Vídeo participativo. Una aldea gala de la comunicación audiovisual

Por Laura Cabezas. Un equipo de televisión quiere hacer un reportaje sobre los desahucios. ¿Pero qué pasaría si fueran las propias personas desahuciadas quienes cogieran las cámaras y realizaran un vídeo contando su propia realidad? Seguramente la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH) pueda contar como nadie qué supone afrontar un desahucio, por qué se produce, quiénes son los responsables y cuáles las alternativas. Pero ¿podría la PAH hacer su propio vídeo? La respuesta es sí: bienvenidos y bienvenidas al vídeo participativo, una de las aldeas galas de la comunicación audiovisual. Una práctica comunicativa presente en todos los continentes, que existe desde el nacimiento del cine mismo y que en el contexto social y tecnológico actual es más posible y necesaria que nunca.

Pero… ¿qué es el vídeo participativo?

El vídeo participativo podría definirse (y hay otras muchas maneras de hacerlo y de entenderlo) como un proceso de creación colectiva de piezas audiovisuales de contenido social, hechas por personas de organizaciones sociales, sobre su propia realidad.

Los vídeos participativos suelen surgir de un proceso formativo previo en el que se adquieren los conocimientos básicos para realizar un vídeo de principio a fin. El vídeo que resulta del proceso se difunde por todos los medios posibles con la “nada ambiciosa” intención de movilizar, denunciar, visibilizar alternativas, transformar una realidad injusta o todo ello a la vez.

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Fuente: Laura Cabezas

Equipos audiovisuales, formación y creación

Para hacer un vídeo participativo necesitamos acceso a equipos de grabación y edición, colectivos con ganas de lanzar su mensaje y personas con conocimientos suficientes para impartir un taller básico de realización audiovisual. Hay ONG, asociaciones culturales o televisiones comunitarias que ofrecen formación y prestan equipos audiovisuales. Pero también podemos recurrir a nuestras propias redes de contactos y conseguir todo lo necesario. Seguro que hay cerca de vuestro entorno un colectivo de videoactivistas deseando compartir sus saberes. En los talleres de vídeo participativo basta con aprender lo esencial para poder manejar la cámara, registrar el audio, construir una historia y montar el material.

Hace no tantos años las cámaras y los equipos de edición tenían un coste tan elevado que resultaba prácticamente imposible tener acceso a ellos si no trabajabas en una productora o en una televisión. Hoy el abaratamiento de los equipos y su facilidad de uso favorece la viabilidad de la comunicación no profesionalizada. Con un ordenador y una cámara de vídeo doméstico que nos permita conectar un micrófono, tendremos suficiente. Incluso con los teléfonos móviles que llevamos en los bolsillos podemos hacer vídeos dignos que cumplan su función.

El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

Cuando el acceso a las herramientas y su manejo ya no son un escollo viene la parte más importante: qué se quiere transmitir con el vídeo y cómo lo vamos a hacer. En los informativos de las grandes cadenas de televisión vemos a diario noticias sobre problemáticas sociales en las que apenas se escuchan las voces de quienes las viven en primera persona. La información aparece descontextualizada, simplificada, y rara vez se muestran alternativas. En los informativos sí se habla de los desahucios pero seguramente no dirán qué bancos son los responsables ni qué destino ha corrido una familia a la que se le ha arrebatado su hogar. Y dos secciones más allá, sin ningún pudor, sí dirán que España va bien porque esos mismos bancos cotizan al alza en la bolsa. Tomar como referencia estos esquemas comunicativos dominantes nos puede servir de guía de lo que no queremos hacer. El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

También en la forma de trabajar el vídeo participativo propone métodos alternativos. La producción audiovisual se basa en una fuerte división del trabajo y en la jerarquía. Cada miembro del equipo ejecuta su parte a las órdenes de quien dirige la producción. En los procesos de vídeo participativo todas las personas pueden crear el guión, manejar la cámara o elegir qué descartamos y qué formará parte del montaje final. Y cuando ya está todo definido, toca realizar el vídeo, hasta el final.

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Fuente: Laura Cabezas

Difundir el vídeo por todos los frentes

Que un grupo que no tenía conocimientos previos de realización audiovisual consiga hacer un vídeo, ya es un logro en sí mismo. Pero el vídeo participativo nace con la vocación de ser comunicado, de generar diálogos. Podemos intentar que las televisiones lo emitan, pero seguramente no tengamos mucho éxito. Compartirlo a través de redes sociales es una buena opción. No necesitamos pedir permiso para publicarlo y además podemos llegar a personas de todas las latitudes. Pero también sabemos las pocas posibilidades de que un vídeo sea visto en redes sociales si se comete la osadía de que dure más de un minuto. Y en general necesitaremos más de un minuto para no caer en las simplificaciones que tanto detestamos.

Donde el vídeo participativo se mueve como pez en el agua es en los visionados colectivos. El grupo que lo realiza puede llevarlo consigo a plazas, aulas, foros sociales, encuentros o asambleas. En estos contextos de exhibición el público también tiene voz porque puede participar y reflexionar junto a otras personas sobre las realidades que nos muestra el vídeo. Es algo que el visionado individual a través de la pantalla de la televisión o del ordenador difícilmente nos puede aportar.

¿Le damos la vuelta a la televisión?

Con el vídeo participativo normalmente llegamos a personas que ya están convencidas de que las cosas no son como nos las cuentan en los informativos. Y esto es una limitación importante. La televisión sigue siendo el medio de comunicación social que más moldea nuestra imagen de la realidad. En España las grandes cadenas se cierran a cal y canto a la comunicación ciudadana a pesar de que constitucionalmente están obligadas a darnos acceso. No lo tenemos fácil. No interesa tener una audiencia bien informada, crítica y activa. Los vídeos participativos no se emitirán en prime time, pero conseguir que las programaciones se abran a nuestras producciones es una batalla que no podemos permitirnos abandonar.

Necesitamos políticas públicas de comunicación que apuesten decididamente por canales de televisión verdaderamente públicos, independientes del gobierno de turno y en los que quepan experiencias como las del vídeo participativo. Políticas que hagan posible la existencia de canales de televisión del Tercer Sector gestionados por organizaciones ciudadanas. Esto es una realidad en otros países. Mientras tanto, y aunque el vídeo participativo tenga una incidencia anecdótica en la sociedad, demuestra con su simple existencia que son posibles y urgentes otras maneras de mirar y contar la realidad.

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Fuente: Laura Cabezas

Recursos sobre vídeo participativo:
Web:https://videoparticipativo.es/
Bibliográfico: El cambio social a través de las imágenes. Guía para entender y utilizar el vídeo participativo (Catarata). David Montero Sánchez y José Manuel Moreno Domínguez.

“¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”

Por Silvia Chocarro Marcesse. Era el mes de octubre de 2016. Fui a cubrir un mitin del actual vicepresidente estadounidense Mike Pence en Bensalem (Pensilvania), un área venida a menos por el proceso de desindustrialización. Los periodistas estábamos escuchando a Pence subidos en una tarima en la parte de atrás de la sala. De repente, un grupo de gente se giró hacia atrás y empezó a gritarnos: “¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”. Acusar a los medios de comunicación de mentir se ha convertido en rutina para el presidente de Estados Unidos, su equipo y sus incondicionales. Un día sí y otro también buena parte de la prensa es tachada de “mentirosa” y “deshonesta”.

En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Donald Trump, molesto por la insistencia de un periodista de la cadena de televisión CNN en hacerle una pregunta, le espetó: “Tú no, tú no. Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas mal educado. No te voy a conceder una pregunta. Vosotros sois (divulgáis) noticias falsas”.

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The New York Post: President Trump | @Marco Verch

Cuando al mandatario no le gusta lo que los medios de comunicación dicen de él o de su gobierno, no es extraño que los acuse de difundir “noticias falsas”, de ser “el partido de la oposición” o, peor aún, de ser “el enemigo del pueblo estadounidense”.

Sin duda el último proceso electoral en Estados Unidos ha dado mucho de qué hablar y en qué pensar acerca del papel de los medios de comunicación. He aquí algunas reflexiones y preguntas (sin orden particular):

  • Donald Trump hizo un uso magistral de los medios de comunicación. Y utilizo el verbo “usar” en todo su significado. Convirtió la campaña electoral en un reality show. Especialista del espectáculo, fue capaz de generar titulares una y otra vez. Y los medios –movidos también por la rentabilidad del personaje- le siguieron el juego, conscientes o no -no lo sé- de que eran parte del mismo.
  • Como a Trump no le gusta buena parte de las informaciones que publican los medios sobre él, los ha convertido en su blanco favorito de crítica, poniendo en cuestión los fundamentos del periodismo y haciendo tambalear la credibilidad de los periodistas. Pretende, supongo, erigirse en la única fuente de verdad.
  • En ese empeño, realiza otra jugada magistral. Crea su propio canal de comunicación, sin intermediarios, en Twitter. Los medios se ven obligados a cubrirlo, pero ¿cómo se cubre una cuenta de Twitter? De nuevo, estamos en su reality show, donde no importa el rigor sino el espectáculo. Para cuando la prensa verifica el dato, éste ya ha dado la vuelta al mundo.
  • Cierto es, en mi opinión, que los medios cometieron errores durante la campaña electoral. Para empezar, tengo dudas de que utilizaran los mismos criterios periodísticos al informar de los diferentes candidatos. La tendencia era anti-Trump. Además –y aquí algunos entonaron el mea culpa- no siempre cumplieron con la función de explicar quién, y sobre todo por qué, Trump sumaba cada día más adeptos. Con frecuencia las informaciones describían a gente resentida, racista, inculta… Bien, pues fueron 63 millones de personas las que votaron por él.
  • Que un presidente cuestione la esencia misma del periodismo es más peligroso de lo que a simple vista podría parecer. No es que los medios a veces no se equivoquen, no sean tendenciosos o no respondan a determinados intereses, pero el cuestionamiento reiterado de su propia existencia por parte de la máxima autoridad del gobierno siembra un inquietante desconcierto. Llegado un momento, ya no sabemos cuál es la verdad ni quién la detenta. Ya no sabemos quién informa, quién opina o quién miente.
  • En todo este aparente caos hay también una buena noticia, si es que se puede ver desde este punto de vista. Que el periodismo –atacado y vilipendiado- se defiende con su mejor arma: buen periodismo. Más plantilla, más verificación de datos, más investigación… El Washington Post anunciaba en diciembre que contrataría a más de 60 periodistas en los próximos meses; el New York Times, que dedicaría un presupuesto adicional de 5 millones de dólares a la cobertura del presidente.

¿Y ahora qué? En este contexto me parece más revolucionaria que nunca una idea nada novedosa, la de la educación para los medios. ¿Y si aprendiéramos desde la infancia a leer los medios? ¿Y si aprendiéramos a crearlos? ¿Seriamos capaces de diferenciar entre la verdad y la mentira?

De 2013 a 2017, Silvia Chocarro Marcesse fue corresponsal en Estados Unidos para Radio Francia Internacional – servicio en español. Tras la toma de posesión de Donald Trump, se mudó a París y ahora es consultora en temas de libertad de expresión. Actualmente, entre otros proyectos, es asesora de incidencia global para IFEX, la red global por la libertad de expresión integrada por más de 100 ONGs en 65 países.

Devreporter Network: cambiando la relación entre periodistas y ONG

Por Montse Santolino. Durante el último trimestre del 2015 se han acumulado los datos y los informes negativos sobre la independencia de los medios y la libertad de prensa en España. En septiembre el Comité de Protección de Periodistas alertaba sobre la “ley mordaza”, y en noviembre el International Press Institute hablaba abiertamente de control político y económico de la información. El New York Times se hizo eco con un artículo titulado “Los medios de información españoles, bajo la opresión del gobierno y la deuda”.

Los problemas económicos de los medios han afectado muy especialmente al periodismo internacional, mucho más caro de producir que las tertulias, los reality show o todas las noticias refrito o las noticias-lista (“10 cosas que”) de los medios digitales. Aunque desde 2008 los periodistas han creado 579 medios para autoemplearse (de los cuales sobreviven 458), los dedicados a la información internacional han sido solo doce, prácticamente la excepción. Peligrosa paradoja que cuanto más interdependientes somos y más inmersos estamos en crisis globales, ya sea la de las migraciones, el terrorismo yihadista o el cambio climático, menos información internacional, y de menos calidad, seamos capaces de producir y consumir.

Esta situación impacta de manera directa en las organizaciones que trabajan en cooperación internacional, paz y derechos humanos en el ámbito internacional puesto que sin una buena información internacional es muy difícil que la ciudadanía entienda dónde, cómo y por qué trabajan en otros países. Durante los años de la crisis estas organizaciones han visto como, al tiempo que se reducía el espacio informativo para abordar la realidad internacional se justificaban, por ejemplo, los recortes en ayuda al desarrollo por el desinterés de la ciudadanía. Lamentablemente, sin embargo, el desinterés de la ciudadanía afecta a la política exterior en general. Como se afirmaba en 5W, una de las pocas publicaciones especializadas en periodismo internacional surgidas en estos años, la política exterior ha estado prácticamente ausente en los debates electorales. Apenas ha habido preguntas sobre la intervención en Síria, y ha pasado prácticamente desapercibido el atentado en la embajada de Kabul, o la dimisión del embajador en Índia.

Ante esta difícil realidad, desde Lafede.cat hemos intentado que el proyecto europeo transregional DevReporter Network que lideramos, nos sirviera como espacio de reflexión y debate sobre la calidad de la información internacional, y sobre cómo renovar y actualizar la relación entre ONG y medios de comunicación. Durante tres años, y en plena crisis, tanto del sector de la cooperación como de los medios, hemos realizado diferentes actividades (estudios, cursos, fórums, talleres) de intercambio entre académicos, periodistas y comunicadoras de ONG, actividades que han confirmado en muchos casos el desconocimiento y los prejuicios mutuos, pero también un malestar común por la escasez de espacio para abordar los conflictos internacionales, la realidad de los países empobrecidos, o el sistema de cooperación internacional. Por un lado medios condicionados por las lógicas del infotainment y la precarización profesional, con periodistas sin tiempo ni posibilidad de especializarse, editando dossiers enviados desde las ONG o viajando únicamente de su mano. Y, por el otro, códigos éticos de consumo interno o múltiples esfuerzos por cambiar la imagen del trabajo de cooperación y desarrollo que chocan con poderosos “frames” e ideas antiguas que, al tiempo, se reproducen a través de campañas de captación de fondos y repercuten negativamente en la credibilidad de las ONG como fuente informativa. Si algo ha quedado patente es que las “rutinas” informativas de cada actor y las dinámicas de instrumentalización mutua resultan un obstáculo a la hora de garantizar el derecho a la información de la ciudadanía.

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Dos de los frutos más importantes de este proyecto europeo han sido las Becas DevReporter y el Vademecum Devreporter. Los socios del proyecto hemos querido facilitar la colaboración entre periodistas, medios y ONG financiando 18 reportajes o proyectos periodísticos presentados de manera conjunta, y con el compromiso de responder a criterios de información y comunicación transformadores. Los trabajos becados han sido los que mejor respondieron a exigencias cómo presentar problemáticas suficientemente contextualizadas, diversidad de fuentes, protagonismo de los actores del Sur, perspectiva de género o un enfoque de interdependencia global. Hasta el 11 de enero está abierta la votación popular para escoger los mejores reportajes de Catalunya, Rhone-Alpes y Piamonte. Los trabajos producidos en Catalunya versan sobre la extracción del coltán en República democrática del Congo; la lucha de las mujeres contra la minería a cielo abierto en Perú; el derecho a la salud en Marruecos; la relación entre los fondos buitre y la burbuja inmobiliaria; la reconstrucción de Haití, y la falta de control del Gobierno catalán sobre las condiciones en que se producen los aparatos electrónicos o los productos textiles que adquiere.

Finalmente, el Vademécum, quiere ir más allá de los códigos éticos y deontológicos de cada sector, para plantear un nuevo código informativo común y compartido, que permita nuevas formas de colaboración. Este nuevo documento plantea, en primer lugar, superar el periodismo internacional de crisis y emergencias continuas y inconnexas y favorecer un periodismo contextualizado, que no eluda la complejidad, que de seguimiento a los temas y además se ocupe de dar cobertura a las soluciones y alternativas que proponen las organizaciones y sociedades civiles del Norte y el Sur. En el mismo sentido, y recuperando lo mejor de los códigos éticos de periodistas y ONG, propone presentar a todos los países y comunidades con dignidad, en toda su diversidad, y evitando el sensacionalismo y la victimización, y conceder el protagonismo que merecen a todas las fuentes del Sur, tanto directas como indirectas. El proyecto Devreporter considera inaplazables las redes y alianzas con los medios y los periodistas de los países empobrecidos para avanzar hacia un periodismo más justo y representativo de la realidad global.

El nuevo periodismo internacional que plantea DevReporter, después de múltiples debates con profesionales mayoritariamente europeos, catalanes, franceses e italianos, pero también con periodistas centroafricanos, burkinabeses, haitianos o ecuatorianos, propone favorecer la dimensión y la comprensión global de los hechos explicando las interdependencias entre el Norte global y el Sur global, y buscar fórmulas para que la realidad internacional se aborde desde los medios locales, y se exploren todas las posibilidades para generar un nuevo periodismo de proximidad con una mirada transnacional.

Finalmente, y en lo referente a la cooperación internacional, el Vademecum plantea resistir a la “oenegenización” de la información, facilitar el conocimiento de los paises empobrecidos en todas sus dimensiones, abordar la cooperación internacional desde una visión integral capaz de diferenciar los diferentes ámbitos de trabajo (emergencia, cooperación, incidencia política), y evitar la información-spot sobre la cooperación y los proyectos o campañas de los actores de la solidaridad.

El proyecto Devreporter celebrará su fórum final en Barcelona en febrero de 2016. Entonces se presentará formalmente el Vademecum y se concederán los premios a los mejores reportajes producidos. La voluntad de Lafede.cat y sus socios es conseguir financiación para una segunda fase en la cual ampliar y mejorar los espacios de encuentro entre periodistas y comunicadores de ONG, y las herramientas comunes. Una de las conclusiones más claras del proyecto Devreporter es que los espacios de representación de periodistas y ONG, ya sean coordinadoras de ONG o colegios profesionales, sindicatos o colectivos de periodistas son actores clave para facilitar el diálogo y, conseguir, finalmente, nuevos estándares y acuerdos para un periodismo internacional responsable. Los premios DevReporter siguen, en ese sentido, la estela de los Premios Enfoque, iniciativa pionera de la Congde que, en tiempos muy complicados, ha premiado a los mejores profesionales y las mejores prácticas periodísticas. Ojalá que ambos proyectos puedan converger en el futuro.

Montse Santolino es periodista (LaDirecta.cat) y Responsable de Comunicación LaFede.cat-organizaciones para la justicia global.

Asia: de golpes de Estado a actos heroicos al estilo Malala

Por Frances GalacheEl 8 de noviembre debería haber viajado a Myanmar, y de haber sido por los medios de información españoles, no habría sabido que ese mismo día se estaban celebrando las primeras elecciones supuestamente libres en el país desde el “pucherazo militar” de 1990.

Si no fuese por mi propia experiencia en la región, que incluían las revoltosas consecuencias de las pasadas elecciones en Camboya y sus resultados notoriamente manipulados, no habría tomado la precaución de retrasar mi entrada en el país hasta saber si contaría con una mínima estabilidad política que lo permitiera. Y no hablo ya de hacer una escala larga en medio oriente, desde donde sólo llegan noticias cargadas de mensajes de miedo y terror.

Nuestros medios de comunicación parecen haberse olvidado de Asia respecto de todo aquello que no sean golpes de estado, terrorismo o desastres naturales.
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Inundaciones en Tailandia por la BBC | Fuente: Pensandoelterritorio.com

Y es que nuestros medios de comunicación parecen haberse olvidado de Asia respecto de todo aquello que no sean golpes de estado, terrorismo o desastres naturales. O, en el mejor de los casos, “actos heroicos” como el de Malala. Otra recurrencia habitual es contar historias sobre occidentales en Asia o sobre protestas masivas como las habidas en India tras el caso de violación en grupo y asesinato de una chica que viajaba a bordo de un autobús. La repercusión de esas protestas dio la vuelta al mundo.

Si buscamos noticias sobre Asia occidental, nos encontramos con ISIS y la crisis de refugiados sirios, entre los cuales la prensa parece buscar culpables relacionados con aquellos terroristas de los que precisamente huyen, sin recordar que hace no tantos años éramos la población española, y después también parte de la centro europea, quienes huíamos del horror de las guerras, buscando refugio en países de los que esperábamos que nos recibiesen con esa solidaridad que el periodismo bien podría fomentar ahora entre su público.

Habrá quien considere que muchas de estas noticias no son de interés general, por no hablar ya de las que ni he mencionado. Quizás tengan razón cuando reclaman un filtro mínimo que nos ahorre la saturación de información. Pero no deja de ser una lástima que cuando dichas noticias son consideradas de interés y en consecuencia acogidas por nuestro periodismo, no son sino un copia-pega sin contrastar de lo que publican las grandes agencias o las redes sociales. Y ello con el añadido de que después son redactadas de tal forma que crean graves prejuicios en el público.

Tras el escudo de lo llamado noticiable, el periodismo mayoritario se centra en lo más inmediato y cercano, y Asia no parece entrar en esa categoría salvo que lo que allí ocurra nos afecte directamente. Pero en ese caso me pregunto por qué gran parte de la prensa no analiza las causas reales y más profundas que, por poner un ejemplo, se esconden tras los graves incendios que hasta la llegada de las lluvias asolaban el bosque tropical de Indonesia, a pesar de suponer una grave amenaza para todo ser vivo, incluida la humanidad.

En cualquier caso, merecen ser aplaudidas las recientes iniciativas de periodismo responsable que, en lugar de rellenar con prejuicios e información de copia-pega, buscan reflejar hechos contrastados junto a un breve análisis de sus causas y consecuencias tanto inmediatas como más profundas. Pero incluso éstas parecen olvidarse de Asia, salvo cuando se trata de equilibrar la información ofrecida por los medios mayoritarios. Evitando echar más leña al fuego de la sobre-información actual, el periodismo considerado “serio” debería prescindir de ofrecernos noticias rosas y amarillas, y reservar estos espacios para mostrar a la ciudadanía información seria, contrastada y de calidad del fascinante y desconocido continente asiático.

*Frances Galache vive en Vietnam y especialista en cooperación

Pensar y practicar la Comunicación en el Tercer Sector…. en tiempos de aniquilación del Tercer Sector

Por Víctor Marí. Puede sonar paradójico, pero el título apunta a la dura realidad que se vive actualmente en el Tercer Sector (TS). Una de las etapas de mayor creatividad y de más experiencias interesantes en el campo de la comunicación del TS se produce en un momento histórico en el que desde muchos frentes se está haciendo todo lo posible por aniquilarlo. Como dice el refrán, “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Aunque, en este caso, la calidad humana y profesional de tantas personas y organizaciones del Tercer Sector hace que se esté aplazando el fatídico momento del fin.

El pensador portugués Sousa Santos plantea que vivimos en un contexto de fascismo social. El capitalismo produce excluidos sociales frente a quienes el propio sistema social dominante no tiene ni el pudor de plantear parches de emergencia. La respuesta tacaña e inmoral de Europa ante los refugiados sirios es solo uno de los muchos ejemplos que podrían ponerse en los que se materializa este fascismo social. Al tiempo, el recorte drástico de subvenciones a la cooperación y al Tercer Sector Social ha obligado a echar el cierre a muchas organizaciones, y a sobrevivir (no se sabe muchas veces cómo) a los muchos y buenos profesionales que en él trabajan.

En este contexto de situaciones adversas (cuyo análisis de las causas exógenas y endógenas nos llevaría más tiempo y espacio del que tenemos) vemos cómo, paradójicamente, proliferan iniciativas comunicativas que han roto los estrechos límites de una comunicación excesivamente reduccionista, que hasta el momento estaba excesivamente centrada en el impacto en medios y en la construcción de una imagen de marca.

En el año 2011 se podría situar el inicio de este ciclo de creatividad y de efervescencia de una comunicación orientada a la transformación social. En plena ola del movimiento del 15-M se constituye el grupo #Comunicambio en torno al que se reúnen activistas sociales, comunicadores/as, personas del mundo de la academia, estudiantes… ciudadanía en general, interesada y apasionada por impulsar unos procesos comunicativos orientados al cambio social. En este trabajo de confluencia y de dinamización han jugado un papel clave tanto el equipo de comunicación de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España como algunas de las federaciones y coordinadoras autonómicas.

Esta multiplicación de iniciativas comunicativas de nuevo cuño se han visto acompañadas en el campo académico por programas de formación, investigaciones y publicaciones que tienden nuevos puentes entre académicos y activistas interesados por una comunicación transformadora. Valgan como botones de muestra el surgimiento de Commons, Revista de Comunicación y Ciudadanía Digital. El Máster CCCD, el Laboratorio Com-Andalucía de análisis de los medios ciudadanos  o el Congreso e-Comunicambio.

Comunicambio 2015

Congreso Comunicambio 2015, Castellón. Fuente: revistapueblos.org

El momento es propicio, aunque los retos siguen siendo muchos. Ante la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, pensar en los derechos de la comunicación de la ciudadanía sigue siendo algo que queda muy lejos de las agendas de los políticos. En plena campaña electoral, y a pocos días de las elecciones del 20D, podemos preguntarnos por el papel que ocupan, como tema de debate de los partidos, las políticas para el impulso del Tercer Sector, las políticas de Cooperación al Desarrollo o las políticas públicas de Comunicación. En ninguno de los debates televisivos celebrados hasta la fecha han aparecido estos temas. En una campaña electoral en la que, al menos hasta el momento, parece que ha tenido más importancia para algunos candidatos y miembros del Gobierno aparecer en el Hormiguero o en el programa de Bertín Osborne (¿En tu casa o en la mía?), el diseño de unas políticas públicas de comunicación que den voz a la ciudadanía sigue siendo un reto inaplazable.

En este momento creativo e instituyente, en el que proliferan tantas experiencias comunicativas ciudadanas, interesantes y necesarias a la vez, es prioritario, más que nunca, articular espacios de debate, de investigación y de reflexión, en los que puedan cristalizar mejor los procesos en marcha. Sigue siendo un reto ineludible la necesidad de tender puentes entre el activismo y la academia para aprovechar lo mejor que hay a cada lado, con el objetivo de impulsar procesos de transformación orientados por la justicia social. En ello estamos.

*Víctor Marí es profesor de la Universidad de Cádiz. Investigador Principal del Proyecto del MINECO “Comunicación para el Desarrollo y Cambio Social en España: diseño de indicadores para la medición de su incidencia social” (CSO2014-52005-R)

¿Seriales teledirigidos con titulares take away? No, gracias

Por Javier Dávila. Leí hace unos años, un dato sobre el torrente de información al que estamos expuestos. Una persona letrada del S.XIII recibía en toda su vida menos información, de la que recibimos nosotros en un dominical de cualquier diario. Esto me hace pensar qué cantidad de información recibimos en un solo día, con qué nos quedamos de ella y cómo puede gestionarla un individuo.

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Fuente: Giulo Magnifico / flickr.CC

La polémica sobre cuál es el papel que deben  cumplir los medios de comunicación, y en definitiva el periodismo, ante esta realidad, y las nuevas formas de comunicarse, no es nueva.

En el 2011 un periodista gran reserva como Iñaki Gabilondo, reflexionaba en su libro “El fin de una Época” sobre esto;  y venía a decir que es, precisamente ante esta realidad, cuando el periodismo se debe hacer grande, para organizar todo este torrente de información, separar el grano de la paja, jerarquizar los contenidos, y mostrar todas las aristas en los asuntos más poliédricos. Amén.

¿Es ese el papel que está ejerciendo el periodismo a día de hoy? A día de hoy, el periodismo no cumple ninguna de esas premisas. Ante un acontecimiento importante, es precisamente en el primer momento, cuando nos llegan las primeras noticias (ya sea a través de las redes sociales o a través de los medios tradicionales) ,cuando podemos sacar las conclusiones más asépticas.

A partir de ese momento, es cuando las noticias, y sus derivadas, empiezan a ser moldeadas por los medios y sus intereses. En otra época las líneas editoriales de los medios, actuaban como un ejercicio de libertad de expresión, desde donde se analizaba la información, después de realizar la obligación de informar que se les supone a los medios. Actualmente la línea editorial de los medios, moldea las noticias para conseguir crear opinión no para ofrecer un punto de vista, y una vez creadas las opiniones, se sacia la necesidad de que nos reafirmen en las mismas.

Por lo cual entiendo que ya no existe la línea editorial de los medios, si no que estos actúan con su maquinaria de crear opinión, como una empresa que tiene que presentar balance a través de dos vertientes: rendir cuentas ante quien les financia por un lado, y asegurarse la clientela por otro.

Y ante este panorama ¿alguien sabe qué fue del periodismo? Ni siquiera hablo de una voz crítica que se alce ante tanto desmán sin ser censurada al minuto, ni de un periodismo de investigación de block, bolígrafo o grabadora al más puro estilo watergate que destape las vergüenzas del sistema. Me refiero al elemental derecho a informar y ser informado, que se le presupone a un Estado de derecho. Me refiero a tener dónde acudir para saber qué ocurre en tu entorno, sin tener que bucear en un lodazal de suspicacias e intereses.

Siempre se ha dicho que para estar bien informado, hay que beber de varios medios, y así entender todos los puntos de vista…. ¿tenemos que fumarnos aún más información? Eso se podía asumir, cuando la cuestión era detectar una perspectiva ideológica, eso es asumible y hasta divertido, ahora la cuestión es más turbia…. Ahora el problema es, en ocasiones, cómo quitarte de encima un culebrón informativo, que dura meses y vaya usted a saber a qué intereses responde, para poder llegar a otra noticia que ha sido condenada al ostracismo mediático, porque no se le puede sacar ningún rédito empresarial…. Porque sí… es lo que parece, la información cotiza en bolsa, pero también cotiza en los parlamentos. Pero seguramente este ni siquiera sea el mayor de los problemas, el ciudadano se ha entregado y ha claudicado, ya se ha acostumbrado o al serial teledirigido, o al titular sensacionalista y letras grandes y de poco rigor informativo, un titular take away.

Efectivamente, yo abogo por las directrices que sugería Gabilondo; el rigor, la jerarquía  conceptual, la panorámica que abarca los hechos, la contextualización, la contención de la frivolidad, y, en definitiva, por todo aquello que seguro alguna vez se sugirió en alguna facultad de Ciencias de la Información.

 *Javier Dávila, guía turístico y músico. Amante del buen periodismo.

Alberto Senante: “Se ha empezado a hablar de refugiados cuando han llegado a nuestra casa europea”

Por Laura Rubio. Vivimos la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares huyendo de gravísimos conflictos armados y violaciones de derechos humanos sistemáticas. Conversamos sobre la cobertura informativa que está mereciendo tal situación con Alberto Senante. Periodista freelance, colaborador de El Diario.es, Periodismo Humano y Radio Francia Internacional. Senante trabaja actualmente en comunicación de la Comisión de Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)

-¿Qué opinas del tratamiento informativo que se está haciendo a día de hoy sobre la población refugiada?
El tratamiento informativo de esta crisis ha recordado la esencia del periodismo: estar en los sitios y explicar lo que le pasa a la gente. Muchas veces, por diversas circunstancias, esta función básica no ha podido realizarse. Aquí hay que abrir una mención especial a los periodistas freelance; gran parte de los testimonios e imágenes que hemos visto y que han conmovido Europa son de periodistas freelance que han ido por su cuenta. Creo además que el hecho de que los refugiados hayan llegado y estén ya masivamente en Europa, ha hecho que los periodistas puedan acceder a esta realidad más fácilmente. Se ha conseguido explicar masivamente que huyen de conflictos, de la guerra o de persecuciones y eso ha provocado que la mirada social dé un giro muy grande, a diferencia de lo ocurrido en otras situaciones similares.

– ¿Hay diferencias en el tratamiento informativo que están dando medios públicos, privados y del tercer sector?
Creo que hay casos muy positivos en los tres ámbitos. Los medios del Tercer Sector tradicionalmente han informado con mayor rigor, con más humanidad que los medios privados, que a lo mejor, tendían más al sensacionalismo y situaban a los refugiados dentro de los procesos de inmigración. Pero lo cierto, siendo éste el gran cambio de esta crisis, es que medios tradicionalmente no favorables a la inmigración, han dado un rostro humano y han visibilizado el problema. Han estado en Lesbos, en la ruta, en las fronteras… y han contado lo que le estaba pasando a la gente. Es decir, vuelta a las raíces del periodismo más sencillo pero a la vez más potente. Para mí es la clave de todo esto. La foto de Aylan probablemente sea la mejor muestra de esa presencia. Es una foto que publicarla o no genera mucho debate; pero dónde no hay debate es en el impacto que ha tenido.

-En relación a la fotografía de Aylan, ¿consideras que supone sensacionalismo?
Sí, puede ser. Es decir, que la valoración general sea positiva no significa que no haya sensacionalismo ni prácticas cuestionables. Hay un riesgo claramente de la espectacularización que vimos por el ejemplo el día que el refugiado sirio zancadilleado llegó a Getafe. Incluso antes de que llegara, el impacto que tuvo peca de los mismos errores que suele tener el periodismo. Es decir, cómo hacemos una noticia de una imagen llamativa cuando, en un viaje de este tipo, que te pongan la zancadilla es de lo menos grave que puede ocurrirte. Los riesgos del sensacionalismo y amarillismo están, pero los hemos visto menos que en otras ocasiones. En un momento dado, podíamos temer que hubiera más cuestionamiento a la acogida, pero hemos visto cómo la ola de solidaridad ciudadana empuja, tanto a medios de comunicación como a los poderes públicos y políticos, a entrar en una carrera para ver quién es más ‘pro-refugiado’.

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Alberto Senante, periodista freelance

-¿Crees que desde los medios se nos informa de todo lo que ocurre o existen lagunas informativas?
Hay muchas lagunas informativas. Está la laguna del contexto, es decir, por qué salen de su país. Se informa muy poco de la propia responsabilidad que tienen los países europeos en estos conflictos: comercio de armas, apoyo estratégico según intereses; se ignora cualquier visión a favor de los derechos humanos y por último, se informa poco del drama de los y las refugiadas que no están en Europa, que son la inmensa mayoría. Esa es la gran laguna informativa. Lo curioso de esto es que se ha empezado a hablar de los refugiados no porque hubieran incrementado, sino porque estaban en nuestras puertas. Es decir, se ha empezado a hablar de ello cuando han llegado a nuestra casa europea; entonces nos hemos alarmado. Que estuvieran hacinados en campamentos en Jordania o en Líbano, interesa menos. Es una pena pero es un hecho. Para mí el reto, ahora que se ha suscitado el interés, es preocuparnos por la mayoría de refugiados que no están aquí sino en los países limítrofes o, en el caso de Siria –que es el más mediático-, son desplazados internos. Ese es el gran reto pero logísticamente es muy complicado informar sobre lo que ocurre en Siria.

-¿Tendremos una cobertura a largo plazo de esta crisis o desaparecerá de los focos rápidamente como tantas otras?
Se corre el riesgo del cansancio mediático, como en todos los temas. Es decir, cuando pasa un terremoto o cualquier conflicto surge con mucha fuerza y se va diluyendo. Surge el peligro de pensar que cuando se lleven a cabo las reubicaciones, el problema se habrá solucionado. Pero las reubicaciones son un parche; necesario, pero solo un principio de solución del problema. Mediáticamente existe el riesgo de tomar una posición u otra ante la acogida de las personas refugiadas. Es decir, si asistiremos a un mantenimiento del apoyo o a un cuestionamiento de la acogida.

-¿Existen unos mecanismos propios para la buena cobertura en el discurso periodístico de los refugiados?

Como CEAR, no tenemos un decálogo para el discurso periodístico. Sí que diferenciamos el término ‘refugiados’ de ‘migrantes’. En ambos casos deben respetarse sus derechos. La recomendación básica es contar la realidad de los refugiados como cualquier otra realidad. Es decir, difundiendo la voz de las personas que lo están viviendo en primera persona y ofreciendo un contexto más allá de lo espectacular que pueden ser algunas situaciones como un naufragio, un tren atestado o la llegada en una barca hinchable. Es decir, todo lo que sea ir más allá de la espectacularidad de esas imágenes o de esa información, nos parece que es el camino. La información que explica esta situación no puede basarse en “hay miles de personas en la estación de tren o llegan a una isla”, tiene que haber más. Otro gran reto que tenemos es explicar las condiciones en las que llegan las personas. CEAR y otras muchas organizaciones están reclamando que puedan solicitar asilo o llegar a nuestro país sin arriesgar su vida o sin ponerse en manos de las mafias y perder los ahorros de una vida. El periodismo debe contar no solo lo que está pasando. También debe explicar que “esto no tendría que ser así” e evidenciar que las cosas pueden hacerse de otra manera. Medios muy dispares han hecho una cobertura dando las pinceladas de ‘eso no tiene que ser así’. Me parece un camino que no es nuevo, pero que ha tomado fuerza en esta crisis y que es muy de valorar: no solo contar qué pasa, sino las soluciones que puede tener el drama que estás contando.

Óscar Espiritusanto: “El periodismo es esencial para tener una democracia sana y fuerte”

Los Premios Enfocados/Desenfocados siguen calentando motores para su tercera edición. Y para amenizar la espera, compartimos las reflexiones de Óscar Espiritusanto, fundador de Periodismo Ciudadano y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid.

Este docente nos recuerda que “el periodismo es uno de los elementos fundamentales para tener una democracia sana y fuerte”. Además, apunta a la necesaria colaboración entre ciudadanos y medios de comunicación y no tanto con las grandes empresas. “El periodista debe estar más cerca de la audiencia activa que de las corporaciones mediáticas”, apunta.

También hace referencia a la importancia de estos Premios: “son importantes porque son los ciudadanos los que deciden, y también porque los periodistas tienen la oportunidad de conocer qué tipo de labores son las que la ciudadanía reconoce en ellos”.

Muchas gracias por todo…¡nos vemos pronto!

Desde todo el equipo que organizamos la II Edición de los Premios Enfocados/Desenfocados queremos daros las gracias a todos los que, con vuestra participación, lo hicisteis posible. Fuisteis precisamente vosotros los que reconocisteis medios, periodistas y secciones que realizan una cobertura adecuada o inadecuada en relación con la comunicación para el cambio social, los Derechos Humanos y los ideales de justicia social, género y medio ambiente.

Como homenaje a las miles de personas que contribuisteis al proyecto, queremos compartir el vídeo que se realizó en la gala de esta segunda edición. Una gala a la que asistieron más de 200 personas y cuyo ambiente estuvo cargada de ilusión y profesionalidad.

También queremos aprovechar la ocasión para anunciaros que, como no podía ser de otra manera, ya está en marcha la III Edición de los Premios Enfocados/Desenfocados. Han sido meses de evaluar la segunda edición, recoger todas vuestras sugerencias y estudiar posibles novedades que os contaremos muy pronto.

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