Información como mercancía

Por Marcial García. Es el 15 de mayo de 2012, en Barcelona, un número creciente de personas armadas con cacerolas se concentra bajo las torres de la sede de la Caixa, en Avenida Diagonal, para protestar por la estafa de las Preferentes, los desahucios, así como por su política de inversiones y créditos. La información sobre esta protesta no aparece en la mayoría de los medios de comunicación. La Caixa no quiere que se dé voz a esta lucha. De hecho, amenaza a los medios con retirar su publicidad si dan cobertura a estas protestas y la voz ciudadana tiene proyección desde periódicos, televisiones y radios. Van a ser las redes sociales las que se ocupen de conseguir una eficaz difusión de la que se conocerá como operación Occupy Mordor, que se desarrollará en 2012 con otras concentraciones y convocatorias. Todo el simbolismo y la narrativa de El Señor de los Anillos se convertirán en el eje estratégico de esta lucha.

Un caso, de tantos, que ilustra con insultante nitidez cómo la información está sometida a los intereses empresariales y muy lejos de ser el ejercicio del derecho a la libertad de expresión para la libre difusión de las ideas, esencial para el descubrimiento de la verdad y, por tanto, para la emancipación de la ciudadanía. ¿Pero a qué gran empresa periodística le puede interesar la verdad cuando su verdad está en el descubrimiento de la información como mercancía capaz de reportar cuantiosos beneficios?

La información que interesa construir y difundir, por tanto, es la que mejor se venda y la que atraiga más publicidad.La noticia, el reportaje o la entrevista están más cerca ahora, por tanto, de la parrafada de un folleto publicitario o del entretenimiento para colmar carencias emocionales que de aquel espíritu social procedente de la utopía fundacional de la prensa como vigilante del poder y en pos de la verdad.

No en vano, los empresarios llevan tiempo asaltando los medios de comunicación, ya que su control les reporta un doble beneficio: económico, al manejar la información desde una perspectiva mercantil en la búsqueda del beneficio dinerario; simbólico, al tener el control en la construcción periodística de la realidad para ponerla al servicio de sus intereses.

La información que los grandes empresarios propietarios de medios de comunicación nos fabrican no tiene por objeto que entendamos mejor qué pasa a nuestro alrededor, ni que adoptemos una mirada crítica. Más que informar, trata de conformar una mentalidad colectiva. Es una forma de ejercicio del poder que busca nuestra “adherencia” a los intereses del poder económico dominante, haciéndolos pasar por los intereses de nuestras sociedades. No es difícil comprobarlo si observamos la información sobre la crisis. Buena parte de las noticias, reportajes, análisis o entrevistas sobre el fenómeno de la crisis tienen un enfoque profundamente pragmático, crítico incluso con un análisis estructural e ideológico de la misma (“Se trata solo de problemas concretos que deben resolverse de manera concreta, por empresas y personas concretas”, podemos leer entre líneas). Toda esta información está ideada y construida para conseguir que la gente sienta que más allá de ser necesario entender las razones que provocaron la crisis (“Bueno, ya pasó, ahora habrá que hacer algo”, parecen decirnos), ante la misma, sobre todo, hay que ser fuerte, positivo y optimista (Caramba, qué parecido al eslogan de aquella campaña publicitaria de Nestlé de 2014: “A todos nos pasa algo bueno en la vida en algún momento”). El discurso que domina es el de la autosuperación y la necesidad de reforzar una voluntad individual más sólida, más “emprendedora”, que nos permita reinventarnos como marcas comerciales.

Su objetivo no puede ser más diáfano, legitimar que no somos otra cosa que mercancía y que nos resignemos a que nuestra vida no ha de ser otra cosa, por tanto, que vendernos o dejarnos comprar al albur del mercado y sin más horizonte vital que el empeño por no dejar de estar en el escaparate del bazar.

La mercantilización de la información no solo es, por tanto, el descubrimiento de la información como mercancía, es también y especialmente, su papel como legitimadora de la cultura del consumo. Sirve para definir, difundir y conformar un modelo de sociedad centrado en el valor mercantil de la compraventa como lógica de construcción del ser humano y de sus relaciones.

En palabras shakespearianas, la información, hoy en día, está hecha de la misma materia que los sueños del mercantilismo. Esto exige tomar muy en consideración la advertencia que ya nos hizo el filósofo francés Gilles Deleuze, “Si estás preso en el sueño del otro, estás jodido”. Resulta urgente, por tanto, recuperar el valor de uso social de la información para recuperar la capacidad de soñar en libertad de la ciudadanía.

Marcial García López es profesor Titular en el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad de Málaga

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