Alberto Senante: “Se ha empezado a hablar de refugiados cuando han llegado a nuestra casa europea”

Por Laura Rubio. Vivimos la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares huyendo de gravísimos conflictos armados y violaciones de derechos humanos sistemáticas. Conversamos sobre la cobertura informativa que está mereciendo tal situación con Alberto Senante. Periodista freelance, colaborador de El Diario.es, Periodismo Humano y Radio Francia Internacional. Senante trabaja actualmente en comunicación de la Comisión de Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)

-¿Qué opinas del tratamiento informativo que se está haciendo a día de hoy sobre la población refugiada?
El tratamiento informativo de esta crisis ha recordado la esencia del periodismo: estar en los sitios y explicar lo que le pasa a la gente. Muchas veces, por diversas circunstancias, esta función básica no ha podido realizarse. Aquí hay que abrir una mención especial a los periodistas freelance; gran parte de los testimonios e imágenes que hemos visto y que han conmovido Europa son de periodistas freelance que han ido por su cuenta. Creo además que el hecho de que los refugiados hayan llegado y estén ya masivamente en Europa, ha hecho que los periodistas puedan acceder a esta realidad más fácilmente. Se ha conseguido explicar masivamente que huyen de conflictos, de la guerra o de persecuciones y eso ha provocado que la mirada social dé un giro muy grande, a diferencia de lo ocurrido en otras situaciones similares.

– ¿Hay diferencias en el tratamiento informativo que están dando medios públicos, privados y del tercer sector?
Creo que hay casos muy positivos en los tres ámbitos. Los medios del Tercer Sector tradicionalmente han informado con mayor rigor, con más humanidad que los medios privados, que a lo mejor, tendían más al sensacionalismo y situaban a los refugiados dentro de los procesos de inmigración. Pero lo cierto, siendo éste el gran cambio de esta crisis, es que medios tradicionalmente no favorables a la inmigración, han dado un rostro humano y han visibilizado el problema. Han estado en Lesbos, en la ruta, en las fronteras… y han contado lo que le estaba pasando a la gente. Es decir, vuelta a las raíces del periodismo más sencillo pero a la vez más potente. Para mí es la clave de todo esto. La foto de Aylan probablemente sea la mejor muestra de esa presencia. Es una foto que publicarla o no genera mucho debate; pero dónde no hay debate es en el impacto que ha tenido.

-En relación a la fotografía de Aylan, ¿consideras que supone sensacionalismo?
Sí, puede ser. Es decir, que la valoración general sea positiva no significa que no haya sensacionalismo ni prácticas cuestionables. Hay un riesgo claramente de la espectacularización que vimos por el ejemplo el día que el refugiado sirio zancadilleado llegó a Getafe. Incluso antes de que llegara, el impacto que tuvo peca de los mismos errores que suele tener el periodismo. Es decir, cómo hacemos una noticia de una imagen llamativa cuando, en un viaje de este tipo, que te pongan la zancadilla es de lo menos grave que puede ocurrirte. Los riesgos del sensacionalismo y amarillismo están, pero los hemos visto menos que en otras ocasiones. En un momento dado, podíamos temer que hubiera más cuestionamiento a la acogida, pero hemos visto cómo la ola de solidaridad ciudadana empuja, tanto a medios de comunicación como a los poderes públicos y políticos, a entrar en una carrera para ver quién es más ‘pro-refugiado’.

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Alberto Senante, periodista freelance

-¿Crees que desde los medios se nos informa de todo lo que ocurre o existen lagunas informativas?
Hay muchas lagunas informativas. Está la laguna del contexto, es decir, por qué salen de su país. Se informa muy poco de la propia responsabilidad que tienen los países europeos en estos conflictos: comercio de armas, apoyo estratégico según intereses; se ignora cualquier visión a favor de los derechos humanos y por último, se informa poco del drama de los y las refugiadas que no están en Europa, que son la inmensa mayoría. Esa es la gran laguna informativa. Lo curioso de esto es que se ha empezado a hablar de los refugiados no porque hubieran incrementado, sino porque estaban en nuestras puertas. Es decir, se ha empezado a hablar de ello cuando han llegado a nuestra casa europea; entonces nos hemos alarmado. Que estuvieran hacinados en campamentos en Jordania o en Líbano, interesa menos. Es una pena pero es un hecho. Para mí el reto, ahora que se ha suscitado el interés, es preocuparnos por la mayoría de refugiados que no están aquí sino en los países limítrofes o, en el caso de Siria –que es el más mediático-, son desplazados internos. Ese es el gran reto pero logísticamente es muy complicado informar sobre lo que ocurre en Siria.

-¿Tendremos una cobertura a largo plazo de esta crisis o desaparecerá de los focos rápidamente como tantas otras?
Se corre el riesgo del cansancio mediático, como en todos los temas. Es decir, cuando pasa un terremoto o cualquier conflicto surge con mucha fuerza y se va diluyendo. Surge el peligro de pensar que cuando se lleven a cabo las reubicaciones, el problema se habrá solucionado. Pero las reubicaciones son un parche; necesario, pero solo un principio de solución del problema. Mediáticamente existe el riesgo de tomar una posición u otra ante la acogida de las personas refugiadas. Es decir, si asistiremos a un mantenimiento del apoyo o a un cuestionamiento de la acogida.

-¿Existen unos mecanismos propios para la buena cobertura en el discurso periodístico de los refugiados?

Como CEAR, no tenemos un decálogo para el discurso periodístico. Sí que diferenciamos el término ‘refugiados’ de ‘migrantes’. En ambos casos deben respetarse sus derechos. La recomendación básica es contar la realidad de los refugiados como cualquier otra realidad. Es decir, difundiendo la voz de las personas que lo están viviendo en primera persona y ofreciendo un contexto más allá de lo espectacular que pueden ser algunas situaciones como un naufragio, un tren atestado o la llegada en una barca hinchable. Es decir, todo lo que sea ir más allá de la espectacularidad de esas imágenes o de esa información, nos parece que es el camino. La información que explica esta situación no puede basarse en “hay miles de personas en la estación de tren o llegan a una isla”, tiene que haber más. Otro gran reto que tenemos es explicar las condiciones en las que llegan las personas. CEAR y otras muchas organizaciones están reclamando que puedan solicitar asilo o llegar a nuestro país sin arriesgar su vida o sin ponerse en manos de las mafias y perder los ahorros de una vida. El periodismo debe contar no solo lo que está pasando. También debe explicar que “esto no tendría que ser así” e evidenciar que las cosas pueden hacerse de otra manera. Medios muy dispares han hecho una cobertura dando las pinceladas de ‘eso no tiene que ser así’. Me parece un camino que no es nuevo, pero que ha tomado fuerza en esta crisis y que es muy de valorar: no solo contar qué pasa, sino las soluciones que puede tener el drama que estás contando.

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