¿Siguen viendo los medios el medioambiente como un cuento chino?

Por Rafa Ruiz. Escribo esto el mismo día en que Donald Trump ha resultado elegido presidente de Estados Unidos. Difícil imaginarlo, creerlo, pero ha sucedido y está aquí. El hombre que ha prometido, entre otras mil barbaridades, desmantelar el Acuerdo de París de 2015 porque dice que el cambio climático “es un cuento chino” que sólo busca socavar la competitividad de EE UU se ha convertido en este otoño de 2016 en el ser más poderoso del planeta. Y aún humea el nuevo triunfo de Rajoy para gobernar España sin mover un dedo ni moverse un centímetro de sus posiciones retrógradas, tras una legislatura en la que bloqueó el desarrollo de las energías renovables y en un solo año (en 2015 respecto a 2014) aumentó en un 24% el consumo de carbón -el combustible que más contribuye al cambio climático- y en un 15% la emisión de CO2.

Tengo también recientes las palabras que el escritor y ecofilósofo Jordi Pigem me decía en una entrevista del pasado verano: trabajó como periodista de medioambiente en los años 90 y lo dejó por desánimo, porque notaba que los mensajes que lanzábamos los periodistas verdes en esa década caían en saco roto, rebotaban en la sociedad sin dejar mella ni marca alguna. Pero a renglón seguido Pigem se mostraba optimista al opinar que en la década que vivimos sí se están abriendo grietas en este sistema de hormigón que marcan el inicio de una transición hacia un modelo energético y social diferente.

Entre la cerrazón de Trump y Rajoy y las esperanzas de Pigem, los periodistas de medioambiente -que en 1994 creamos una asociación, APIA, a la que ahora pertenecemos unos 180 profesionales- no percibimos muchos resquicios y apoyos para desarrollar nuestro trabajo a gusto y con la debida proyección. En los informativos de televisión es notorio que no quieren “amargarle” -como ha declarado algún directivo de un canal privado muy dicharachero- a la gente los generosos minutos dedicados al tiempo hablando de cambio climático. Y sí, todo es qué calor hace en pleno noviembre, ja, ja, ja, sin más análisis. En papel, a duras penas encontramos revistas medioambientales; sobrevive la veterana Quercus, gracias a que los trabajadores se hicieron cargo de la cabecera; hemos de celebrar los ocho números ya de Ballena Blanca, que combina la ecología con la economía; encontramos las muy dignas publicaciones de ONGs ecologistas, como Aves y Naturaleza, de SEO/BirdLife, o Ecologista, de Ecologistas en Acción. En radio sí escuchamos algo más de biodiversidad, como Reserva Natural en Radio 5, Planeta Vivo en RNE o Territorio Gallego en Onda Cero. En el plano digital podemos encontrar el veterano blog Crónica Verde, dentro de 20minutos, el Hazte eco de Antena3.com o la propia revista de cultura, medio ambiente y participación El Asombrario, que coordino junto a Manuel Cuéllar desde hace cuatro años y que ahora está asociada al diario Público.

En esta crisis/estafa, que dura ya ocho años […], se vio la ecología como un lujo o un adorno del que prescindir ante problemas más acuciantes, más que como una oportunidad de cambio para construir otra economía y otra sociedad.

Pero yo, que vengo de 25 años en El País y me dedico a esto del periodismo medioambiental (que antes se escribía separado y ahora la RAE prefiere que lo juntemos, como el arcoíris) desde 1992, cuando la famosa Cumbre de Río, veo que, aunque llueve sobre mojado y enojados, y hay evidencias claras de que nuestro modo de vida no resulta sostenible (ni amable para la mayoría de la población del planeta), esta lluvia no cala en la gente en general. Y he comprobado que con esta crisis/estafa, que dura ya ocho años y puede que vuelva a cerrar en falso, se vio la ecología como un lujo o un adorno del que prescindir ante problemas más acuciantes, más que como una oportunidad de cambio para construir otra economía y otra sociedad, una oportunidad para aprovecharla como una transición y pasar de un estado del Bienestar -que ocultaba muchas trampas en cómo nos lo vendieron- a un Estado del Buenvivir.

Mar Ross, Antártica. | Fuente: Tercera vía

Termino con otro caso reciente muy significativo. El pasado 28 de octubre, la organización para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR, siglas en inglés), conformada por 24 países y la Unión Europea (UE), decidió que el océano Antártico albergue la mayor reserva marina del mundo en el mar de Ross, con 1,55 millones de kilómetros cuadrados. Pues bien, el informativo de las tres de la tarde de nuestra televisión pública, La 1, la que se supone es de todos, le dedicó medio minuto a la noticia, ¡medio!; en ese mismo informativo concedieron cinco minutos a la reunión de los concursante de la primera edición de Operación Triunfo y 15 minutos a un popurrí de sucesos de lo más negro y sangriento. Con luchas parecidas de reparto de tiempos llevamos desde ese icónico 1992.

Sé que el mundo está plagado de agoreros y desesperanzados, y no hace falta que nos sumemos más… Pero dan unas ganas…

* Rafa Ruiz es coordinador de la revista de cultura, medioambiente y participación ‘El Asombrario’.

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