales que realizan el mismo trabajo. Sin embargo, y basándonos en los resultados de la I Edición, se detectó una enorme invisibilización del trabajo de las mujeres y esta situación nos condujo a adoptar una medida que, por otra parte, es similar a la de otros premios culturales (cine, música, etc.) en la que se contemplan categorías diferenciadas para ambos géneros. No obstante, seguiremos trabajando para lograr una representación equitativa en todos los aspectos. [Redactamos un artículo sobre este tema que puedes leer aquí]

Además, para futuras ediciones y siguiendo vuestros consejos, valoraremos también la posibilidad de premiar secciones o piezas individuales (reportajes, documentales, artículos, etc.); así como la opción de separar las candidaturas por medios (prensa, radio y televisión), evitando, al mismo tiempo, que la metodología favorezca únicamente a medios, periodistas y programas que son a menudo visibilizados por tradicionales medios de comunicación.

Con esta pequeña recapitulación, queremos recordaros que seguimos trabajando intensamente con la intención de pulir cualquier arista metodológica y así proyectar con estos galardones una mirada crítica sobre el panorama mediático español.

Muchas gracias por todas la sugerencias que nos hicisteis llegar y por todo el interés mostrado a lo largo de estos años. Os invitamos a visitar nuestra web, Twitter y Facebook para conocer nuestros próximos pasos y seguir alimentando esta iniciativa tan necesaria para el buen ejercicio periodístico, que nos concierne a todos.

Nos reencontramos en el camino, ¡Bienvenidos a la IV Edición!

Infolibre, elegido por la ciudadanía como ganador de la “Categoría especial Medio del Tercer Sector”, cede su premio

“No sería justo aceptar un premio que no nos corresponde puesto que no somos realmente un medio del Tercer Sector”. Manuel Rico, director de InfoLibre, ha manifestado su agradecimiento a la ciudadanía por haber elegido al medio como merecedor de este galardón, pero considera que no les corresponde a ellos, sino a medios que realmente son del Tercer Sector. infoLibre está editado por una sociedad limitada, aunque es cierto que los ciudadanos pueden participar en su capital a través de la Sociedad de Amigos de infoLibre.

Además, Rico ha pedido que conste su reconocimiento expreso a los periodistas que, en tiempos tan difíciles para la profesión, trabajan en medios del Tercer Sector y su felicitación a los premiados y a los organizadores de los Premios Enfoque.

Nuevo ganador

En la primera etapa de la III Edición de Premios Enfoque, en la que profesionales de la comunicación sugirieron nombres que merecen estos galardones, infoLibre apareció en la lista de medios nominados a la Categoría Especial-Medio del Tercer Sector. Aunque no se trata exactamente de un medio que pertenezca a ese sector, el equipo de los Premios Enfoque decidió no intervenir en el proceso, ser fiel a las encuestas y respetar los resultados. Finalmente, en la segunda etapa, la ciudadanía eligió a infoLibre como merecedor de este galardón y así lo comunicamos al hacer público el resultado.

La cesión de su premio, hace que pase a la siguiente opción en número de votos, que es Periodismo Humano. De esta manera, los ganadores de esta categoría son: La Marea, Periodismo Humano y Píkara Magazine.

Desde el equipo de los Premios Enfoque agradecemos la honestidad de infoLibre por ceder su galardón. Su gesto demuestra su ética, su compromiso con el periodismo y su respeto por los y las profesionales trabajan en otros medios.

 ¿Por qué una categoría para medios del Tercer Sector?

La inclusión de esta categoría responde a una demanda que la ciudadanía nos hizo el año pasado. Consideramos muy interesante incluirla puesto que en ediciones anteriores estos medios estaban prácticamente ausentes en las propuestas que nos llegaban en la primera etapa. Quisimos así, reconocer y visibilizar a medios que están liderados por organizaciones sin ánimo de lucro, movimientos sociales, cooperativas y asociaciones ciudadanas que trabajan por el cambio social y, en especial, por derecho a la comunicación de colectivos normalmente ausentes en los grandes medios.

El hecho de que apareciera en este listado infoLibre responde al muy probable desconocimiento sobre este tipo de medios. Un desconocimiento que se debe en gran medida a la inexistencia de una ley que los ampare y la consecuente situación de desigualdad con respecto a los medios públicos o privados.

 

Un periodismo desenfocado por la precariedad

Por Miguel Ángel Moreno. Los periodistas formamos parte de una profesión particularmente autocrítica, acostumbrada a los análisis demoledores sobre el oficio. Esta costumbre no es óbice para reconocer que en muchas ocasiones los problemas se inscriben en dinámicas que están más allá del deber ser de la profesión o que son mucho más prosaicas que los debates bizantinos sobre la objetividad o subjetividad de los reporteros.

Tener un periodismo enfocado, una información que ponga el acento sobre la lucha contra las desigualdades, que persiga el cambio social y ofrezca modelos alternativos de convivencia con un perfil igualitario y ecologista no es solo una cuestión de voluntad, aunque esta sea primordial. También requiere una estabilidad laboral, una cierta tranquilidad profesional y un relativo apoyo de los superiores directos para no convertirse en un ejercicio de voluntarismo o en una segunda ocupación clandestina que emerja después de que el profesional haya desempeñado las labores encomendadas.

Obviar, por lo tanto, las condiciones laborales de los periodistas –como las de los comunicadores del Tercer Sector o los promotores de los medios comunitarios– es hurtar al debate una de las aristas de la situación, ponerse una venda en los ojos que presuponga que el profesional de la comunicación está aislado de las condiciones personales y profesionales que obligan y afectan a toda persona que se dedica a un oficio.

El Informe Anual de la Profesión Periodística que edita la Asociación de la Prensa de Madrid muestra cada año cómo la profesión de periodista se ha ido degradando y añade detalles no solo cuantitativos en cuanto a despidos y descensos en las remuneraciones de los profesionales, sino también incluye algunas valoraciones cualitativas en las que los reporteros y reporteras indican cómo su ambiente de trabajo ha empeorado y cómo se han ido incrementando las presiones que reciben.

Así, en el último Informe, presentado el pasado 16 de diciembre, se muestra cómo entre 2008 y 2015 han sido despedidos de sus puestos de trabajo 12.200 periodistas. La mayoría de ellos, pertenecientes a las plantillas de las televisiones, que acumulan un total de 4.459 despidos; seguidos por los diarios, las empresas y los grupos de comunicación. Esta tendencia se ha ralentizado afortunadamente en el último año, en el que la APM contabilizó solo 246 despidos, frente a la media de unos 2.500 por año en los dos últimos (2013 y 2014).

En los últimos años la retribución del periodista ha bajado de media un 17%, y lo que es más importante dentro de las consideraciones de la APM, en los medios de nuestro país conviven dos escalas de profesionales distintas, a veces en la misma compañía: los que están sujetos a un convenio colectivo más antiguo y los que pertenecen a los más recientes, en los que entre otros asuntos se están recogiendo consideraciones como que todos los días de la semana sean idénticos a nivel laboral, lo que hace desaparecer la compensación por día festivo a aquellos profesionales que por lo específico de su sección tienen que trabajar en fin de semana.

Todo esto sin contar una tercera escala, que no aparece reflejada en el estudio pero es tan real como las dos primeras: la que forman los becarios desprotegidos que acumulan supuestos convenios de formación y a la que se agregan los periodistas autónomos que ejercen como colaboradores, un formato de trabajo cada vez más extendido.

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Atomización y presiones

El escenario a futuro que encuentra la APM en su encuesta es el de un periodista que necesariamente tendrá que ser autónomo, ya que el 65% de los encuestados están “convencidos” de que el futuro del periodismo pasa por trabajar por cuenta propia; una condición que incluye ya al 25% de los trabajadores de este oficio, según la asociación periodística madrileña. Este dato, que no tendría que dar pie a ninguna conclusión concreta por sí solo, se explica mejor si se incluyen dos matices: el 22% de estos autónomos son colaboradores de una sola empresa y otro 22% están integrados en la estructura de una organización, lo que nos ofrece un 44% de los periodistas por cuenta propia que no son otra cosa que ‘falsos autónomos’, profesionales que no son contratados por un medio pero que ‘de facto’ forman parte de él, salvo para lo tocante a la protección laboral que debería brindarles la empresa para la que trabajan.

Esta falta de apoyo de una empresa y la incertidumbre sobre su perspectiva laboral al depender solo de una organización es la que hace a los periodistas autónomos los más vulnerables a las presiones externas. Un 48,9% de los periodistas autónomos aseguran que han recibido presiones en “múltiples, varias o alguna ocasión” (en una suma agregada de las tres respuestas) y tan solo un 22,2% dice no haberlas recibido nunca. En cuanto a su reacción, un 80,1% reconoce que ceden a estas presiones, frente a un 75,7% en el caso de los profesionales por cuenta ajena. El dato es profundamente desalentador.

Las presiones que reciben los periodistas –autónomos o integrados en una empresa- provienen de poderes políticos y económicos por igual y tienen diferentes procedencias en función de la condición laboral del reportero o reportera. Para los contratados las instancias políticas son las principales fuentes de presión (44,1%), mientras que para los autónomos es más agresiva la presión de los anunciantes del medio (28,5%).

Los datos de presiones nos llevan a no hacernos trampas al solitario: los periodistas contratados tampoco están protegidos contra las influencias de los poderosos. Y ni siquiera contemplan un horizonte laboral más halagüeño, ya que un 87,5% revelan cambios en los niveles salariales y un 69,1% en sus condiciones laborales. Tan solo un 22,2% de los contratados aseguran estar exentos de situaciones como los Expedientes de Regulación de Empleo –sean estos temporales, laborales o reducciones de personal sin la figura jurídica del ERE– y el 84,7% de los periodistas asalariados aseguran que los cambios han sido negativos.

Las afirmaciones acerca de cómo han afectado estos cambios a su trabajo dibujan bien la situación del periodismo actual. Los informadores e informadoras realizan “más funciones que antes” (un 56% lo afirma) con “menos medios económicos” (54%) y “menos ayuda” (50,7%). Tienen “menos tiempo” para realizar correctamente su trabajo (42,9%) aunque trabajan “más horas que antes” (37,6%); y lo que es más importante, afirman que tienen “menos libertad” como profesionales (25,4%).

Los nuevos medios y sus dificultades

La explosión de las nuevas tecnologías y la llegada de Internet como un soporte fácil y barato para llegar a las audiencias han provocado una explosión de nuevos medios indudable. La APM ha intentado censar estas nuevas expresiones periodísticas y ha encontrado 579 nuevos medios lanzados entre 2008 y 2015, de los cuales aseguran que continúan activos 458.

La misma asociación hace un ejercicio de realismo encomiable al constatar que estos nuevos medios fueron “impulsados por esta crisis, como consecuencia de la pérdida del puesto de trabajo o por la imposibilidad de acceder a un empleo”. Y recuerda que “profesionales experimentados y recién licenciados se vieron obligados a desarrollar una labor como emprendedores en la que no tenían experiencia ni conocimientos”.

Es por esto que los resultados de los nuevos medios lanzados por periodistas son todavía muy tibios en cuanto a una mínima rentabilidad económica que los haga viables en el futuro. Un tercio de ellos (34,1%) no superaba hasta 2014 los 25.000 euros anuales de ingresos y un 15,9% reconocían no tener ingresos. En cuanto a plantillas, un 18,4% de los nuevos medios encuestados por la APM respondía estar “sin plantilla” y un 38,8% afirmaba que empleaba entre uno y tres profesionales. La clave está en los modelos de financiación, ya que el 58,8% (suma agregada) se financia con distintas variantes de la publicidad, mientras que tan solo un 11,7% ha podido utilizar microfinanciación o aportaciones de promotores.

Así las cosas, es bastante difícil consolidar propuestas alternativas que intenten enfocar hacia un periodismo responsable con los derechos humanos, que requieren esfuerzo, tiempo y cierta capacidad de resistencia a las presiones para llevar a cabo una cobertura continuada y de calidad. Sin ánimo de convertir este texto en una elegía periodística, conviene plantearse que el carácter profundamente vocacional de la comunicación tiene que estar equilibrado con la realidad palmaria de la supervivencia económica.

Un periodismo enfocado necesita de cierta profesionalización –imprescindible aunque no excluyente a otras formas de comunicación– si quiere tener vigilantes que dispongan de todo su tiempo, energía y recursos para observar el poder y retratar sus excesos. Prescindir de los reporteros y reporteras, o precarizarlos hasta el punto de convertir el reporterismo en una afición, no provoca sino el fortalecimiento de quienes quieren que las desigualdades permanezcan ocultas.

Miguel Ángel Moreno trabaja como periodista freelance.

Información como mercancía

Por Marcial García. Es el 15 de mayo de 2012, en Barcelona, un número creciente de personas armadas con cacerolas se concentra bajo las torres de la sede de la Caixa, en Avenida Diagonal, para protestar por la estafa de las Preferentes, los desahucios, así como por su política de inversiones y créditos. La información sobre esta protesta no aparece en la mayoría de los medios de comunicación. La Caixa no quiere que se dé voz a esta lucha. De hecho, amenaza a los medios con retirar su publicidad si dan cobertura a estas protestas y la voz ciudadana tiene proyección desde periódicos, televisiones y radios. Van a ser las redes sociales las que se ocupen de conseguir una eficaz difusión de la que se conocerá como operación Occupy Mordor, que se desarrollará en 2012 con otras concentraciones y convocatorias. Todo el simbolismo y la narrativa de El Señor de los Anillos se convertirán en el eje estratégico de esta lucha.

Un caso, de tantos, que ilustra con insultante nitidez cómo la información está sometida a los intereses empresariales y muy lejos de ser el ejercicio del derecho a la libertad de expresión para la libre difusión de las ideas, esencial para el descubrimiento de la verdad y, por tanto, para la emancipación de la ciudadanía. ¿Pero a qué gran empresa periodística le puede interesar la verdad cuando su verdad está en el descubrimiento de la información como mercancía capaz de reportar cuantiosos beneficios?

La información que interesa construir y difundir, por tanto, es la que mejor se venda y la que atraiga más publicidad.La noticia, el reportaje o la entrevista están más cerca ahora, por tanto, de la parrafada de un folleto publicitario o del entretenimiento para colmar carencias emocionales que de aquel espíritu social procedente de la utopía fundacional de la prensa como vigilante del poder y en pos de la verdad.

No en vano, los empresarios llevan tiempo asaltando los medios de comunicación, ya que su control les reporta un doble beneficio: económico, al manejar la información desde una perspectiva mercantil en la búsqueda del beneficio dinerario; simbólico, al tener el control en la construcción periodística de la realidad para ponerla al servicio de sus intereses.

La información que los grandes empresarios propietarios de medios de comunicación nos fabrican no tiene por objeto que entendamos mejor qué pasa a nuestro alrededor, ni que adoptemos una mirada crítica. Más que informar, trata de conformar una mentalidad colectiva. Es una forma de ejercicio del poder que busca nuestra “adherencia” a los intereses del poder económico dominante, haciéndolos pasar por los intereses de nuestras sociedades. No es difícil comprobarlo si observamos la información sobre la crisis. Buena parte de las noticias, reportajes, análisis o entrevistas sobre el fenómeno de la crisis tienen un enfoque profundamente pragmático, crítico incluso con un análisis estructural e ideológico de la misma (“Se trata solo de problemas concretos que deben resolverse de manera concreta, por empresas y personas concretas”, podemos leer entre líneas). Toda esta información está ideada y construida para conseguir que la gente sienta que más allá de ser necesario entender las razones que provocaron la crisis (“Bueno, ya pasó, ahora habrá que hacer algo”, parecen decirnos), ante la misma, sobre todo, hay que ser fuerte, positivo y optimista (Caramba, qué parecido al eslogan de aquella campaña publicitaria de Nestlé de 2014: “A todos nos pasa algo bueno en la vida en algún momento”). El discurso que domina es el de la autosuperación y la necesidad de reforzar una voluntad individual más sólida, más “emprendedora”, que nos permita reinventarnos como marcas comerciales.

Su objetivo no puede ser más diáfano, legitimar que no somos otra cosa que mercancía y que nos resignemos a que nuestra vida no ha de ser otra cosa, por tanto, que vendernos o dejarnos comprar al albur del mercado y sin más horizonte vital que el empeño por no dejar de estar en el escaparate del bazar.

La mercantilización de la información no solo es, por tanto, el descubrimiento de la información como mercancía, es también y especialmente, su papel como legitimadora de la cultura del consumo. Sirve para definir, difundir y conformar un modelo de sociedad centrado en el valor mercantil de la compraventa como lógica de construcción del ser humano y de sus relaciones.

En palabras shakespearianas, la información, hoy en día, está hecha de la misma materia que los sueños del mercantilismo. Esto exige tomar muy en consideración la advertencia que ya nos hizo el filósofo francés Gilles Deleuze, “Si estás preso en el sueño del otro, estás jodido”. Resulta urgente, por tanto, recuperar el valor de uso social de la información para recuperar la capacidad de soñar en libertad de la ciudadanía.

Marcial García López es profesor Titular en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad de Málaga

¿Seriales teledirigidos con titulares take away? No, gracias

Por Javier Dávila. Leí hace unos años, un dato sobre el torrente de información al que estamos expuestos. Una persona letrada del S.XIII recibía en toda su vida menos información, de la que recibimos nosotros en un dominical de cualquier diario. Esto me hace pensar qué cantidad de información recibimos en un solo día, con qué nos quedamos de ella y cómo puede gestionarla un individuo.

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Fuente: Giulo Magnifico / flickr.CC

La polémica sobre cuál es el papel que deben  cumplir los medios de comunicación, y en definitiva el periodismo, ante esta realidad, y las nuevas formas de comunicarse, no es nueva.

En el 2011 un periodista gran reserva como Iñaki Gabilondo, reflexionaba en su libro “El fin de una Época” sobre esto;  y venía a decir que es, precisamente ante esta realidad, cuando el periodismo se debe hacer grande, para organizar todo este torrente de información, separar el grano de la paja, jerarquizar los contenidos, y mostrar todas las aristas en los asuntos más poliédricos. Amén.

¿Es ese el papel que está ejerciendo el periodismo a día de hoy? A día de hoy, el periodismo no cumple ninguna de esas premisas. Ante un acontecimiento importante, es precisamente en el primer momento, cuando nos llegan las primeras noticias (ya sea a través de las redes sociales o a través de los medios tradicionales) ,cuando podemos sacar las conclusiones más asépticas.

A partir de ese momento, es cuando las noticias, y sus derivadas, empiezan a ser moldeadas por los medios y sus intereses. En otra época las líneas editoriales de los medios, actuaban como un ejercicio de libertad de expresión, desde donde se analizaba la información, después de realizar la obligación de informar que se les supone a los medios. Actualmente la línea editorial de los medios, moldea las noticias para conseguir crear opinión no para ofrecer un punto de vista, y una vez creadas las opiniones, se sacia la necesidad de que nos reafirmen en las mismas.

Por lo cual entiendo que ya no existe la línea editorial de los medios, si no que estos actúan con su maquinaria de crear opinión, como una empresa que tiene que presentar balance a través de dos vertientes: rendir cuentas ante quien les financia por un lado, y asegurarse la clientela por otro.

Y ante este panorama ¿alguien sabe qué fue del periodismo? Ni siquiera hablo de una voz crítica que se alce ante tanto desmán sin ser censurada al minuto, ni de un periodismo de investigación de block, bolígrafo o grabadora al más puro estilo watergate que destape las vergüenzas del sistema. Me refiero al elemental derecho a informar y ser informado, que se le presupone a un Estado de derecho. Me refiero a tener dónde acudir para saber qué ocurre en tu entorno, sin tener que bucear en un lodazal de suspicacias e intereses.

Siempre se ha dicho que para estar bien informado, hay que beber de varios medios, y así entender todos los puntos de vista…. ¿tenemos que fumarnos aún más información? Eso se podía asumir, cuando la cuestión era detectar una perspectiva ideológica, eso es asumible y hasta divertido, ahora la cuestión es más turbia…. Ahora el problema es, en ocasiones, cómo quitarte de encima un culebrón informativo, que dura meses y vaya usted a saber a qué intereses responde, para poder llegar a otra noticia que ha sido condenada al ostracismo mediático, porque no se le puede sacar ningún rédito empresarial…. Porque sí… es lo que parece, la información cotiza en bolsa, pero también cotiza en los parlamentos. Pero seguramente este ni siquiera sea el mayor de los problemas, el ciudadano se ha entregado y ha claudicado, ya se ha acostumbrado o al serial teledirigido, o al titular sensacionalista y letras grandes y de poco rigor informativo, un titular take away.

Efectivamente, yo abogo por las directrices que sugería Gabilondo; el rigor, la jerarquía  conceptual, la panorámica que abarca los hechos, la contextualización, la contención de la frivolidad, y, en definitiva, por todo aquello que seguro alguna vez se sugirió en alguna facultad de Ciencias de la Información.

 *Javier Dávila, guía turístico y músico. Amante del buen periodismo.

Pepe Madariaga: “EL PERIODISMO DEL SIGLO XXI NO TIENE SENTIDO SIN LA PARTICIPACIÓN DE LOS CIUDADANOS”

A lo largo de los últimos meses hemos ido publicando diversas entrevistas a personas de diferentes sectores de la población. Hoy tenemos la ocasión de compartir una interesante entrevista al profesor universitario Pepe Madariaga que, además, es colaborador del Círculo Patio Maravillas.

Para Madariaga, “el periodismo está demandado cambios importantes, que se están haciendo muchos. Los ciudadanos son los que mejor pueden señalar el valor de esos cambios”. Por eso la existencia de unos premios como éstos, que son otorgados por la propia ciudadanía, es tan importante.

A raíz de la crisis económica, se están creando numerosos medios de comunicación nuevos, muchos de los cuales llamados medios “ alternativos”, que son a ojos del profesor universitario, los que mejor representan los cambios en el periodismo. No solo en las nuevas formas de financiación, sino también en los contenidos más sociales y cercanos a los ciudadanos.

El periodismo es esencial para la existencia de una democracia real, pues es la única forma que tienen las personas de informarse de lo que pasa a su alrededor. Por eso es tan importante que la participación de los ciudadanos esté implícita en esos medios y sea un elemento básico de éstos.