Periodismo especializado en… periodismo

Por Samanta Rioseras. Los adjetivos son complementos, dan mucha información pero son, simplemente, añadidos. Nunca, en ninguna ocasión, deben eclipsar el nombre al que acompañan. Exactamente lo mismo sucede con el periodismo especializado. Se puede hablar de periodismo bélico, deportivo, gastronómico, político, económico, cultural… Pero nunca se debe olvidar que todos ellos son eso: Periodismo. Simplemente una tipología que no puede responder a otros principios ni objetivos que no sean los del Periodismo.

Una defensa similar a esta es la que realizaron Víctor de La Serna y Julia Pérez, periodistas gastronómicos, en la Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrand el 3 de marzo. Dedicaron buena parte de su intervención a reafirmarse como periodistas y a diferenciar su trabajo del que hacen otras personas que, sin ningún tipo de formación, se sumergen en la blogosfera para verter sus opiniones sobre esto o aquello. “Hoy más que nunca, los periodistas debemos dar una lección de ética”, aseveró Pérez mientras De la Serna asentía con su cabeza sin parar.

Durante la intervención, Víctor de la Serna y Julia Pérez | Fuente: Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrand

Sin embargo, sus posteriores intervenciones echaron por tierra esa declaración de principios. Algunos de los presentes les preguntaron qué tienen en cuenta a la hora de escribir un artículo gastronómico. Ambos contestaron que se debe aludir a muchas más cosas que la comida. En su enumeración citaron el local donde se degustan los platos, el ambiente, la clientela, el servicio, la calidad de la materia prima, la procedencia de los alimentos… Todos esos factores que intervienen en la denominada “experiencia gastronómica” y cuya explicación les diferencia de un comensal que, tras hacer la digestión, escribirá un par de líneas sobre sus impresiones en internet.

Eso es lo que les diferencia. Al menos en teoría porque el relato de Pérez y De la Serna sobre algunos de sus artículos más polémicos (por ejercer el periodismo, dijeron) chocó frontalmente con el inicio de sus exposiciones.

Periodismo, a pesar de todo

En el caso de De la Serna, éste recordó uno de sus textos en el que incluyó cómo un “cliente abandonó el local de forma abrupta”. Lo hizo, tal y como reconoció él mismo, sin más explicaciones. Esta escueta frase en su crónica despertó la furia del responsable del restaurante que le telefoneó para hacérselo saber. De la Serna se limitó a decir (tanto en aquella conversación como al recordarla) que “él simplemente le había visto salir pero que no tenía que saber por qué”.

Por su parte, Pérez recibió una llamada similar tras escribir un artículo de un restaurante cuyo dueño llevaba meses sin pagar a sus empleados, tenía varías facturas por pagar y temas judiciales pendientes por estafa. La periodista reconoció lo mal que le sentó la valentía de esa persona por hacérselo saber y le contestó así: “Oye, y a mí qué me dices, yo he ido a hacer una crítica y punto”.

La forma en la que ambos afrontaron esas situaciones puede ser válida para un anónimo, pero no para ellos. Sobre todo porque se definen como periodistas y porque ejercer este oficio exige no quedarse en la superficie. Es un ejercicio de responsabilidad. Precisamente el que no realizó De la Serna: un periodista se hubiese interesado por el conflicto del cliente para poder explicarlo y no dar cabida a la ambigüedad. Tampoco lo hizo Pérez: un periodista se hubiese informado a cerca del lugar en el que comerá porque no se puede exaltar a un empresario que no cumple las normas. En ninguno de estos casos ejercieron su profesión.

Eso es otra cosa, pero no es Periodismo.

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