Los Premios se despiden

Despedirse de un proyecto cargado de éxitos no es fácil. Nos cuesta mucho escribir estas líneas de despedida de nuestra criatura, que también es vuestra. Cuando comenzamos esta locura nunca pensamos que podríamos llegar tan lejos. Más de 11.000 personas participaron en la última edición, lo que demuestra que la ciudadanía tiene necesidad de ejercer su deber de vigilancia sobre medios de comunicación y periodistas. En el camino dejamos mucha ilusión, horas y horas de trabajo generoso, mucho compromiso, algún que otro tropezón y la plena convicción de aportar nuestra grano de arena a la defensa del derecho a la información.

La decisión no ha sido fácil. Se toma después de mucha reflexión y análisis. Continuar la andadura hacia la V Edición nos resulta imposible. El proyecto se ha sostenido en gran medida por el compromiso de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, que ha aportado fondos y muchas horas de trabajo de sus profesionales. Se ha sostenido también gracias al compromiso de personas voluntarias y universidades que han ofrecido su contribución de manera generosa. Durante mucho tiempo hemos trabajado sin apenas recursos económicos ni personales. En los últimos años, especialmente en la última edición, hemos sufrido un importante descenso en el número de personas implicadas en el proyecto, lo que ha reducido notablemente nuestra capacidad de seguir adelante.

La dimensión que han tomado los Premios Enfoque requiere un trabajo constante de varios meses y recursos específicos que garanticen que se realiza con el rigor que exige una iniciativa de estas características. Ninguna de estas dos cuestiones puede ser garantizada en un momento de debilidad económica y de personal como el que afrontamos.

Nos quedamos con todo lo conseguido en este tiempo, ¡que no es poco! Los Premios Enfoque han sido una iniciativa vanguardista en la que han participado miles de personas; hemos contribuido al necesario debate sobre responsabilidad periodística y el derecho humano a la información; hemos fortalecido la educación mediática de la ciudadanía. ¡No es poca cosa!

El camino continúa. Por eso dejamos a libre disposición las reflexiones promovidas a lo largo de este tipo. Esperamos que puedan servir para seguir fortaleciendo la vigilancia ciudadana sobre medios de comunicación y periodistas.

Os invitamos a seguir analizando el trabajo periodístico. Os pasamos el relevo: la lupa está en vuestras manos. Esperamos que no bajéis la guardia. Gracias por acompañarnos en el camino; ha sido un auténtico placer.

 

“¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”

Por Silvia Chocarro Marcesse. Era el mes de octubre de 2016. Fui a cubrir un mitin del actual vicepresidente estadounidense Mike Pence en Bensalem (Pensilvania), un área venida a menos por el proceso de desindustrialización. Los periodistas estábamos escuchando a Pence subidos en una tarima en la parte de atrás de la sala. De repente, un grupo de gente se giró hacia atrás y empezó a gritarnos: “¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”. Acusar a los medios de comunicación de mentir se ha convertido en rutina para el presidente de Estados Unidos, su equipo y sus incondicionales. Un día sí y otro también buena parte de la prensa es tachada de “mentirosa” y “deshonesta”.

En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Donald Trump, molesto por la insistencia de un periodista de la cadena de televisión CNN en hacerle una pregunta, le espetó: “Tú no, tú no. Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas mal educado. No te voy a conceder una pregunta. Vosotros sois (divulgáis) noticias falsas”.

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The New York Post: President Trump | @Marco Verch

Cuando al mandatario no le gusta lo que los medios de comunicación dicen de él o de su gobierno, no es extraño que los acuse de difundir “noticias falsas”, de ser “el partido de la oposición” o, peor aún, de ser “el enemigo del pueblo estadounidense”.

Sin duda el último proceso electoral en Estados Unidos ha dado mucho de qué hablar y en qué pensar acerca del papel de los medios de comunicación. He aquí algunas reflexiones y preguntas (sin orden particular):

  • Donald Trump hizo un uso magistral de los medios de comunicación. Y utilizo el verbo “usar” en todo su significado. Convirtió la campaña electoral en un reality show. Especialista del espectáculo, fue capaz de generar titulares una y otra vez. Y los medios –movidos también por la rentabilidad del personaje- le siguieron el juego, conscientes o no -no lo sé- de que eran parte del mismo.
  • Como a Trump no le gusta buena parte de las informaciones que publican los medios sobre él, los ha convertido en su blanco favorito de crítica, poniendo en cuestión los fundamentos del periodismo y haciendo tambalear la credibilidad de los periodistas. Pretende, supongo, erigirse en la única fuente de verdad.
  • En ese empeño, realiza otra jugada magistral. Crea su propio canal de comunicación, sin intermediarios, en Twitter. Los medios se ven obligados a cubrirlo, pero ¿cómo se cubre una cuenta de Twitter? De nuevo, estamos en su reality show, donde no importa el rigor sino el espectáculo. Para cuando la prensa verifica el dato, éste ya ha dado la vuelta al mundo.
  • Cierto es, en mi opinión, que los medios cometieron errores durante la campaña electoral. Para empezar, tengo dudas de que utilizaran los mismos criterios periodísticos al informar de los diferentes candidatos. La tendencia era anti-Trump. Además –y aquí algunos entonaron el mea culpa- no siempre cumplieron con la función de explicar quién, y sobre todo por qué, Trump sumaba cada día más adeptos. Con frecuencia las informaciones describían a gente resentida, racista, inculta… Bien, pues fueron 63 millones de personas las que votaron por él.
  • Que un presidente cuestione la esencia misma del periodismo es más peligroso de lo que a simple vista podría parecer. No es que los medios a veces no se equivoquen, no sean tendenciosos o no respondan a determinados intereses, pero el cuestionamiento reiterado de su propia existencia por parte de la máxima autoridad del gobierno siembra un inquietante desconcierto. Llegado un momento, ya no sabemos cuál es la verdad ni quién la detenta. Ya no sabemos quién informa, quién opina o quién miente.
  • En todo este aparente caos hay también una buena noticia, si es que se puede ver desde este punto de vista. Que el periodismo –atacado y vilipendiado- se defiende con su mejor arma: buen periodismo. Más plantilla, más verificación de datos, más investigación… El Washington Post anunciaba en diciembre que contrataría a más de 60 periodistas en los próximos meses; el New York Times, que dedicaría un presupuesto adicional de 5 millones de dólares a la cobertura del presidente.

¿Y ahora qué? En este contexto me parece más revolucionaria que nunca una idea nada novedosa, la de la educación para los medios. ¿Y si aprendiéramos desde la infancia a leer los medios? ¿Y si aprendiéramos a crearlos? ¿Seriamos capaces de diferenciar entre la verdad y la mentira?

De 2013 a 2017, Silvia Chocarro Marcesse fue corresponsal en Estados Unidos para Radio Francia Internacional – servicio en español. Tras la toma de posesión de Donald Trump, se mudó a París y ahora es consultora en temas de libertad de expresión. Actualmente, entre otros proyectos, es asesora de incidencia global para IFEX, la red global por la libertad de expresión integrada por más de 100 ONGs en 65 países.