Vídeo participativo. Una aldea gala de la comunicación audiovisual

Por Laura Cabezas. Un equipo de televisión quiere hacer un reportaje sobre los desahucios. ¿Pero qué pasaría si fueran las propias personas desahuciadas quienes cogieran las cámaras y realizaran un vídeo contando su propia realidad? Seguramente la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH) pueda contar como nadie qué supone afrontar un desahucio, por qué se produce, quiénes son los responsables y cuáles las alternativas. Pero ¿podría la PAH hacer su propio vídeo? La respuesta es sí: bienvenidos y bienvenidas al vídeo participativo, una de las aldeas galas de la comunicación audiovisual. Una práctica comunicativa presente en todos los continentes, que existe desde el nacimiento del cine mismo y que en el contexto social y tecnológico actual es más posible y necesaria que nunca.

Pero… ¿qué es el vídeo participativo?

El vídeo participativo podría definirse (y hay otras muchas maneras de hacerlo y de entenderlo) como un proceso de creación colectiva de piezas audiovisuales de contenido social, hechas por personas de organizaciones sociales, sobre su propia realidad.

Los vídeos participativos suelen surgir de un proceso formativo previo en el que se adquieren los conocimientos básicos para realizar un vídeo de principio a fin. El vídeo que resulta del proceso se difunde por todos los medios posibles con la “nada ambiciosa” intención de movilizar, denunciar, visibilizar alternativas, transformar una realidad injusta o todo ello a la vez.

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Fuente: Laura Cabezas

Equipos audiovisuales, formación y creación

Para hacer un vídeo participativo necesitamos acceso a equipos de grabación y edición, colectivos con ganas de lanzar su mensaje y personas con conocimientos suficientes para impartir un taller básico de realización audiovisual. Hay ONG, asociaciones culturales o televisiones comunitarias que ofrecen formación y prestan equipos audiovisuales. Pero también podemos recurrir a nuestras propias redes de contactos y conseguir todo lo necesario. Seguro que hay cerca de vuestro entorno un colectivo de videoactivistas deseando compartir sus saberes. En los talleres de vídeo participativo basta con aprender lo esencial para poder manejar la cámara, registrar el audio, construir una historia y montar el material.

Hace no tantos años las cámaras y los equipos de edición tenían un coste tan elevado que resultaba prácticamente imposible tener acceso a ellos si no trabajabas en una productora o en una televisión. Hoy el abaratamiento de los equipos y su facilidad de uso favorece la viabilidad de la comunicación no profesionalizada. Con un ordenador y una cámara de vídeo doméstico que nos permita conectar un micrófono, tendremos suficiente. Incluso con los teléfonos móviles que llevamos en los bolsillos podemos hacer vídeos dignos que cumplan su función.

El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

Cuando el acceso a las herramientas y su manejo ya no son un escollo viene la parte más importante: qué se quiere transmitir con el vídeo y cómo lo vamos a hacer. En los informativos de las grandes cadenas de televisión vemos a diario noticias sobre problemáticas sociales en las que apenas se escuchan las voces de quienes las viven en primera persona. La información aparece descontextualizada, simplificada, y rara vez se muestran alternativas. En los informativos sí se habla de los desahucios pero seguramente no dirán qué bancos son los responsables ni qué destino ha corrido una familia a la que se le ha arrebatado su hogar. Y dos secciones más allá, sin ningún pudor, sí dirán que España va bien porque esos mismos bancos cotizan al alza en la bolsa. Tomar como referencia estos esquemas comunicativos dominantes nos puede servir de guía de lo que no queremos hacer. El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

También en la forma de trabajar el vídeo participativo propone métodos alternativos. La producción audiovisual se basa en una fuerte división del trabajo y en la jerarquía. Cada miembro del equipo ejecuta su parte a las órdenes de quien dirige la producción. En los procesos de vídeo participativo todas las personas pueden crear el guión, manejar la cámara o elegir qué descartamos y qué formará parte del montaje final. Y cuando ya está todo definido, toca realizar el vídeo, hasta el final.

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Fuente: Laura Cabezas

Difundir el vídeo por todos los frentes

Que un grupo que no tenía conocimientos previos de realización audiovisual consiga hacer un vídeo, ya es un logro en sí mismo. Pero el vídeo participativo nace con la vocación de ser comunicado, de generar diálogos. Podemos intentar que las televisiones lo emitan, pero seguramente no tengamos mucho éxito. Compartirlo a través de redes sociales es una buena opción. No necesitamos pedir permiso para publicarlo y además podemos llegar a personas de todas las latitudes. Pero también sabemos las pocas posibilidades de que un vídeo sea visto en redes sociales si se comete la osadía de que dure más de un minuto. Y en general necesitaremos más de un minuto para no caer en las simplificaciones que tanto detestamos.

Donde el vídeo participativo se mueve como pez en el agua es en los visionados colectivos. El grupo que lo realiza puede llevarlo consigo a plazas, aulas, foros sociales, encuentros o asambleas. En estos contextos de exhibición el público también tiene voz porque puede participar y reflexionar junto a otras personas sobre las realidades que nos muestra el vídeo. Es algo que el visionado individual a través de la pantalla de la televisión o del ordenador difícilmente nos puede aportar.

¿Le damos la vuelta a la televisión?

Con el vídeo participativo normalmente llegamos a personas que ya están convencidas de que las cosas no son como nos las cuentan en los informativos. Y esto es una limitación importante. La televisión sigue siendo el medio de comunicación social que más moldea nuestra imagen de la realidad. En España las grandes cadenas se cierran a cal y canto a la comunicación ciudadana a pesar de que constitucionalmente están obligadas a darnos acceso. No lo tenemos fácil. No interesa tener una audiencia bien informada, crítica y activa. Los vídeos participativos no se emitirán en prime time, pero conseguir que las programaciones se abran a nuestras producciones es una batalla que no podemos permitirnos abandonar.

Necesitamos políticas públicas de comunicación que apuesten decididamente por canales de televisión verdaderamente públicos, independientes del gobierno de turno y en los que quepan experiencias como las del vídeo participativo. Políticas que hagan posible la existencia de canales de televisión del Tercer Sector gestionados por organizaciones ciudadanas. Esto es una realidad en otros países. Mientras tanto, y aunque el vídeo participativo tenga una incidencia anecdótica en la sociedad, demuestra con su simple existencia que son posibles y urgentes otras maneras de mirar y contar la realidad.

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Fuente: Laura Cabezas

Recursos sobre vídeo participativo:
Web:https://videoparticipativo.es/
Bibliográfico: El cambio social a través de las imágenes. Guía para entender y utilizar el vídeo participativo (Catarata). David Montero Sánchez y José Manuel Moreno Domínguez.