Los Premios se despiden

Despedirse de un proyecto cargado de éxitos no es fácil. Nos cuesta mucho escribir estas líneas de despedida de nuestra criatura, que también es vuestra. Cuando comenzamos esta locura nunca pensamos que podríamos llegar tan lejos. Más de 11.000 personas participaron en la última edición, lo que demuestra que la ciudadanía tiene necesidad de ejercer su deber de vigilancia sobre medios de comunicación y periodistas. En el camino dejamos mucha ilusión, horas y horas de trabajo generoso, mucho compromiso, algún que otro tropezón y la plena convicción de aportar nuestra grano de arena a la defensa del derecho a la información.

La decisión no ha sido fácil. Se toma después de mucha reflexión y análisis. Continuar la andadura hacia la V Edición nos resulta imposible. El proyecto se ha sostenido en gran medida por el compromiso de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo, que ha aportado fondos y muchas horas de trabajo de sus profesionales. Se ha sostenido también gracias al compromiso de personas voluntarias y universidades que han ofrecido su contribución de manera generosa. Durante mucho tiempo hemos trabajado sin apenas recursos económicos ni personales. En los últimos años, especialmente en la última edición, hemos sufrido un importante descenso en el número de personas implicadas en el proyecto, lo que ha reducido notablemente nuestra capacidad de seguir adelante.

La dimensión que han tomado los Premios Enfoque requiere un trabajo constante de varios meses y recursos específicos que garanticen que se realiza con el rigor que exige una iniciativa de estas características. Ninguna de estas dos cuestiones puede ser garantizada en un momento de debilidad económica y de personal como el que afrontamos.

Nos quedamos con todo lo conseguido en este tiempo, ¡que no es poco! Los Premios Enfoque han sido una iniciativa vanguardista en la que han participado miles de personas; hemos contribuido al necesario debate sobre responsabilidad periodística y el derecho humano a la información; hemos fortalecido la educación mediática de la ciudadanía. ¡No es poca cosa!

El camino continúa. Por eso dejamos a libre disposición las reflexiones promovidas a lo largo de este tipo. Esperamos que puedan servir para seguir fortaleciendo la vigilancia ciudadana sobre medios de comunicación y periodistas.

Os invitamos a seguir analizando el trabajo periodístico. Os pasamos el relevo: la lupa está en vuestras manos. Esperamos que no bajéis la guardia. Gracias por acompañarnos en el camino; ha sido un auténtico placer.

 

Vídeo participativo. Una aldea gala de la comunicación audiovisual

Por Laura Cabezas. Un equipo de televisión quiere hacer un reportaje sobre los desahucios. ¿Pero qué pasaría si fueran las propias personas desahuciadas quienes cogieran las cámaras y realizaran un vídeo contando su propia realidad? Seguramente la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH) pueda contar como nadie qué supone afrontar un desahucio, por qué se produce, quiénes son los responsables y cuáles las alternativas. Pero ¿podría la PAH hacer su propio vídeo? La respuesta es sí: bienvenidos y bienvenidas al vídeo participativo, una de las aldeas galas de la comunicación audiovisual. Una práctica comunicativa presente en todos los continentes, que existe desde el nacimiento del cine mismo y que en el contexto social y tecnológico actual es más posible y necesaria que nunca.

Pero… ¿qué es el vídeo participativo?

El vídeo participativo podría definirse (y hay otras muchas maneras de hacerlo y de entenderlo) como un proceso de creación colectiva de piezas audiovisuales de contenido social, hechas por personas de organizaciones sociales, sobre su propia realidad.

Los vídeos participativos suelen surgir de un proceso formativo previo en el que se adquieren los conocimientos básicos para realizar un vídeo de principio a fin. El vídeo que resulta del proceso se difunde por todos los medios posibles con la “nada ambiciosa” intención de movilizar, denunciar, visibilizar alternativas, transformar una realidad injusta o todo ello a la vez.

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Fuente: Laura Cabezas

Equipos audiovisuales, formación y creación

Para hacer un vídeo participativo necesitamos acceso a equipos de grabación y edición, colectivos con ganas de lanzar su mensaje y personas con conocimientos suficientes para impartir un taller básico de realización audiovisual. Hay ONG, asociaciones culturales o televisiones comunitarias que ofrecen formación y prestan equipos audiovisuales. Pero también podemos recurrir a nuestras propias redes de contactos y conseguir todo lo necesario. Seguro que hay cerca de vuestro entorno un colectivo de videoactivistas deseando compartir sus saberes. En los talleres de vídeo participativo basta con aprender lo esencial para poder manejar la cámara, registrar el audio, construir una historia y montar el material.

Hace no tantos años las cámaras y los equipos de edición tenían un coste tan elevado que resultaba prácticamente imposible tener acceso a ellos si no trabajabas en una productora o en una televisión. Hoy el abaratamiento de los equipos y su facilidad de uso favorece la viabilidad de la comunicación no profesionalizada. Con un ordenador y una cámara de vídeo doméstico que nos permita conectar un micrófono, tendremos suficiente. Incluso con los teléfonos móviles que llevamos en los bolsillos podemos hacer vídeos dignos que cumplan su función.

El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

Cuando el acceso a las herramientas y su manejo ya no son un escollo viene la parte más importante: qué se quiere transmitir con el vídeo y cómo lo vamos a hacer. En los informativos de las grandes cadenas de televisión vemos a diario noticias sobre problemáticas sociales en las que apenas se escuchan las voces de quienes las viven en primera persona. La información aparece descontextualizada, simplificada, y rara vez se muestran alternativas. En los informativos sí se habla de los desahucios pero seguramente no dirán qué bancos son los responsables ni qué destino ha corrido una familia a la que se le ha arrebatado su hogar. Y dos secciones más allá, sin ningún pudor, sí dirán que España va bien porque esos mismos bancos cotizan al alza en la bolsa. Tomar como referencia estos esquemas comunicativos dominantes nos puede servir de guía de lo que no queremos hacer. El vídeo participativo es libre y permite subvertir las convenciones, limitaciones, omisiones y dependencias de las producciones profesionalizadas.

También en la forma de trabajar el vídeo participativo propone métodos alternativos. La producción audiovisual se basa en una fuerte división del trabajo y en la jerarquía. Cada miembro del equipo ejecuta su parte a las órdenes de quien dirige la producción. En los procesos de vídeo participativo todas las personas pueden crear el guión, manejar la cámara o elegir qué descartamos y qué formará parte del montaje final. Y cuando ya está todo definido, toca realizar el vídeo, hasta el final.

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Fuente: Laura Cabezas

Difundir el vídeo por todos los frentes

Que un grupo que no tenía conocimientos previos de realización audiovisual consiga hacer un vídeo, ya es un logro en sí mismo. Pero el vídeo participativo nace con la vocación de ser comunicado, de generar diálogos. Podemos intentar que las televisiones lo emitan, pero seguramente no tengamos mucho éxito. Compartirlo a través de redes sociales es una buena opción. No necesitamos pedir permiso para publicarlo y además podemos llegar a personas de todas las latitudes. Pero también sabemos las pocas posibilidades de que un vídeo sea visto en redes sociales si se comete la osadía de que dure más de un minuto. Y en general necesitaremos más de un minuto para no caer en las simplificaciones que tanto detestamos.

Donde el vídeo participativo se mueve como pez en el agua es en los visionados colectivos. El grupo que lo realiza puede llevarlo consigo a plazas, aulas, foros sociales, encuentros o asambleas. En estos contextos de exhibición el público también tiene voz porque puede participar y reflexionar junto a otras personas sobre las realidades que nos muestra el vídeo. Es algo que el visionado individual a través de la pantalla de la televisión o del ordenador difícilmente nos puede aportar.

¿Le damos la vuelta a la televisión?

Con el vídeo participativo normalmente llegamos a personas que ya están convencidas de que las cosas no son como nos las cuentan en los informativos. Y esto es una limitación importante. La televisión sigue siendo el medio de comunicación social que más moldea nuestra imagen de la realidad. En España las grandes cadenas se cierran a cal y canto a la comunicación ciudadana a pesar de que constitucionalmente están obligadas a darnos acceso. No lo tenemos fácil. No interesa tener una audiencia bien informada, crítica y activa. Los vídeos participativos no se emitirán en prime time, pero conseguir que las programaciones se abran a nuestras producciones es una batalla que no podemos permitirnos abandonar.

Necesitamos políticas públicas de comunicación que apuesten decididamente por canales de televisión verdaderamente públicos, independientes del gobierno de turno y en los que quepan experiencias como las del vídeo participativo. Políticas que hagan posible la existencia de canales de televisión del Tercer Sector gestionados por organizaciones ciudadanas. Esto es una realidad en otros países. Mientras tanto, y aunque el vídeo participativo tenga una incidencia anecdótica en la sociedad, demuestra con su simple existencia que son posibles y urgentes otras maneras de mirar y contar la realidad.

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Fuente: Laura Cabezas

Recursos sobre vídeo participativo:
Web:https://videoparticipativo.es/
Bibliográfico: El cambio social a través de las imágenes. Guía para entender y utilizar el vídeo participativo (Catarata). David Montero Sánchez y José Manuel Moreno Domínguez.

Abierta la votación ciudadana para la IV Edición de los Premios Enfoque

ABIERTA HASTA EL 7 DE ABRIL(2)Ya tenemos finalistas para la IV Edición de los Premios Enfoque. Ahora comienza el turno de la ciudadanía que es quien decide quién merece estos galardones.

Casi 300 profesionales de la comunicación y el periodismo han sugerido nombres de medios, programas/espacios y periodistas que merecen ser finalistas en los Premios Enfoque. El testigo pasa ahora a la ciudadanía quien, por medio de votación online, decidirá quién los merece.

La votación puede realizarse a través de la imagen hasta el día 7 de abril.

Los Premios Enfoque nacen de la necesidad de fomentar la vigilancia ciudadana sobre el ejercicio periodístico y de la defensa de la información como derecho humano. De carácter simbólico, reconocen prácticas periodísticas “enfocadas” o “desenfocadas” de acuerdo al respeto de los derechos humanos y de la equidad de género, la representación adecuada de las minorías, el cuidado al medio ambiente y la explicación detallada de las causas de los problemas que afectan a la población mundial.

“¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”

Por Silvia Chocarro Marcesse. Era el mes de octubre de 2016. Fui a cubrir un mitin del actual vicepresidente estadounidense Mike Pence en Bensalem (Pensilvania), un área venida a menos por el proceso de desindustrialización. Los periodistas estábamos escuchando a Pence subidos en una tarima en la parte de atrás de la sala. De repente, un grupo de gente se giró hacia atrás y empezó a gritarnos: “¡Mentirosos!, ¡mentirosos!, ¡mentirosos!”. Acusar a los medios de comunicación de mentir se ha convertido en rutina para el presidente de Estados Unidos, su equipo y sus incondicionales. Un día sí y otro también buena parte de la prensa es tachada de “mentirosa” y “deshonesta”.

En su primera conferencia de prensa como presidente electo, Donald Trump, molesto por la insistencia de un periodista de la cadena de televisión CNN en hacerle una pregunta, le espetó: “Tú no, tú no. Tu medio es terrible. Cállate, cállate. No seas mal educado. No te voy a conceder una pregunta. Vosotros sois (divulgáis) noticias falsas”.

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The New York Post: President Trump | @Marco Verch

Cuando al mandatario no le gusta lo que los medios de comunicación dicen de él o de su gobierno, no es extraño que los acuse de difundir “noticias falsas”, de ser “el partido de la oposición” o, peor aún, de ser “el enemigo del pueblo estadounidense”.

Sin duda el último proceso electoral en Estados Unidos ha dado mucho de qué hablar y en qué pensar acerca del papel de los medios de comunicación. He aquí algunas reflexiones y preguntas (sin orden particular):

  • Donald Trump hizo un uso magistral de los medios de comunicación. Y utilizo el verbo “usar” en todo su significado. Convirtió la campaña electoral en un reality show. Especialista del espectáculo, fue capaz de generar titulares una y otra vez. Y los medios –movidos también por la rentabilidad del personaje- le siguieron el juego, conscientes o no -no lo sé- de que eran parte del mismo.
  • Como a Trump no le gusta buena parte de las informaciones que publican los medios sobre él, los ha convertido en su blanco favorito de crítica, poniendo en cuestión los fundamentos del periodismo y haciendo tambalear la credibilidad de los periodistas. Pretende, supongo, erigirse en la única fuente de verdad.
  • En ese empeño, realiza otra jugada magistral. Crea su propio canal de comunicación, sin intermediarios, en Twitter. Los medios se ven obligados a cubrirlo, pero ¿cómo se cubre una cuenta de Twitter? De nuevo, estamos en su reality show, donde no importa el rigor sino el espectáculo. Para cuando la prensa verifica el dato, éste ya ha dado la vuelta al mundo.
  • Cierto es, en mi opinión, que los medios cometieron errores durante la campaña electoral. Para empezar, tengo dudas de que utilizaran los mismos criterios periodísticos al informar de los diferentes candidatos. La tendencia era anti-Trump. Además –y aquí algunos entonaron el mea culpa- no siempre cumplieron con la función de explicar quién, y sobre todo por qué, Trump sumaba cada día más adeptos. Con frecuencia las informaciones describían a gente resentida, racista, inculta… Bien, pues fueron 63 millones de personas las que votaron por él.
  • Que un presidente cuestione la esencia misma del periodismo es más peligroso de lo que a simple vista podría parecer. No es que los medios a veces no se equivoquen, no sean tendenciosos o no respondan a determinados intereses, pero el cuestionamiento reiterado de su propia existencia por parte de la máxima autoridad del gobierno siembra un inquietante desconcierto. Llegado un momento, ya no sabemos cuál es la verdad ni quién la detenta. Ya no sabemos quién informa, quién opina o quién miente.
  • En todo este aparente caos hay también una buena noticia, si es que se puede ver desde este punto de vista. Que el periodismo –atacado y vilipendiado- se defiende con su mejor arma: buen periodismo. Más plantilla, más verificación de datos, más investigación… El Washington Post anunciaba en diciembre que contrataría a más de 60 periodistas en los próximos meses; el New York Times, que dedicaría un presupuesto adicional de 5 millones de dólares a la cobertura del presidente.

¿Y ahora qué? En este contexto me parece más revolucionaria que nunca una idea nada novedosa, la de la educación para los medios. ¿Y si aprendiéramos desde la infancia a leer los medios? ¿Y si aprendiéramos a crearlos? ¿Seriamos capaces de diferenciar entre la verdad y la mentira?

De 2013 a 2017, Silvia Chocarro Marcesse fue corresponsal en Estados Unidos para Radio Francia Internacional – servicio en español. Tras la toma de posesión de Donald Trump, se mudó a París y ahora es consultora en temas de libertad de expresión. Actualmente, entre otros proyectos, es asesora de incidencia global para IFEX, la red global por la libertad de expresión integrada por más de 100 ONGs en 65 países.

Periodismo especializado en… periodismo

Por Samanta Rioseras. Los adjetivos son complementos, dan mucha información pero son, simplemente, añadidos. Nunca, en ninguna ocasión, deben eclipsar el nombre al que acompañan. Exactamente lo mismo sucede con el periodismo especializado. Se puede hablar de periodismo bélico, deportivo, gastronómico, político, económico, cultural… Pero nunca se debe olvidar que todos ellos son eso: Periodismo. Simplemente una tipología que no puede responder a otros principios ni objetivos que no sean los del Periodismo.

Una defensa similar a esta es la que realizaron Víctor de La Serna y Julia Pérez, periodistas gastronómicos, en la Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrand el 3 de marzo. Dedicaron buena parte de su intervención a reafirmarse como periodistas y a diferenciar su trabajo del que hacen otras personas que, sin ningún tipo de formación, se sumergen en la blogosfera para verter sus opiniones sobre esto o aquello. “Hoy más que nunca, los periodistas debemos dar una lección de ética”, aseveró Pérez mientras De la Serna asentía con su cabeza sin parar.

Durante la intervención, Víctor de la Serna y Julia Pérez | Fuente: Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrand

Sin embargo, sus posteriores intervenciones echaron por tierra esa declaración de principios. Algunos de los presentes les preguntaron qué tienen en cuenta a la hora de escribir un artículo gastronómico. Ambos contestaron que se debe aludir a muchas más cosas que la comida. En su enumeración citaron el local donde se degustan los platos, el ambiente, la clientela, el servicio, la calidad de la materia prima, la procedencia de los alimentos… Todos esos factores que intervienen en la denominada “experiencia gastronómica” y cuya explicación les diferencia de un comensal que, tras hacer la digestión, escribirá un par de líneas sobre sus impresiones en internet.

Eso es lo que les diferencia. Al menos en teoría porque el relato de Pérez y De la Serna sobre algunos de sus artículos más polémicos (por ejercer el periodismo, dijeron) chocó frontalmente con el inicio de sus exposiciones.

Periodismo, a pesar de todo

En el caso de De la Serna, éste recordó uno de sus textos en el que incluyó cómo un “cliente abandonó el local de forma abrupta”. Lo hizo, tal y como reconoció él mismo, sin más explicaciones. Esta escueta frase en su crónica despertó la furia del responsable del restaurante que le telefoneó para hacérselo saber. De la Serna se limitó a decir (tanto en aquella conversación como al recordarla) que “él simplemente le había visto salir pero que no tenía que saber por qué”.

Por su parte, Pérez recibió una llamada similar tras escribir un artículo de un restaurante cuyo dueño llevaba meses sin pagar a sus empleados, tenía varías facturas por pagar y temas judiciales pendientes por estafa. La periodista reconoció lo mal que le sentó la valentía de esa persona por hacérselo saber y le contestó así: “Oye, y a mí qué me dices, yo he ido a hacer una crítica y punto”.

La forma en la que ambos afrontaron esas situaciones puede ser válida para un anónimo, pero no para ellos. Sobre todo porque se definen como periodistas y porque ejercer este oficio exige no quedarse en la superficie. Es un ejercicio de responsabilidad. Precisamente el que no realizó De la Serna: un periodista se hubiese interesado por el conflicto del cliente para poder explicarlo y no dar cabida a la ambigüedad. Tampoco lo hizo Pérez: un periodista se hubiese informado a cerca del lugar en el que comerá porque no se puede exaltar a un empresario que no cumple las normas. En ninguno de estos casos ejercieron su profesión.

Eso es otra cosa, pero no es Periodismo.

Apezarena: “Se han esquilmado las redacciones con una enorme ceguera”

Por Samanta Rioseras. Llegó internet y los periódicos españoles se dejaron encandilar. Había que estar ahí sí o sí y comenzaron a regalar los contenidos mientras se pedía pagar por ellos en los kioscos. La consecuencia directa fue una pérdida generalizada de los ingresos por venta de ejemplares. Por si fuera poco, la crisis económica también disminuyó los ingresos publicitarios, cada vez más cuestionados por la pérdida de autonomía de los medios. En medio de todo este proceso, quienes llevan los números en las empresas periodísticas decidieron despedir a buena parte de su capital humano más veterano y valioso para reducir las plantillas, y cambiar las tablas salariales para ahorrar dinero en las nuevas nóminas.

Una determinación que el editor de El Confidencial Digital, José Apezarena, criticó con dureza el pasado 10 de febrero durante su intervención en la Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrand: “Se han esquilmado las redacciones con una enorme ceguera. Creen que abaratando costes se salvarán y no es así”, aseveró. Del mismo modo, se opuso a los nuevos proyectos periodísticos que han surgido en la red por sus “plantillas desproporcionadas” y auguró la muerte de muchos de ellos en menos de dos años. Apezarena cree que entre las cabeceras de prensa papel que se han adentrado en el mundo digital y los periódicos que ya nacieron en esta plataforma, “solo sobrevivirán los que se ganen el valor de cobrar por las informaciones que ofrecen”. Sin embargo, se mostró optimista respecto al futuro de los periodistas, a quienes ya ve como “gestores de la información”. Un término con el que aludió al papel de estos profesionales como seleccionadores de la información más relevante en un momento en el que existe una cantidad ingente de noticias. Tarea que, asegura, ahora es mucho más sencilla gracias a las nuevas tecnologías. Sin embargo, estas también han primado la inmediatez y han favorecido la urgencia en la cobertura informativa que, además, en muchas ocasiones se queda en la superficie de los hechos.

El resultado de estos cambios ha provocado que el ciudadano tenga a su alcance decenas o cientos de informaciones prácticamente idénticas sobre una rueda de prensa. “Y, a veces, impide que el periodista se acerque a las fuentes tras un determinado acto para ampliar el contenido u obtener nuevos datos porque tiene que mandar en el instante la crónica”, lamentó Apezarena.

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José Apezarena | Fuente: Extraconfidencial

CAMBIA LA FORMA DE TITULAR

Las nuevas herramientas han cambiado, incluso, la forma de titular las informaciones. No solo eso, sino que una misma noticia en un mismo medio puede tener hasta cuatro “titulares” diferentes: Uno en Twitter, otro en Facebook, otro en la portada o interfaz principal del periódico y otro en el interior de la noticia. Realmente, solo este último acostumbra a ser un auténtico titular. El resto son frases ambiguas, preguntas abiertas o conjuntos de palabras que tratan de generar dudas en lugar de resolverlas. Y eso, desde luego, no es periodismo. La razón de esta tendencia se encuentra en el poder de las redes sociales para generar tráfico hacia los sitios web de los periódicos. Un movimiento que está absolutamente medido y cuantificado. Lo mismo sucede en los buscadores, donde entra en juego la técnica del SEO para lograr un buen posicionamiento. “No voy a ceder al SEO. Si lo hacemos, corremos el riesgo de que gane el más tecnológico y no el más periodista. Quizás esté equivocado, pero no voy a pasar por ahí”, sentenció Apezarena ante la atenta mirada de su compañero Pablo López, responsable de Nuevos Formatos de El Confidencial.

Él, lógicamente, ofreció una visión diferente que, precisó, no trata de cargarse las bases del periodismo, sino de aunar fuerzas entre técnicos y periodistas. “Y con técnicos no me refiero solo a maquetadores. También a programadores, informáticos e incluso a la matemática que forma parte de nuestro equipo”, comentó. Un grupo que trabaja para difundir la información de otro modo: a base de las llamadas nuevas narrativas, que no solo combinan texto, imagen y vídeo; sino que también incorporan, por ejemplo, fotos con audio. También son ellos quienes se preocupan, entre otras cosas, del ‘peso’ de las noticias. “Si ocupa 60 megas y al lector se le fastidia la tarifa por descargarla, no va a volver a entrar en la web. No basta con generar contenidos, tenemos que adaptarlos”, sostuvo López. “Se trata de aplicar la técnica para seguir contando historias”, añadió Apezarena.

Juan Carlos Tomasi: “El periodismo tiene que meter el dedo en el ojo del poder”

Por Samanta Rioseras. No le gusta hablar de lo que ha visto en la guerra, aunque ha estado en unas cuantas. Prefiere remitirse a sus fotografías y, más concretamente, a quienes las protagonizan: esas personas que ha capturado en su cámara fotográfica para contar historias, denunciar situaciones y, en ocasiones, “poner en jaque al sistema”; pero, lamenta, “eso pasa muy pocas veces”. Con apenas nueve años ya sabía que quería dedicarse a la cobertura de conflictos bélicos y olvidados. Lo hizo, pero antes pasó algún tiempo en terrenos de juego más ociosos. Sin la cámara en sus manos, pero con sus fotografías como apoyo, Juan Carlos Tomasi se sentó con Premios Enfoque el 7 de febrero antes de ofrecer la charla ‘Cómo explicar historias humanas desde la fotografía’ en el Museo de la Evolución Humana de Burgos.

¿Qué sucede para que deje el periodismo deportivo y comience a viajar por el mundo denunciado todo tipo de atrocidades?
Estuve en Sport y luego estuve muchos años en la televisión en Estudio 2, de TVE, con Olga Viza. Eso fue hasta 1992 que me fui a Barcelona para cubrir los Juegos Olímpicos. Luego monté una productora por mi cuenta, pero seguía haciendo cosas para la tele. En 1994, después del genocidio de Ruanda, el que era director de comunicación de Médicos Sin Fronteras me llama y me pregunta si tengo el pasaporte en regla y si me puedo ir en ese mismo momento a Ruanda. Dije que sí y así empezó todo.

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Juan Carlos Tomasi durante su intervención | Fuente: Samanta Rioseras

¿Cómo fue esa primera experiencia?
Bueno, yo desde los nueve años recuerdo ver la guerra de Vietnam en la tele y, en ese momento, yo ya pensaba “algún día me gustaría hacer eso”. Es cierto que ya no hago tanto conflicto armado en primera línea porque tengo un niño de cinco años. Sigo yendo, sigo estando, pero vas a sitios donde no corres tanto peligro de que te peguen un tiro.

¿Dónde hay más pasión: en el deporte o en la guerra?
Gran pregunta que nunca me han hecho. En la guerra lo que ves es de verdad. Y creo que la pasión en su estado positivo es en el deporte, evidentemente. En las guerras puedes ver (y es muy fácil de ver) cosas feas, feísimas.

“Nunca te acostumbras al dolor ajeno. […]Cuando vas por ahí a desastres humanitarios, creo que a veces lo más difícil es integrarte en la vida civil.”

¿Qué es lo más duro que has visto?
No lo sé. Lo que sí te puedo decir es que, desde que soy padre, lo que más me cuesta asimilar es ver sufrir a un niño. ¿Te acostumbras a eso? Bueno, yo creo que nunca te acostumbras al dolor ajeno. Creo que la condición humana no te permite superar unos límites. De ahí que te pueda producir dolor. Cuando vas por ahí a desastres humanitarios, creo que a veces lo más difícil es integrarte en la vida civil. Te cuesta. Y luego cuando vueles, comparas… Tienes un problema y lo relativizas, pero en el fondo es falso porque son dos contextos y dos realidades muy distintas. La verdad es que nunca me ha gustado hablar de lo que veo porque el protagonista debe ser la persona con la que estás trabajando, la que te permite mostrar su historia… Y, de vez en cuando, muy de vez en cuando, gracias a eso puedes poner en jaque al sistema. Cosa que pasa muy pocas veces.

Pero pasa. Como sucedió con la foto de Aylan, el niño sirio que retrató muerto en la playa de Turquía la fotógrafa Nilüfer Demir.
Sí… Pero muy pocas. Nuestra profesión genera mucha frustración. Yo, al estar en Médicos Sin Fronteras, no me cuesta nada dejar las cámaras fotográficas y ponerme a vacunar o a ayudar en cualquier cosa… Pero, aunque entres hasta la cocina y tengas una información brutal, eso no va a cambiar nada. Van a seguir muriendo niños, habiendo hambruna, la gente va a seguir matando…

Pero es necesario que el fotoperiodista esté ahí.
Sí, totalmente, pero en el fondo… Mira Siria… Israel…

¿Merece la pena seguir allí?
Sí. Yo sí. Creo que sí porque te permite excavar en la basura. El periodismo tiene que meter el dedo en el ojo del poder.

Llevas casi 22 años recorriendo el mundo para contar un sinfín de conflictos en el Congo, Haití, Yemen, Cachemira, Guatemala, Colombia, Zimbabwe, Gaza, Israel, Níger, Etiopía… ¿Habrá alguien allí dentro de otros 22 estando como está el oficio?
Esto se ha acabado ya porque entra gente que es muy mala y no tiene ni idea y porque nos guiamos por los likes que hay en Facebook.

Una de las fotografías de "Testitgos del Horror" - Tomasi | Fuente: El País Semanal

Una de las fotografías de “Testitgos del Horror” – Tomasi | Fuente: El País Semanal

Pero, ¿eso es causa o consecuencia? Los medios dicen que ya no destinan presupuesto para enviar a corresponsales y los que aún lo hace cada vez pagan peor…
Qué va. ¿Cuánto cuesta eso? No cuesta tanto. La cuestión es que ha llegado gente que ha dicho que lo ve todo en digital y a nivel de Facebook. Nos estamos quedando obsoletos por una pésima gestión de los que llevan el cotarro. ¿Qué si esto tiene futuro? El futuro está en las agencias. En España, en poquísimo tiempo, tanto El País como El Mundo como el resto de periódicos que se imprimen en papel ya no vamos a poder comprarlos en los kioscos. Y para los grandes reportajes, se los comprarán a las agencias. Pero sí, ahora les pagan una mierda… Yo he sido freelance en las buenas épocas.

Nos estamos quedando obsoletos por una pésima gestión de los que llevan el cotarro.

Ahora vas, lo pagas tú y, con mucha suerte, te compran alguna foto.
Sí, y es caro. Hablamos de viaje, habitación, coche, comida… Al final irán solo las agencias e irán solo las agencias que tengan algún tipo de interés en ese conflicto. No sé cómo será en el futuro con el tema de los iphones y demás, pero debemos diferenciar entre lo que es una imagen y lo que es una fotografía. Una imagen debe tener una tesis, sino estás muerto.

En las zonas de guerra, las balas son un peligro. Pero, para un fotoperiodista, ¿también lo es el encuadre o la edición?
El auténtico peligro de esta profesión es el ego. Si no nos dejasen firmar las fotos, ¿cuánta gente se dedicaría a esto? Lo del encuadre son bobadas….

Recordará la foto del niño y del buitre de Kevin Carter, sobre la que recientemente hemos hablado en Premios Enfoque.
Fotos como la de Kevin Carter en el Sur de Sudán yo he visto. Claro que lo ves. Ves a aves carroñeras con niños. Pero dio la casualidad de que le dieron el Pulitzer y ahí se lió todo. No hay que darle mucha importancia a eso porque, en el fondo, cuando tú haces una foto no estás manipulando conscientemente. Cuando editas, puedes cortar y recortar y entonces sí. Pero, conscientemente, yo no conozco a nadie que lo haga. Luego están las tonterías de montar. Joder, montamos todos. ¿Por qué montas? Porque esperas a que suceda alguna acción y tengas la luz delante, detrás o a un lado. Este debate le he tenido muchas veces… “Es que luego con el photoshop…”. Pero, a ver, ¿a que tú cuando haces un texto pones puntos y comas, relees, borras palabras y, al final, lo editas? Pues con las fotografías, igual. Es el debate de la instantánea, pero es que instantáneas hay cuatro.

De todos los conflictos llamados olvidados, ¿cuál cree que es el más olvidado?
Yo creo que la República Centroafricana, que ya no sé si es una guerra o un conflicto tribal porque son cristianos frente a musulmanes, pero luego hay culturas opuestas… Creo que en los últimos años es al que menos atención se ha prestado. Allí no hay nada, solo cuatro ONGs…

Y, ¿cuál es el conflicto que no olvidarás?
Si algo me queda todavía es memoria y mientras tenga memoria, daré testimonio de lo que he visto.

Ahora, como parte de la plantilla de Médicos Sin Fronteras, te dedicas a la fotografía humanitaria. ¿Qué es?
Realmente es un concepto que no existe. Se usa para definir al fotoperiodismo vinculado a las ONGs y que cuentan historias que no interesan a los medios de comunicación porque no son vendibles. [Durante su charla puso como ejemplo la serie ‘Testigos del horror’ que se publicó a finales del año pasado en El País Semanal. El gancho para ser publicada es que visitó 12 lugares diferentes con 12 escritores latinoamericanos].

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Una de las fotografías de “Testitgos del Horror” – Tomasi | Fuente: El País Semanal

¿Es más sencillo trabajar con el respaldo de una ONG como Médicos Sin Fronteras en un momento en el que a veces ni siquiera si respeta su emblema?
Es más sencillo, pero desde la Guerra de Somalia hasta ahora nos han secuestrado a bastante gente y la cosa ha cambiado, estamos más limitados. La concepción del mundo y del periodismo cambió radicalmente desde el 11 de septiembre de 2001. Yo creo que la Historia Contemporánea se tiene que estudiar antes y después de ese momento. Nuestro posicionamiento dentro de los contextos donde trabajamos no tiene nada que ver antes y ahora. Desde el 2001 hasta ahora, somos parte de los actores que están combatiendo. Por eso en las partes rebeldes de zonas como Siria e Irak no hay periodistas. No hay ninguno. Antes, con las guerrillas, había más tolerancia con la prensa porque, generalmente, estábamos al lado de los buenos. Desde Afganistán, no. Fue ese momento en el que empezó a usarse la palabra embedded (incrustado) –término empleado para definir la situación de los periodistas bélicos que cubren las guerras ‘incrustados’ en el propio ejército-. Esto ya pasaba en Vietnam, pero en Afganistán te cortaban las fotos. A los sitios a los que te dejan ir es porque les da igual, como Israel. Ahí ya les da igual que estemos o no.

John Müller: “La lealtad del periodismo debe estar con el ciudadano, no con las marcas ni con las empresas”

Por Samanta Rioseras. Nació y se formó en Chile, pero lleva ligado a medios de comunicación españoles desde 1987. Fue adjunto del director en El Mundo junto a Pedro J. Ramírez. Función que sigue desempeñando, también junto a él, en El Español. Es uno de los mejores periodistas económicos del país y lo suyo, claro, son los números. Pero, eso sí, envueltos en letras porque, dice, los datos no valen nada sin contexto. Así lo contó a Premios Enfoque tras su intervención en la Escuela de Periodismo Martín Ferrand el 4 de febrero.

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Fuente: El Español

Si hay alguna especialización del periodismo más susceptible de las filtraciones interesadas, es el periodismo económico, ¿cómo se gestiona eso?

Las filtraciones hay que gestionarlas desde dos perspectivas. Por un lado, el periodista debe calibrar bien el origen de esas filtraciones. Yo, por ejemplo, siempre he sospechado mucho de WikiLeaks porque creo que detrás de WikiLeaks suele haber delitos como el hackeo de una base de datos. Siempre hay que pensar si el material que recibes procede de alguien que ha entrado a robar en un despacho, una oficina o un organismo público y qué nos pasaría si la persona que nos filtra esa información es anónima; aunque esto no suele pasar porque normalmente los periodistas saben de dónde viene la información. Por otro lado, hay que valorar que es lo que persigue la gente que ha filtrado la información y si es la fuente original o una interpuesta. El asunto es que con las filtraciones hay que tener mucho cuidado porque siempre hay alguien interesado detrás.

La iniciativa Premios Enfoque reconoce los buenos enfoques periodísticos. ¿Cuál es la manera adecuada de enfocar la información económica para el público generalista?

Tienes que ponerte en la perspectiva del ciudadano; el cliente del periodista es el ciudadano. Esa es la manera de enfocar una información económica. Si hablas de la cuenta de resultados de una empresa, debes tratar de fiarte de los datos y no tanto del discurso con el que la empresa viste los datos. Hay que hacer un análisis de los datos. El periodismo económico es igual que el resto del periodismo; pero como los intereses a los que afecta son muy visibles, quizás el cuestionamiento o el feed back es mucho más rápido. Las empresas, al sentirse afectadas por un contenido, rápidamente reaccionan y tienes un feed back más rápido que en el periodismo político, por ejemplo, porque en él a veces los afectados de una información falsa ni siquiera reaccionan por no mover más el tema. En cambio, en el periodismo económico los intereses son muy visibles y son crematísticos; producen efectos directos sobre el dinero. Notas enseguida el feed back. Eso obliga a hacer un periodismo mucho más riguroso y contrastado. En el periodismo deportivo no ocurre, no se contrasta nada porque si publican una mentira, al hablar sobre una cuestión lúdica parece que no importa. Eso no ha pasado nunca en el periodismo económico.

Una de las cosas que más se ha perdido en la prensa española es ese afán de contrastación. Hay muy buenas iniciativas de fact checking en algunos programas, como en El Objetivo, que tiene una sección específica. Está muy bien, pero solo es una sección cuando debería ser parte del trámite ordinario, debería ser como el respirar.

En el periodismo económico, el dato es el rey. ¿Cómo se le pone cara?

El dato es el rey hasta cierto punto. Yo creo que el contexto es el rey, al análisis es el rey. El dato está muy bien, pero el dato lo produce el INE (Instituto Nacional de Estadística) o un organismo que lo da descontextualizado. El que tiene que poner en contexto el dato de por qué hay inflación o porque no la hay, es el periodista. La noticia no es que el IPC (Índice de Precios de Consumo) sube un 3%, sino por qué.

¿La crisis económica ha sido positiva para el periodismo económico al popularizarse y salir de su propia sección?

Creo que la crisis económica ha sido un desafío para las redacciones y para los periodistas. Hubo que encontrar gente que supiera manejar contenido económico y hubo una gran expansión de la demanda, que ya ha parado. Ha sido un desafío para las redacciones, pero el principal beneficiario ha sido el español medio que ha aprendido economía.

Pero la terminología sigue siendo muy específica…

Es una tensión permanente. Cuando vulgarizas demasiado, el experto se queja y dice que estás corrompiendo su trabajo. El periodista está en medio del experto y el ciudadano. Tiene una lealtad hacia el público para explicarse bien en términos asequibles y, por otro lado, la tensión del experto que siempre te dirá que es un término impreciso. Eso no debe enmascarar a los periodistas que se explican mal y que lo harían mal tanto en materia económica como para contar un suceso o narrar un conflicto político.

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Periodistas (de izq. a derecha) John Müller, Luis Ángel de la Viuda y Tom Burn, CEU San Pablo (Madrid) | Fuente: Samanta Rioseras

El que fuera director de The Wall Street Journal, Bernard Kilgore, dijo en 1941: “No escribáis para los banqueros, escribid para sus clientes que son más”.

Así es, por eso decía al principio que nuestra lealtad está con los ciudadanos porque la lealtad del Periodismo debe estar con el ciudadano, no con las marcas, no con las empresas… porque vivimos en democracia y la libertad de prensa se asienta en la democracia. Y porque, en definitiva, la clave es transmitir información fiable para que la gente tome sus decisiones. Si la información es mala, las decisiones serán malas. ¿Qué pasó con las cajas de ahorro? Pues que la información que se tenía era mala porque estaba mediatizada por una relación personal, de amistad o familiar, con el ejecutivo que vendía las preferentes o te colocaba una hipoteca. Bueno, hemos aprendido que esto no es así de sencillo y que no basta con la información de los periódicos, sino que hay que buscar asesoría profesional.

¿Qué opinas de la frase “el periodismo económico es complicado y aburrido”?

No. El periodismo económico es más divertido incluso que el de sucesos. Hay crímenes mucho más espantosos que en los de crónica roja de los periódicos. A mí me parece que el periodismo económico es muy divertido. Creo que es un ámbito humano muy interesante, es un foco de atracción para las pasiones de mucha gente porque no hay nada que fomente más las pasiones que el dinero. El dinero, por un lado, puede fomentar la pasión y la ambición de una manera desbocada; pero, por otro lado, obliga a una toma de posesión racional, salvo en casos patológicos. La gente tiene una actitud racional ante el dinero porque le cuesta mucho ganarlo.

La profesora Rosa del Río dice en su libro ‘Periodismo económico y financiero’ que “la economía es básica para la información, pero la información es la base de la economía”.

Sí, porque nuestro mundo está organizado en torno a mercados que, básicamente, se nutren de información. De hecho, el dinero es una señal informativa. Cuando detectas que hay un flujo de dinero es porque hay mucha gente comprando un determinado producto y descubre que el dinero fluye hacia él. Es una señal comunicativa que te está dando respecto al éxito o atractivo de ese producto o servicio. Sin duda, el mercado sin información no funciona. Los mercados bajo censura son tramposos, no son libres.

La foto de Kevin Carter

Por Pablo Zareceansky. El 26 de marzo de 1993, The New York Times publicó la foto y él ganó el Pulitzer. La opinión pública entendió la foto como una alegoría de lo que sucedía en Sudán: Kong era el problema del hambre y la pobreza, el buitre era el capitalismo y Carter era la indiferencia del resto de la sociedad. La crítica se cernió contra él e intentó justificarse, alegando que el niño estaba muriendo y que la tribu se encontraba a unos 20 metros de él y que el animal esperaba su ración de comida.

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Fotograma film The Bang Bang Club | Fuente: ProjecteFAM

Nadie vio morir a aquel niño y es la propia imagen la que desmiente ese destino trágico, al menos en parte, ya que la criatura de la foto lleva en su mano derecha una pulsera de plástico de la estación de comida de la Organización para las Naciones Unidas (ONU). A Carter lo criticaron por no ayudar al niño y el mundo lo dio por muerto a pesar de que el propio Carter no lo vio morir, sólo disparó la foto y se fue. 18 años después, en el año 2011, un equipo de periodistas viajó al lugar y logró constatar que el pequeño sobrevivió a la hambruna pero que murió cuatro años antes (de «fiebre»).

Pero hay una historia alternativa sobre la fotografía.

El reportero gráfico sudafricano João Silva, quien acompañó a Carter a Sudán, dio una versión diferente de los hechos en una entrevista con el escritor y periodista Akio Fujiwara, que el japonés publicó en su libro Ehagaki ni sareta shōnenEl niño que se convirtió en postal—.

Según Silva, él y Carter viajaron a Sudán con las Naciones Unidas y aterrizaron en la zona sur de Sudán el 11 de marzo de 1993. El personal de Naciones Unidas les dijo que despegarían de nuevo en unos 30 minutos, el tiempo necesario para distribuir la comida, así que deambularon para hacer algunas fotos. Naciones Unidas comenzó a distribuir maíz y las mujeres del poblado salieron de sus chozas de madera hacia el avión. Silva fue a buscar guerrilleros, mientras que Carter no se alejó más que unos pocos metros del avión.

Según Silva, Carter estaba bastante sorprendido, puesto que era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que hizo muchas fotos de niños hambrientos. Silva comenzó también a tomar fotografías de niños en el suelo, como llorando, que no se publicaron. Los padres de los niños estaban ocupados recogiendo la comida del avión, por lo que se habían desentendido de momento de los niños. Esta era la situación del niño de la foto hecha por Carter. Un buitre se posó detrás. Para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más y el buitre se fue.

Dos fotógrafos españoles que estuvieron en la misma zona por aquellas fechas, José María Arenzana y Luis Davilla, sin conocer la fotografía de Kevin Carter, tomaron una imagen en una situación muy similar. Según narraron en varias ocasiones, era un centro de alimentación, y los buitres acudían por los desperdicios de un estercolero. Le llevaron a él y a Pepe Arenzana a Ayod, donde estuvieron casi todo el tiempo en un centro de alimentación donde acude gente de la zona. En un extremo de ese recinto, se encontraba un estercolero donde tiraban los desperdicios e iba la gente a defecar.

«Como estos niños están tan débiles y desnutridos se les va la cabeza dando la sensación de que están muertos. Como parte de la fauna hay buitres que van a por esos restos. Por eso, si tú coges un teleobjetivo, aplastas la perspectiva con el niño en primer plano y de fondo los buitres y parece que se lo van a comer, pero eso es una absoluta patraña, quizá el animal esté a 20 metros» (Extraído de wikipedia)

Así esta imagen, que forma parte de nuestro imaginario colectivo representa muy bien la idea de la sociedad que permite una realidad de hambruna atroz pero no de una situación real. Ese niño tiene familia y está en su poblado, el buitre no se lo quiere comer. A menos que el buitre, claro está, sea el capitalismo.

Texto escrito por Pablo Zareceansky, en el marco del “Projecte FAM”.
ProjecteFAM es un proyecto de comunicación transmedia sobre el hambre. Un ecosistema narrativo que desarrolla diferentes acciones de comunicación y herramientas web, audiovisuales y periodísticas, dirigidas a audiencias específicas, capaces de lograr incidencia y transformación social en el ámbito del derecho a la alimentación. Publicación original: aquí

Esther Gómez: “La Ley Mordaza es polémica, confusa e innecesaria”

Por Samanta Rioseras. Polémica, confusa, innecesaria, tramposa, imprecisa… Estos fueron algunos de los adjetivos que utilizó Esther Gómez para definir la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza. No son palabras elegidas al tuntún, sabe de lo que habla. Es profesora y doctora de Derecho Internacional en la Universidad de Burgos, además de ocupar la dirección del Centro de Cooperación y Acción Solidaria de dicha institución.

Durante la conferencia que ofreció el martes 25 de enero en la Sala Polisón del Teatro Principal de Burgos, organizada por la ONGD Entrepueblos, Gómez reconoció las numerosas dudas que le suscita el texto a pesar de ser una experta en la materia. “Es difícil de comprender y de interpretar, pero además es confusa. Deliberadamente confusa”. Conocida como Ley Mordaza, fue aprobada únicamente con los votos a favor del Partido Popular (PP) y su tramitación fue complicada. Tanto que se modificaron 14 infracciones y se eliminaron 19. Sin embargo el listado actual, vigente desde el 1 de julio del 2015, contempla hasta 44 divididas en leves (con multas de 100 a 600 euros), graves (de 601 a 30.000 euros) y muy graves (de 30.001 a 600.000 euros).

“Es desproporcionada desde la propia exposición de motivos”, aseveró Gómez. En este fragmento, la Ley se muestra como garante de los derechos fundamentales al existir una serie de actos vandálicos que los ponen en peligro. “Lo que hace realmente es restringir derechos y libertades sin justificación alguna porque no existe una situación de alarma para promulgar una ley como esta”, comentó, y ofreció datos institucionales para argumentar su postura: “Cuando se aprobó la Ley, la tasa de criminalidad era la más abaja de los últimos 12 años, los delitos eran un 27% inferiores a la media europea y, según el CIS, solo el 0,2% de la población situaba como primera de sus preocupaciones la inseguridad”, enumeró. Del mismo modo recordó que, de las 44.000 manifestaciones que hubo en el año anterior a la entrada en vigor de la Ley, solo se requirió intervención policial en el 1%. Incluso quien ocupaba la Jefatura de la Policía en aquel momento, Ignacio Cosidó (hoy senador autonómico por Castilla y León), admitió que la Ley no respondía a una demanda ciudadana.

Otro de los adjetivos que utilizó Gómez para definir la Ley de Seguridad Ciudadana fue “desconocida”. No solo por la ciudadanía en general, sino entre la comunidad universitaria: “No conozco ninguna facultad de Derecho en la que se estudie”, sostuvo. Mientras, la Ley sigue en vigor, las dudas rondando y el miedo en la calle. Lo extraño es que la oposición, ahora que el PP está en minoría, no haya tratado de tumbarla. Sí ha presentado un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) que puede tardar meses o años en tomar una decisión. Un tribunal al frente del cual los populares quieren sentar a Juan José González Rivas, magistrado de perfil conservador en cuyo currículum se incluye haber liderado el sector contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía o el hecho de haber negado a una magistrada un permiso de 15 días tras inscribirse en el registro de parejas de hecho al considerar que ese tipo de unión no es equivalente al matrimonio.

Hasta que el TC resuelva el recurso, los medios de comunicación tienen una doble labor por delante: Seguir informando sobre el contenido de la Ley y denunciar públicamente la vulneración de los derechos fundamentales que se puedan ver afectados. Sobre esto y mucho más charló Premios Enfoque con Esther Gómez.

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Fuente: Samanta Rioseras

¿Considera que la Ley de Seguridad Ciudadana amenaza los derechos fundamentales?
Es una ley muy polémica, una ley que en principio protege derechos y libertades del ciudadano, pero a costa de vulnerarlos. Se busca la seguridad en detrimento de esos derechos. Por eso hay varios recursos de inconstitucionalidad presentados en bloque por la oposición. También por parte del Parlamento Catalán y asociaciones de abogados porque consideran que hay numerosos artículos que vulneran abiertamente el texto constitucional.

¿Cree que coarta la libertad de expresión?
Sí, absolutamente. Además la coarta a través de una ley administrativa. Si la libertad de expresión estuviese limitada o restringida en un código penal, tendría ciertas garantías; pero a través de una ley administrativa no tiene ningún sentido.

¿Es un modo de tipificar como delito la libertad de expresión?
En realidad lo que hace es modificar los conceptos del Código Penal. En el código Penal hay delitos o faltas, pero en la Ley de Seguridad Ciudadana lo que existen son infracciones administrativas. Infracciones que se comenten contra la Administración y que la propia Administración juzga por lo que se convierte en juez y parte. Además, las sanciones pecuniarias que se imponen son enormes. Llegan a los 600.000 euros y eso es algo incomprensible para muchas de las conductas que aparecen en la Ley.

Como las manifestaciones sin comunicación o los actos públicos que la Administración prohíba. Es una infracción muy grave sancionada desde los 30.000 a los 6000.000 euros.
Sí. También ha habido algunos cambios como las concentraciones sin autorización frente al Senado o el Congreso. En el borrador se planteaba una sanción de 600.000 euros que finalmente se quedó en 30.000. La rebaja es sustancial, pero es una barbaridad. Sobre todo porque no se tiene en cuenta si las Cámaras están llenas o vacías, si hay alguien dentro o no, si es de día o de noche… No hay una proporcionalidad. Con este planteamiento se eliminan las manifestaciones espontáneas que, según la Constitución Española, el propio Estado debe proteger. No solo eso, sino que el hecho de poder ser sancionado por acudir a una manifestación, a la que se va por ser afín a una determinada ideología, también vulnera la libertad de opinión.

Lo que sí hay es imprecisión… En cuanto a las grabaciones a los cuerpos de seguridad del Estado, por ejemplo. No se sanciona la grabación, pero sí la difusión de las imágenes.
La Ley dice que lo que no puedes hacer es difundir las imágenes sin autorización, no se dice nada de grabar por parte de particulares. Pero lo cierto es que no tiene mucho sentido grabar si luego no lo vas a difundir. En cualquier caso, imaginemos este supuesto: Un abuso de autoridad. Lo grabas en vídeo, sí, pero no podrías usarlo en un juicio porque se estaría utilizando sin la autorización de la persona a la que grabas. En cambio, los agentes sí pueden grabar sin cortapisas. De hecho la veracidad de los atestados siempre prima, lo que se lleva por delante el principio de la presunción de inocencia.

El nombre de la Ley, por tanto, deja de tener sentido. No vela por la seguridad ciudadana.
En parte sí, deja de tener sentido.

¿Está justificado que se la conozca como Ley Mordaza?
Totalmente. No hay ni la más mínima duda. Además, tanto organismos internacionales (como la ONU), el Consejo de Europa, Jueces para la Democracia o la Asociación General de la Abogacía están espeluznados por la mayoría de los artículos de la Ley.

¿Se está usando la Ley como arma política para evitar la oposición ciudadana?
Sí, es evidente. Se quiere que la gente se quede en sus casas. Además, existe el temor añadido de que no sabes qué conductas son punibles. Hay mucha imprecisión al desconocer si las conductas que vas a realizar son sancionables o no. Y esto te lleva a quedarte en casa. Crea una inseguridad jurídica que en un estado de derecho es intolerable.

¿Qué le parece la postura que han adoptado los medios de comunicación y la difusión que han hecho de la Ley de Seguridad Ciudadana?
Los medios se han hecho eco suficiente. En parte porque ellos se ven directamente afectados. Pero también pienso que se debería dar más batalla. Lleva año y medio aplicándose y, cuando entró en vigor el 1 de julio del 2015, hubo más efervescencia en los medios que ahora. Es un tema que nos afecta en el día a día y no se debe olvidar.